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“Se vive una persecución contra los inmigrantes”


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    Arévalo Moscoso rememoró que este estado creciente de xenofobia lo remite a lo vivido durante la última dictadura y en los 90.

El avance de la xenofobia a nivel mundial tiene su reflejo en la Argentina. Los últimos decretos de necesidad y urgencia (DNU) del gobierno nacional de Mauricio Macri contra los inmigrantes de países latinoamericanos –principalmente Perú, Bolivia y Paraguay– intentan establecer una relación entre los ciudadanos de estos países con el narcotráfico, el delito y la falta de empleo; lo que fue repudiado por las diferentes colectividades de inmigrantes.

En diálogo con El Ciudadano, el presidente de la Asociación de Estudiantes y Residentes Peruanos de Rosario Roberto Arévalo Moscoso señaló que actualmente “se vive una situación persecutoria” contra los inmigrantes de estos países, que ya se sufrió en la década del 90 y, con mucho mayor violencia, durante la última dictadura cívico militar.

“Intentan responsabilizar a los inmigrantes del narcotráfico, la inseguridad y la falta de empleo. Pero lo cierto es que es muy bajo el porcentaje de extranjeros vinculados con estas problemáticas. Sin embargo, vemos que los verdaderos responsables son las autoridades argentinas, como pasa con el intendente de (la localidad correntina de) Itatí (Natividad Terán) y su comisario”, expresó Arévalo Moscoso.

Actualmente, unos 6.000 peruanos viven en la provincia de Santa Fe, la mayoría de ellos en Rosario. Arévalo Moscoso llegó en 1975 desde la ciudad de Huacho para estudiar y recibirse de ingeniero agrónomo.

Según contó, sufrió discriminación; aunque aclaró que hay sectores de la sociedad argentina que son muy abiertos e inclusivos. “Depende mucho de la coyuntura y la situación política. Se nos acusa de que venimos a estudiar gratis, pero no tienen en cuenta los impuestos que pagan nuestros compatriotas que trabajan en la Argentina”, advirtió.

—¿Cree que se está usando al inmigrante como chivo expiatorio?

—Se vive una situación persecutoria que intenta responsabilizarnos a los inmigrantes de la subregión, o sea Perú, Bolivia y Paraguay, del narcotráfico, la inseguridad y la falta de empleo. No es algo nuevo, porque ya lo hemos sufrido en la década del 90 y ni hablar durante la dictadura militar. Pero lo cierto es que es muy bajo el porcentaje de extranjeros vinculados con estas problemáticas. Sin embargo, vemos que los verdaderos responsables son las autoridades argentinas, como pasa con el intendente de Itatí y su comisario. Los peruanos, bolivianos y paraguayos agachamos la cabeza y venimos a estudiar y trabajar. Generalmente nos acusan de sacarles el trabajo a los argentinos, pero nosotros consumimos y pagamos impuestos. Además, por lo general, trabajamos en las actividades más pesadas, como el campo y la construcción.

—¿Qué cambios hubo en política migratoria con este nuevo gobierno?

—Ha dado un vuelco impresionante. Nuevamente la Policía empieza a pedir documentos y a nuestros compatriotas les pedimos que agachen la cabeza y los entreguen, por su seguridad. Durante el gobierno de Néstor Kirchner, en 2004, se sancionó la nueva ley de migraciones impulsada por el (en ese entonces) senador nacional por Santa Fe Rubén Giustiniani. Esta ley nos da los mismos derechos que los ciudadanos argentinos, como el acceso a la educación y a la salud. Todo esto fue superador a la ley anterior, que era la ley Videla, de la dictadura. Pero este gobierno ha retrocedido. Con la excusa de expulsar a los inmigrantes vinculados al delito ataca a todos. Porque actualmente están deportando a gente que vienen de Perú, Colombia, Bolivia y Paraguay que no tiene antecedentes. También hay una estigmatización, lo que se llama detención por portación de rostro. En los comienzos fundacionales de la Argentina, había xenofobia contra los europeos, quienes tenían mucho más avanzadas las leyes, por lo que luchaban por la jornada laboral de ocho horas. Actualmente la xenofobia es étnica: el que tiene cara de indio es ladrón.

—Más allá de los gobiernos, ¿cree que el pueblo argentino es receptivo con los inmigrantes?

—Depende de la coyuntura y la situación económica. Yo pude recibirme de ingeniero agrónomo, tuve privilegios educativos que no tienen los quinteros bolivianos ni los peruanos que trabajan en los talleres. Mis características étnicas son mestizas, o sea que tampoco soy un peruano típico. Sin embargo, he sufrido discriminación. En la Argentina hay sectores que aceptan e incluyen al inmigrante, pero otros son muy duros. Se nos acusa de que venimos a estudiar gratis, pero no tienen en cuenta los impuestos que pagan nuestros compatriotas que trabajan en la Argentina.

—¿A qué atribuye el crecimiento de la xenofobia en el mundo?

—Creo que es un tema económico. Las poblaciones europeas nativas están disminuyendo y los empresarios necesitan mano de obra y toman a los inmigrantes, quienes trabajan por la mitad del salario. Es lo que pasa por ejemplo en Estados Unidos, donde hay empresarios que pagan a las ONG para que defiendan a los inmigrantes, pero no porque sean buenos, sino porque les están jodiendo el negocio. ¿Acaso «Johnny de California» va a ir a cosechar la verdura? No, van a ir los inmigrantes de Latinoamérica. Hay que advertir lo que dice el papa Francisco: existe una situación compleja de xenofobia en todo el mundo.

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