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Seis años y medio de cárcel por dos hechos violentos

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    En el abreviado intervino el fiscal del MPA Adelmar Bianchini.

Un pibe al que apodan Mocho firmó una condena a seis años y medio de prisión por dos hechos ocurridos a mediados de 2015. Estaba acusado de balear a un vecino en la pierna, en mayo de ese año, lo que le valió una causa por tentativa de homicidio cuya autoría negó con firmeza desde un principio, tras argumentar que lo sindicó una ex novia por venganza. También se le achacó ser parte del cuarteto que un mes y medio después intentó robar “El Casinito”, un almacén de Empalme Graneros donde funciona una sala de juego clandestino desde hace una década. Ese día, no sólo se frustró el asalto. La Policía mató a uno de los pibes que huía por los techos. Los familiares acusaron a los uniformados de dispararle cuando tenía las manos en alto.

Por el balazo en la pierna que recibió Sebastián Alberto Borelli el 10 de mayo de 2015, el fiscal Ademar Bianchini acusó a Maximiliano “Mocho” Fabián Gauna de tentativa de homicidio agravada por el uso de arma de fuego y portación ilegítima de arma. La victima relató que ese día caminaba junto a su hermano por De la Salle y Solís, en Empalme Graneros, cuando sintió un fuerte ardor en la nalga que lo hizo desplomar en el piso. Agregó que no pudo ver quién le disparó, pero que más tarde testigos señalaron a Mocho, un vecino de barrio Ludueña.

Mocho negó ser el autor de ese ataque desde un inicio, pero igual este mes firmó un acuerdo abreviado por la pena de cinco años y cuatro meses de prisión, que se le computó con la condena por el intento de robo a El Casinito y quedó en seis años y medio. En su defensa el joven había dicho que las personas que lo denunciaron tenían con él una disputa previa de barrio, y que por eso se hicieron pasar como testigos para dejarlo preso. Ese pleito, según Mocho, había comenzado tiempo atrás, cuando Borelli le clavó una puñalada a Axel Villalba, el joven que asesinó la Policía el 25 de junio de 2015, tras un frustrado robo en el local de French al 5900 donde funciona el almacén con sala de juegos. Además, reclamó que la rueda de reconocimiento en la que lo señalaron fue injusta porque ya se conocían del barrio, al igual que Noelia, una ex novia que habría sido la que le mencionó a Borelli que el tirador había sido él.

El Casinito

El robo al comercio de calle French al 5900 terminó en tragedia. Ocurrió a las dos y media de la tarde del 25 de junio de 2015, cuando un cuarteto ingresó armado al negocio que atiende su dueño por la ranura de una ventana amurallada con un chapón y un tejido metálico. Atrás del almacén, ocho computadoras de pantalla plana se afilan en una habitación que los vecinos conocen como El Casinito. Un oculto botón de pánico que alcanzó a tocar el dueño cuando los pibes le pidieron el dinero encontró una rápida reacción policial. Lo que siguió después depende de quién lo cuente. La Policía informó que hubo un enfrentamiento armado con los ladrones, en el que resultó muerto Axel Villalba. Allegados al joven dijeron que recibió el balazo fatal cuando tenía los brazos en alto. El caso fue investigado por el fiscal de Homicidios Pablo Pinto, que ese día dijo que secuestraron dos revólveres calibre 32 y 38, uno al lado del pibe asesinado y otro tirado en uno de los techos de la manzana de French, Magallanes, Solís y De la Salle.

Al día siguiente fue detenido Mocho. La Fiscalía acusó a Maximiliano Gauna de formar parte del cuarteto junto a Gustavo B. y Brian G., además del joven asesinado, y tras una etapa investigativa alcanzaron un acuerdo abreviado. En el mismo se pautó una condena a tres años y cuatro meses de cárcel por tentativa de robo y resistencia a la autoridad. Luego de esa sentencia, se activó la causa por el balazo Borelli ocurrido un mes y medio antes del robo. Fue cuando los mismos testigos que habían dicho que no podían reconocerlo se presentaron ante el fiscal Ademar Bianchini y le dijeron que ahora sí podían señalarlo, y lo hicieron. Así, uno de los hermanos de Borelli lo apuntó. Gauna sostuvo que lo acusaban de algo que no había hecho y aseguró conocer a sus acusadores del barrio. El mismo argumento esgrimió su defensora, pero para la jueza fue suficiente y siguió con el proceso. Finalmente, Gauna terminó en otro juicio abreviado donde fue condenado a una pena única a seis años y medio de prisión por ambos hechos.

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