Cultura

Tras la pista de un fantasma

  • image1

“A partir del mundo secreto que conocí, he intentado crear un teatro para los mundos más extensos que habitamos. Primero viene la imaginación; luego, la búsqueda de la imaginación; luego, la búsqueda de la realidad. Después la imaginación otra vez y, finalmente, el escritorio ante el cual estoy sentado”, escribió John LeCarré. Con esas palabras podría definirse la construcción del nuevo libro de Miguel Bonasso, El hombre que sabía morir.

LITERATURA / INVESTIGACIÓN
El hombre que sabía morir
Miguel Bonasso
Sudamericana, 2017
384 páginas

“Es una novela que parte de hechos reales. El banquero podría ser (David) Graiver en algunos aspectos pero en otros no. No se sabe su destino final porque algunos dicen que murió y otros dicen que no. Hay dudas acerca de su muerte”, aclaró Bonasso al iniciar una entrevista en la que recorrió diversos temas como su lugar de novelista, su crítica al kirchnerismo, a Rafael Bielsa y al macrismo, remarcando que está fuera de los medios periodísticos porque se siente censurado; dio también su opinión sobre Santiago Maldonado, el joven desaparecido en el sur, y se refirió a Cuba y Venezuela, países a los que sigue apoyando. La aclaración de que su obra es una novela surge porque “cuando salió el libro, en una nota de Luis Novaresio en Infobae, titularon con malicia que Graiver estaba vivo”, dice Bonasso. También deslizó que Lidia Papaleo de Graiver y Osvaldo Papaleo salieron a criticarlo sin haber leído el libro, y él les respondió que era ficción, y que “los personajes son mejores que los reales y son distintos”, porque “se parte de una peripecia que ellos tuvieron”.

Al mejor estilo Le Carré

Es cierto que Bonasso venía escribiendo nonfiction, en la que a la manera de novelas policiales o de espionaje describía situaciones y procesos de algunos de los momentos más trágicos de la historia en la última dictadura cívico-militar, con títulos como Diario de un clandestino y Recuerdo de la muerte. En esta oportunidad, el periodista y escritor propone una ficción a partir de la historia de David Graiver, con el nombre ficticio de Aarón “Ary” Goldberg, el empresario y banquero argentino al que la agrupación Montoneros le confió una suma millonaria. Hay distintas versiones sobre su muerte, aunque la oficial expresa que murió a bordo de un avión que se estrelló en México en agosto de 1976. Dejó una viuda que fue torturada, ultrajada por los militares argentinos y obligada a ceder su empresa, Papel Prensa, de la que se adueñó el multimedios Clarín. “Lo que dispara esta novela es que teóricamente Graiver se mata en un accidente aéreo, en un avión privado que había contratado, con dos pilotos norteamericanos y que volaba desde Nueva York hasta Acapulco. La nave aérea venía a más de 900 kilómetros por hora e impactó contra un cerro, y de un avión que venía a esa velocidad y se estrelló no quedan restos reconocibles. La caja negra nunca se encontró. Se dijo que solamente iban los dos pilotos en el avión, que el banquero se bajó antes pero que le venía bien suponer su muerte para escapar a la quiebra de dos bancos que había adquirido en Nueva York y por lo cual lo perseguía la Federal Reserve, la temible policía bancaria de Estados Unidos. Que todo era una maniobra de Graiver. Dos años después del accidente, el fiscal del distrito de Manhattan dice que Graiver está vivo. Que fue una maniobra para ocultar una quiebra bancaria gigantesca, la cuarta quiebra en importancia de la historia de Estados Unidos”, recuerda Bonasso, y agrega que, al enterarse de esa noticia durante su exilio en México, pensó que era un buen argumento para una novela al estilo Le Carré.

“Me preguntaba si el tipo se mató o no, si estaba en la clandestinidad. Me atrapó ese acontecimiento, pero quedó cuarenta años en la sala de espera”, afirmó Bonasso. Hasta que en 2011 tomó contacto con quien había sido el jefe de Interpol de México en 1976, quien le sugirió que Graiver estaba vivo. Según el ex funcionario mexicano, Graiver se habría bajado en una escala que hizo el avión privado en Houston, que es el momento donde se supone que la CIA le cambió el altímetro y por eso después se estrelló contra las montañas. “El propósito de la CIA era matar a Graiver. Él había sido un protegido de Israel porque tenía un banco en ese país y recibía créditos pero el Mossad (la Inteligencia israelí) le quitó la protección. Fue porque los Montoneros le vendieron exógeno, un químico de alto poder explosivo, a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Fue a cambio de fusiles lanzagranadas RPG-7 y de instrucción militar a militantes montoneros en el sur del Líbano. Cuando Israel se enteró de eso consideró a Montoneros como un enemigo y, cuando se supo que Graiver administraba 14 millones de dólares de los Montoneros, también le quitaron el apoyo. La CIA se lo quería cargar porque el tipo estaba avanzando sobre los bancos norteamericanos. Además Graiver y José Bel Gelbard estaban en una corriente que Estados Unidos no veía con simpatía. Estaban relacionados con Cuba y ayudaba a la Revolución cubana”, apuntó Bonasso.

Contra la Barrick Gold

“Con el libro Lo que no dije en Recuerdo de la muerte me fue mal vendiendo 16 mil libros, y fue así porque me censuraron. La causa fue que me tiré contra la Barrick Gold, una empresa que pertenece a la CIA y fue manejada por George Bush padre. Esa fue una empresa utilizada por la CIA en la operación Irán-Contras. La Barrick es una empresa siniestra que ya produjo tres derrames de cianuro y se hacen todos los boludos; el rabino (Segio) Bergman se hace el boludo, así como Cristina (Kirchner) y (José Luis) Gioja”, apunta Bonasso. “La Barrick Gold gasta 27 millones de litros de agua en El Veladero. Los chilenos ponen el 10 por ciento del agua pero no permiten que pasen los desperdicios para su lado. La Gendarmería baja el cianuro acá en San Lorenzo y lo transporta”, se queja Bonasso.

Un mar de operaciones

Miguel Bonasso también destacó otra parte de su libro, la Operación Greyhound, mediante la cual la CIA quería implicar a Cuba en el narcotráfico y así tener una razón para invadir la isla. “La Operación Greyhound es totalmente cierta. Era para vincular a Cuba con el narcotráfico y la condujo el director de Aduana de los Estados Unidos junto con la CIA y otros organismos norteamericanos. En ese plan tenían enganchado nada más y nada menos que a Pablo Escobar para convertir a Cuba en territorio del narcotráfico. Con lo cual la invasión iba a estar totalmente justificada y de esa manera tumbaban a la Revolución cubana. En el libro hay una defensa del juicio y fusilamiento del general (Arnaldo) Ochoa. Si el Estado cubano no tomaba esa decisión, los Estados Unidos los invadían, porque en ese momento se estaba derrumbando la Unión Soviética. La dirigencia de la Revolución tomó la decisión porque pensaron que era mejor eso a que miles de personas murieran en una invasión norteamericana. Se cortaban cuatro cabezas y se acababa la sangría. A esto lo cuento yo por primera vez y debe ser el único libro del mundo que justifica el fusilamiento del general Ochoa”, contó Bonasso. En cuanto a Venezuela, Bonasso señaló: “Acá hay una movida de Estados Unidos. Hay que tener en cuenta a los grupos de extrema derecha que también actúan armados. Lo que quiere hacer la CIA es una Siria en Venezuela, porque el país sudamericano es uno de los que tiene mayores reservas petroleras. No sólo petroleras, también de litio, una serie de minerales estratégicos”, redundó el escritor.

Por último, sobre la situación de Maldonado, Bonasso acusó al gobierno de Mauricio Macri de montar una operación. “El gobierno tiene la obligación de investigar a fondo y de encontrar a Maldonado porque no puede haber en la Argentina desaparición forzada de personas. No puede salir la ministra Patricia Bullrich a acusar de terroristas a los mapuches como forma de excusar la desaparición de este muchacho. Porque, si fuera terrorista, que no lo es, se debería haber aplicado la ley”, acusó Bonasso y afirmó: “Yo creo que está desaparecido, y tanto Julio López como Maldonado son desaparecidos”.

“Estoy censurado en ambos lados de la grieta”

“Yo soy un diputado que no afanó. Estuve ocho años en el Congreso pero no afané un mango. Ahora vivo de mi jubilación y hay que pagar las cuentas de gas y electricidad que Macri aumentó. Si no escribo y no vendo, no vivo”, cuenta Bonasso. “Mi actividad periodística la empecé en 1958. Por primera vez en 59 años no estoy trabajando en ningún medio de comunicación. Estoy censurado en ambos lados de la grieta. Teníamos pautada una entrevista con un diario y la levantaron. Lo que me parece una descortesía tremenda y me huele a censura. Acá en Rosario tengo muy buenos amigos pero también enemigos. Uno de ellos es Rafael Bielsa, quien me tiene querellado por dos millones de pesos por mi libro Lo que no dije en Recuerdo de la muerte. Eso es anticonstitucional porque me querella por criticar sus acciones políticas y no por acciones privadas, personales. Él ha hecho un plagio siniestro con Tucho, operación México de mi libro Recuerdo de la muerte”, acusó Bonasso.

EDICIÓN IMPRESA

Subir

Diseño y desarrollo Departamento Sistemas Diario EL Ciudadano & La Gente