Edición Impresa, Política

“No hay bebés robados”

El Tigre Acosta rompió el silencio en el marco del juicio que investiga la sustracción de niños durante la dictadura. Negó que haya desaparecidos y amenazó con una “nueva guerra civil de corte trotskista”.

El ex jefe de inteligencia de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (Esma), Jorge “Tigre” Acosta, amenazó ayer con una “nueva guerra civil” al declarar en el juicio que se le sigue a ocho ex jerarcas de la última dictadura por el “plan sistemático” de robo de bebés.

“No hay 30 mil desaparecidos ni 500 bebes robados y esa mentira nos va a llevar a una nueva guerra civil de corte trotskista”, dijo el ex marino, quien además tildó de “terroristas” al secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, y al diputado nacional Miguel Bonasso, ex miembro de Montoneros.

“No puede atribuirse a las Fuerzas Armadas la tacha de la apropiación de menores. No hubo plan”, enfatizó Acosta que, no obstante, admitió que “hubo algunos que se quedaron con esos menores”.

El ex militar, que está preso en el penal de Campo de Mayo y está siendo enjuiciado por otro tribunal por los crímenes cometidos en la Esma, el principal centro clandestino de detenciones de la Armada, fue el único de los ocho acusados en el juicio por robo de bebés que ayer rompió el silencio en la audiencia de indagatorias ante el Tribunal Oral Federal número 6.

Represores con la boca cerrada

Previamente se habían negado de declarar el dictador Reynaldo Bignone y el ex jefe de la Armada Rubén Franco; su colega Antonio Vañek; y el médico militar Jorge Luis Magnaco, que asistía a las parturientas en la Esma.

Además se negó a declarar el también acusado prefecto Juan Antonio Azic, apropiador de la actual diputada nacional María Victoria Donda, nacida en la Esma, y el general Santiago Riveros, que fue comandante de Institutos Militares y jefe de Campo de Mayo, donde existió otra maternidad clandestina y que ya fue condenado a prisión perpetua en dos juicios anteriores.

El octavo acusado, el dictador Jorge Rafael Videla, no se presentó ante el tribunal por haber sufrido “múltiples fracturas” en un brazo en su lugar de detención del penal de Campo de Mayo, donde cumple condenas a prisión perpetua. Según un certificado del Cuerpo Médico Forense leído en la sala, las fracturas que sufrió Videla tendrán un plazo de recuperación de “entre 45 a 60 días”.

El dictador negó su apodo

En su enfática aunque contradictoria declaración, luego de asegurar que no lo haría, Acosta negó primero saber de maternidades clandestinas en la Esma y respondió con un desafiante “desconozco absolutamente”, cuando la Fiscalía le preguntó por los casos de los actuales legisladores Juan Cabandié y Victoria Donda, nacidos en la “maternidad” de ese centro clandestino de detención, por donde se calcula que pasaron más de cinco mil personas en cautiverio, la mayoría de ellas hoy desaparecidas.

“No conozco a Azic ni tuve ningún oficial que se quedara con ningún chico”, agregó. Antes de declarar, todos los acusados debieron responder a un interrogatorio ritual sobre sus “condiciones personales” leído en tono severo por la presidente del tribunal, y en la que debieron informar al TOF6, incluso, sobre su estado de salud.

“Cuando era chico me decían Gales, todo lo demás que dice el terrorista (Miguel) Bonasso es mentira”, dijo Acosta para negar su apodo de “Tigre” que se ganó en el centro clandestino de detención de la Esma por su ensañamiento en los interrogatorios a los secuestrados con torturas.

A la audiencia de ayer donde declaró el represor Acosta concurrió la octogenaria fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, iniciadora de esta causa por el robo de bebés en la que el organismo que hoy preside Estela de Carlotto es el principal querellante.

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