Ciudad, Edición Impresa

“Los jóvenes impusieron como una moda emborracharse”

Desde las guardias de hospitales y sanatorios coinciden en que crece el número de chicos alcoholizados.

Por: Santiago Baraldi

“En Rosario, el consumo de alcohol creció un 700 por ciento en los últimos diez años y la edad de comienzo en las mujeres bajó cuatro o cinco años en la última década: era de 17 ó 18 y ahora es de 13 ó 14 años. Y eso no es casualidad: es producto de bajar una línea de que «sos canchero si chupás», es decir, impusieron como moda emborracharse”, señala con preocupación el pediatra Aníbal Krivoy, jefe de guardia del Sanatorio de Niños, quien sostiene que “el alcohol es la droga más aceptada culturalmente”. Los diferentes testimonios relevados por El Ciudadano entre responsables de las guardias de lugares públicos y privados son coincidentes: no sólo se consume alcohol desde temprana edad, sino que van en aumento las internaciones por casos de intoxicación por ingesta de bebidas fuertes.

“Esta problemática no aparece como demanda espontánea, cuando llegan a nosotros es por algo grave. En los últimos años lo que ha cambiado es la modalidad de consumo del alcohol, es lo que me preocupa: la asociación con drogas. Se ha corrido el límite, no es sólo el tomar bastante para desinhibirse o para emborracharse un poco, el límite se ha corrido donde se sigue tomando, vomitan y siguen. Hay cada vez más chicos con problemas hepáticos, que antes no se veía”, alertó por su parte la psicóloga Jennifer Puszkin, jefa del servicio de Salud Mental del Hospital Carrasco. Buscando un trasfondo más social, la jefa de Guardia del mismo centro de salud, Irma Vargas, sostuvo que “hablando con los chicos se ve el quiebre familiar, el problema es que está rota la autoridad”.

Edades cada vez más bajas

Desde el Sies , su director Carlos Becerra confirmó el preocupante diagnóstico: “Tenemos  muchas atenciones los fines de semana y víspera de feriado y más frecuentes en verano que en invierno.  Generalmente son los amigos los que nos llaman porque se asustan. Llama la atención la cantidad de chicas, las edades son de 13, 14 años, cada vez más bajas. Antes eran casos aislados después de una fiesta o despedida de soltera pero en mujeres de 20; ahora los casos que se ven en las guardias son de adolescentes y preadolescentes y uno se da cuenta de inmediato cuando se acerca de que se trata alcohol”, explicó.

En tanto, en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca) los casos parecen ser más aislados. Pero sólo es la apariencia: “Es muy difícil, cuando se completa la historia clínica, que en el diagnóstico se ponga intoxicación alcohólica. Se lo pasa con un diagnóstico de la consecuencia de eso, es decir, que se golpeó la cabeza, que está con vómitos. No vienen aquí porque está borracho, viene al Heca porque se pegó un palo con la moto o el auto, y la mayoría de las veces fue por que conducía alcoholizado”, explicó el jefe de guardia, Carlos Villavicencio.

“La problemática la tenemos todos los días, pero obviamente aumenta en víspera de feriados o fines de semana, lo que se ve son grupos de jóvenes: mayores de 18 con vómitos y otros que llegan golpeados o lastimados por peleas callejeras. Y uno los ve que están alcoholizados. Aquí no se hace el dosaje de alcohol para determinar cuán borracho está, lo percibimos por el olfato, por la ropa, porque el que lo acompaña te comenta: «Y… se tomó seis porrones»”, continuó el responsable del Heca.

Sexo y alcohol

En el Sies reconocen que es frecuente que cuando llegan al lugar, paralelamente también llegaron los padres del chico o un familiar mayor que se lo lleva a la casa, por una cuestión de “vergüenza ajena”.

“El alcohol trae aparejado otros problemas laterales, como tener relaciones sexuales sin cuidarse. Cada vez más vienen chicas de 14, 15 o 16 a ver su pediatra y pedir la píldora del día después, porque admiten que se acostaron con alguien que ni recuerdan quién era del pedo que tenían. No las piden en la guardia directamente por una cuestión de pudor, pero sí a su pediatra”, relató sin pelos en la lengua el pediatra Krivoy. Y apuntó con indignación a las campañas que hace décadas hacen, por ejemplo, las cervezas: “¿Cómo una marca de cerveza es espónsor oficial de la selección argentina? ¿Dónde se unen los ideales del deporte con el alcohol? Hay años y años de machacar con las publicidades –que además están muy bien hechas– que ligan al consumo con el éxito y los chicos crecen mirando eso. También auspician maratones, ¿qué tiene que ver con la vida saludable? ¿Por qué no hay una legislación que prohíba la publicidad del alcohol en el deporte? Sería un primer gran paso”, insistió.

Vargas, por su parte, se alarmó por las ofertas que se le ofrecen a los pibes en los ingreso, a los boliches: “El llamador no es el boliche porque está bueno o pasa buena música, sino las ofertas de bebidas: si uno ingresa a determinada hora hay tragos gratis, encima ahora con la famosa «previa», los chicos se sacaron la inhibición. Además desde los medios se vincula el éxito con el alcohol, no hay límites de horarios para los mensajes que se les baja a los chicos”, se enojó también.

“Los padres no saben sostener valores”

Consultada la psicóloga Puszkin, del Carrasco, sobre la ausencia de la familia en la problemática, señaló que “tal vez sí hay fragilidad en las funciones parentales”. Y explicó: “No es como antes. Los padres de hoy, ante tanta oferta y tanto estímulo no se terminan de habilitar en algunas cuestiones ni en decir «no». Parece que sería difícil para los padres sostener valores como el estudio, el deporte, la formación. Hay un cierto aflojamiento en las funciones parentales y un poco de negación. Se delega en la escuela o el club y es un tema que los padres no enfrentan”.

Por su parte, Diana Martín, pediatra del Sanatorio de Niños, explicó que “hay padres que prefieren que los chicos se junten en su casa y tomen ahí, y algunos hasta lo ven como una gracia, sobre todo el padre que alienta que su hijo tome «un poco»”.

“Me tocó ir –continuó– en una ambulancia el último fin de semana largo. Atendimos a una chica de 14 años, totalmente borracha. Su amigo, con gracia, nos decía que no era la primera vez que la internaban: «Ésta siempre termina igual, todos los fines de semana lo mismo», nos dijo”.

Vargas tercia y apunta: “Hay padres que no saben qué hacer y vienen al hospital a buscar ayuda”. Y arriesga: “El adolescente de hoy no es sumiso como era nuestra generación: hay chicos que no tienen límites, está rota la autoridad”.

“El tema está naturalizado”

Para Becerra, “lo peor es que el tema se ha naturalizado”. Según el titular del Sies, “el alcohol está incorporado pero no tiene la misma condena que las drogas o la fuertes campañas que hay contra el tabaco”.

Tanto el director de servicios de emergencias, como el responsable de la guardia del Heca, sostienen que no hay una estadística certera de casos puntuales porque la mayoría llega con politraumatismos provocados en riñas callejeras o peleas dentro de los boliches. “Los atendemos por eso, y obviamente están alcoholizados: son los que provocan algún accidente de tránsito o se pegan un palo con la moto. Ese, seguro, tomó alcohol”, dijo Villavicencio.

Puszkin señaló que “se puede alertar que no sólo es que los chicos estén tomando de más, sino las consecuencias que eso trae”. E insistió: “De parte de los padres hay una minimización o frivolización del tema; no sé si se está haciendo la lectura de que esto es más grave que en otros tiempos. No es un tema moral o de moralina, para algunos sectores, los padres dicen: «Bueno, se emborrachó el fin de semana, fue una vez». El tema es que lo puedan hablar porque cuando es tarde no saben qué hacer”.

Los profesionales consultados por este medio respondieron a coro que en víspera de un fin de semana largo o viernes y sábados, en épocas de las fiestas de egresados se incrementa el trabajo en la guardia. “Ahora tenemos la novedad de los chicos que ingresan a 5º año y lo hacen borrachos. Este inicio de clases atendimos muchísimos casos de chicos que llegaban a media mañana, con uniformes de escuelas caras”, agregó una enfermera del Sanatorio de Niños.

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