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“Aquí hay una bajada de línea para no debatir”

Juan Carlos Villalonga, director de campañas de Greenpeace, trabaja para “poner el tema en agenda”.

Villalonga critica el desarrollo de la energía nuclear, que es apenas el 2% del total, dice.

Por: Santiago Baraldi

Mientras hace una semana se intentan enfriar los reactores de las plantas nucleares de la ciudad japonesa de Fukushima y desde las agencias internacionales de control discuten si el nivel de contaminación es “gravísimo”, en la Argentina el tema de la energía atómica no está en agenda de los políticos. El ambientalista rosarino Juan Carlos Villalonga, director de campañas de Greenpeace Argentina, reclamó: “Que la dirigencia política en general discuta si tienen sensatez o no los programas nucleares en nuestro país”. Fundador del Taller Ecologista, e instalado en Buenos Aires desde 1994 trabajando en la organización ambientalista internacional, Villalonga comentó que “hubo una bajada de línea de Julio de Vido a los integrantes de la Comisión Nacional de Energía Atómica de no salir a debatir”.

— ¿Cuánto consumimos en el país de energía atómica?

— La energía nuclear en nuestro país representa el dos por ciento y es muchísima plata la que se lleva. La opinión pública en general tiene una postura crítica, quizá lo que nos está faltando son las ganas de discutir. La información que hay es que Julio de Vido instruyó a la Comisión Nacional de Energía Atómica no salir a debatir: eso es parte de esta política de “esto no se discute”.

— ¿Desde Greenpeace Argentina habrá algún tipo de campaña?

— Vamos a trabajar para que esté en la agenda política. Vamos tratar que el debate que se está dando a escala global, se dé en la Argentina porque nunca lo hubo. Que la dirigencia política en general discuta si tienen sensatez o no los programas nucleares.

— ¿Este tipo de energía está siendo obsoleta?

— Esto disparó un debate que venía medio dormido, medio frío, en cuanto a la sensatez, la racionalidad o no de la energía nuclear. En muchos lugares del mundo está pasando esto: Chile estaba por comprar una planta nuclear y se detuvo; Venezuela, que estaba intentando comprar un reactor en Rusia, Chávez anunció que paró el proyecto; en Europa están revisando los planes nucleares y en muchos casos tienen fecha de vencimiento, incluso están discutiendo si adelantan las fechas de vencimiento, que se adelante el cierre de algunas plantas. En la Argentina, sin bien desde los medios tienen una posición crítica sobre la energía nuclear, la dirigencia política está abroquelada en una posición pro nuclear, hay una posición ideológica muy fuerte a favor de la energía nuclear. De hecho, este gobierno está relanzando el programa nuclear sin ningún tipo de oposición ni debate.

— ¿Nuestro país es fabricante de reactores?

— La Argentina tiene dos reactores y está terminando un tercero: Atucha I y II son reactores alemanes y Embalse Río Tercero es canadiense, es tecnología de afuera. La Argentina ha construido reactores que no tienen nada que ver con éstos, son de investigación o experimentales como es el caso de los que se han vendido a Egipto o Australia pero eso no nos convierte en fabricantes de reactores en potencia. Cuando se habla de una cuarta central nuclear, hay que decir que es canadiense.

— Si bien aquí no hay temblores, ¿qué información manejan de la seguridad en nuestras plantas?

— Aún en el caso de que no existieran accidentes la actividad nuclear deja residuos radioactivos para los cuales no existe ningún tipo de tratamiento, con lo cual se les está dejando un enorme problema a las próximas generaciones. Además, si se pone en un lado de la balanza el costo de esta energía, que por los protocolos de seguridad se ha elevado considerablemente, y en el otro los resultados de accidentes producidos ya sea por error humano o por desastres naturales, no vale la pena. El gobierno aún no reaccionó ante los sucesos de Japón y que, por el contrario, defensores oficiosos de la industria nuclear hayan invadido los medios de comunicación para persuadir a la población de que este tipo de energía es segura cuando, en realidad, no lo es.

— Los organismos de controles internacionales no se ponen de acuerdo en la gravedad de los niveles de radiación. Hay una postura de exagerar y otra de minimizar, seguramente habrá lobbys de otros sectores que proveen energía…

— Esa es una victimización que pone el sector nuclear para ocultar su debilidad. ¿Qué lobby puede hacer el sector fósil frente al nuclear? El 81 por ciento del mercado mundial de la energía es de origen fósil, la energía nuclear aporta sólo el 6 por ciento, no es razonable que alguien que tiene el 81 por ciento del mercado vaya a preocuparse y vaya a ser lobby por un jugador de 6 por ciento… es un absurdo, es una manera de victimizarse y decir que hay grandes intereses que le hacen propaganda en contra. Es ridículo. La energía nuclear tiene sí una competencia clara con la energía eólica, es la que le roba mercado y la que puede desplazarla, que viene creciendo a un nivel que la está sacando del mercado. En Alemania, por ejemplo, dejó la energía nuclear –sigue con los reactores pero no exporta energía nuclear– no construye más plantas nucleares y el sector eólico emplea más gente que los que emplea la energía nuclear. Esa es la verdadera competencia, lo que pasa es que salir a decir que te roba mercado la energía eólica para ellos es vergonzoso. Entonces salen a decir que el lobby petrolero es el que está enfrente, y al sector petrolero no le hace ni cosquillas el sector nuclear.

— ¿Cuál es el peor escenario de lo que está ocurriendo en las plantas de Fukushima?

— Lo peor que puede pasar es que al seguir fallando la refrigeración, la varillas que contienen uranio y plutonio queden sin agua y hace que se derritan completamente, es la fusión del núcleo de varios miles de grados centígrados que puede derretir las vasijas donde están contenidos y puede haber mayor liberación de partículas altamente radioactivas, mucho más de lo que se ha liberado hasta ahora y es lo que se está tratando de evitar desde hace una semana. La situación está bastante fuera de control, el hecho que hayan quedado trabajando pocos operarios, con camiones cisternas y helicópteros tratando de enfriar con agua de mar, demuestra que es poco lo que se puede hacer dentro de la sala de comandos del reactor.

— El argumento desde Japón es que allí no cuentan ni con petróleo, ni gas, ni represas para obtener energía…

—En el contexto en el que esas plantas fueron diseñadas, construidas y ubicadas en ese sitio en la década del 60 y comenzaron a funcionar en el 71, 78, eso habla de que había un optimismo con la energía nuclear que hoy no es tal, hoy se pensaría de otra manera. En el momento que se levantaron esos reactores nucleares puede ser que haya habido una lógica de ese tipo. Hoy hay sobre la mesa muchas más opciones tecnológicas al punto que se podría disminuir la dependencia de la energía nuclear y llevarla progresivamente a no depender en absoluto.

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