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Historias sobre rosarinas destacadas e invisibilizadas

En su libro “Insumisas. Diez mujeres de la historia de Rosario”, el docente e investigador Fabián Bazán cuenta aspectos de mujeres que por diferentes razones tuvieron un rol importante en la ciudad, y muchas veces de confrontación con el poder hegemónico, cuyas vidas no se conocían lo suficiente


Paulo Menotti / Especial para El Ciudadano

Rosario cuenta en su historia con innumerables figuras de la política, el deporte y la cultura que tuvieron repercusión nacional. Lisandro de la Torre, Lionel Messi, Alberto Olmedo y Fito Páez, entre otros tantos, la ciudad siempre estuvo bien representada en Argentina y el mundo.

Sin embargo, en gran medida, las mujeres de Rosario quedaron por fuera de ese foco. El docente e investigador Fabián Bazán se propuso torcer esta tradición e indagó en el pasado de rosarinas que supieron destacarse con rebeldía frente al patriarcado que buscaba mantenerlas en la sombra. En su libro Insumisas. Diez mujeres de la historia de Rosario aparecen la anarquista Virginia Bolten; la primera hincha de Rosario Central Luisa Blanco; la madre del Che Guevara Celia de la Serna; la gran escritora Rosa Wernicke; la tenista Mary Terán; la periodista y dueña del diario La Capital Nora Lagos; la vedete Rita La Salvaje; la artista Mónica Castagnotto y la política Silvia Augsburger, a las que sumó a las religiosas de la Comunidad de Hermanas Dominicanas. El libro cuenta con un prólogo de la periodista Sonia Tessa y en la contratapa un texto del también periodista Reynaldo Sietecase define a Bazán como un “cazador de historias”. En lo que sigue, el también autor de Chegasé y De chiquito yo te vengo a ver brinda algunos de los pormenores de su último libro.

Acerca de por qué decidió contar las historias de estas mujeres, Bazán señaló: “Descubrí accidentalmente, buscando otra cosa, la historia de Nora Lagos, a quien sólo conocía de nombre, y me pareció súper interesante. Entonces empecé a buscar libros sobre ella y sobre mujeres rosarinas en general y me di cuenta que no había ninguno. No pocos: ninguno. Había libros sobre mujeres universales, sobre mujeres americanas y Felipe Pigna acababa de sacar uno sobre mujeres argentinas, pero sobre rosarinas, nada. Incluso hay libros escritos por autoras rosarinas que no mencionan una sola mujer de la ciudad. Entonces pensé que podría encarar un trabajo sobre mujeres de Rosario porque, en cualquier caso, iban a ser mujeres entre poco y nada conocidas.

Así que me senté e hice la primera lista con las que conocía: Bolten, doña Celia, Rosa Wernicke, Mary Terán, Rita y Mónica Castagnotto, que tenía una historia que siempre me pareció impresionante. Esas seis y Nora Lagos iban seguro. A las otras tres las busqué por el rubro, porque quería contar con alguna que tuviera que ver con el fútbol y descubrí la historia (y la familia, fundamental) de la primera socia de Rosario Central. También quería incorporar a la lista a alguna monja, llamémosle, progresista y descubrí la Comunidad de Hermanas Dominicas. Y, finalmente, quería a alguien bien actual, y justo estaba en el tapete el debate sobre el aborto. Ahí conocí a Silvia Augsburger, que me pareció una mujer formidable y fundamental en todas las leyes de ampliación de derechos que hubo en la Argentina en los últimos años”.

Mujeres poco conocidas

En relación a si la sociedad rosarina fue más permeable que otras hacia los roles que ocuparon algunas mujeres, Bazán explicó: “Yo no diría que la sociedad rosarina haya sido en este tema muy diferente a cualquier otra sociedad del país, que es de lo único que uno puede hablar con cierto conocimiento, pero supongo que se puede extender a todo el mundo, con sus variantes. La verdad es que la recuperación del rol de las mujeres es una obra del siglo XXI que, supongo, todavía está en pañales. Cuando me puse a investigar en serio llegué a una lista de alrededor de 80 o 90 mujeres que tuvieron una actividad importantísima en la ciudad y que, otra vez, son entre poco y nada conocidas. Como anécdota, viene a cuento que, mientras yo escribía el libro, el diario La Capital publicó un suplemento semanal que se llamó Hombres y mujeres de la historia de Rosario, que era extraordinario (aunque, en sintonía con casi toda la historia del diario, imposible de encuadernar, por ejemplo), un laburo maravilloso del gran Rafael Ielpi del cual salieron 75 fascículos. Pero eran 68 sobre hombres y 7 sobre mujeres. Estamos hablando de 2019”.

Apasionadas por lo que hicieron

Sobre si solo es un modo de insumisión el que une a estas mujeres o hay algo más, el también docente subrayó: “No me parece que tengan más puntos en común que el hecho de hacer lo que amaban y hacerlo con el corazón. Todas tenían, y tienen, una gran pasión por lo que hicieron o hacen. La heterogeneidad viene, también, porque me tomé el trabajo de que cada una representara una profesión diferente. Una periodista, una escritora, una política, una vedette, monjas en épocas diferentes, desde la llegada de Virginia Bolten a la ciudad hasta el pasado y presente de Silvia Augsburger hay más de cien años, además de ideologías muy distintas. El libro empieza con una anarquista como Bolten y termina con una socialista como Silvia, pero en el medio hay dos marcadamente peronistas (Mary Terán y Lagos), una sentimental seguidora de Eva Perón como Rita, un grupo de ocho monjas progresistas con ciertos reparos, Celia, que por ser la madre del Che tiene una ideología particular, y otras que no tienen ninguna posición política. Ni siquiera el feminismo las une, porque las más fuertes en este sentido son Bolten, Wernicke y Silvia, pero cada una desde una perspectiva muy diferente. A otras ni se les ocurrió pensar qué es eso del feminismo”.

¿Hubo alguna historia que sorprendió más al autor? “Afectivamente, me encantó encontrar la historia de Luisa Blanco y pensar el fanatismo de esa mujer por el club del cual soy hincha (Rosario Central) hace un siglo, cuando fútbol y mujer eran un oxímoron. Racionalmente, la de las Monjas Dominicas. Me volví loco buscando material que me diera una pista sobre alguna monja que, de alguna manera, se hubiera revelado contra la verticalidad de la Iglesia Católica. Hasta que, buscando en un libro de la UNR sobre la historia de Rosario, encontré un trabajo de Cristina Viano que hablaba sobre la famosa revuelta de los seminaristas varones a finales de los 60 y termina haciendo referencia, en dos renglones, a un conflicto entre las Dominicas y el entonces arzobispo Bolatti, un sátrapa de aquellos.

Entonces fui por ahí. Tuve la suerte de encontrar a la actual priora de la orden, Cynthia Folquer que vive en Tucumán y es la mayor historiadora de la congregación, además de una mente brillante. Ella me dio un trabajo suyo inédito sobre el asunto y me abrió todos los archivos del Colegio Santísimo Rosario. Incluso, pude hablar con Matilde Franchino, otra de las monjas que vive en Victoria y me redondeó la historia. Ese relato me pareció más que interesante pero, además, es un testimonio inédito, que nadie había contado hasta ahora. Y eso es lo que me dio más placer al escribir el libro: saber que en gran medida estaba contando algo que nadie había contado antes”, concluyó  Bazán.

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