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Se derrumba el empleo en el sector ceramista de Santa Fe

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    El rubro sufre las inclemencias de las importaciones y la baja en la construcción y la gastronomía.

Un alerta se disparó en el Sindicato Obrero Cerámica, Porcelanas y Azulejos de Santa Fe. En sintonía con lo denunciado por la Federación Nacional a la que pertenecen, el gremio local relevó suspensiones en las ocho fábricas de ladrillos, revestimiento de interiores y vajilla que funcionan en la provincia. Al igual que ocurre en otros puntos del país, el sector está en baja por la poca demanda interna –que se mueve al compás de la construcción pública y privada y en menor medida de la gastronomía– y además lo sacude la apertura de las importaciones, ya que se le hace difícil competir con productos venidos de Brasil y Bangladesh para revestimientos de interiores. Sumado a lo anterior, dos fábricas en la vecina localidad de Arroyo Seco se inundaron por las lluvias registradas en los primeros días de 2017, y dispusieron vacaciones para sus trabajadores. “El problema –explicó a El Ciudadano el secretario adjunto del gremio con sede en Santa Fe, Juan Moreyra– es que entre limpiar y poner de nuevo en marcha la fábrica y la baja en las ventas los empresarios están tentados en cerrar”. Para evitarlo, marcó el sindicalista, “el gobierno nacional debe tomar medidas ya”.

“Las empresas están tomando créditos sobre créditos para afrontar sueldos y eso no va a durar mucho más”, sostuvo el secretario adjunto de los ceramistas del sur provincial. En ese marco, describió desde dentro del sector cómo éste se transformó en uno de los tantos que sintieron la apertura de importaciones decidida por el gobierno nacional.

Las empresas que producen cerámicos, ladrillos y demás elementos usados para los interiores de las viviendas suman 8 en Santa Fe y emplean a unos 400 trabajadores. Durante el último trimestre del año pasado la Federación que nuclea a los distintos sindicatos de ceramistas registró que la mitad de las plantas del país habían suspendido personal. El “achique”, como lo definió el secretario adjunto del gremio, fue consecuencia de la baja en las ventas. “Los sectores a los que le venden las fábricas demandaron mucho menos que años anteriores. La obra pública y la privada están frenadas. Los gastronómicos, que a menudo solicitan renovar vajillas, también”, trazó.

La apertura del mercado local a los productos de Brasil y Bangladesh hundió más la balanza: “Se le hizo imposible competir a la industria local”, detalló Moreyra.

Y en el sur de Santa Fe, además de la inundación de importados, hubo una real. El temporal que azotó la región centro y sur dejó debajo del agua a Cerámica del Sur y Cerámica Arroyo Seco, ambas en esa localidad. “El agua entró por todos lados y frenaron la producción en los galpones. Les dieron vacaciones a los empleados y están viendo si les conviene limpiar y abrir, o cerrar”, lamentó el gremialista

A futuro

Consultado por las posibles acciones para contrarrestar la situación, Moreyra admitió que mantienen reuniones con distintos niveles del Estado ligados a la producción. La mesa de la Federación, que integran dirigentes ceramistas de todo el país, se reunirá en febrero para analizar el futuro. “No descartamos pedir que se aplique el Repro (el Programa de Recuperación Productiva de la Nación que costea parte de los salarios de trabajadores a empresas que se comprometen a no despedir) pero no es una solución de fondo. Si no hay reactivación del mercado, no hay futuro”, subrayó Moreyra.

Según explicó, en el pasado el programa Repro funcionó primero como dinero inyectado a las empresas, pero después directo a las cuentas de los trabajadores, pero siempre tuvo como llave el compromiso patronal de no echar a ningún trabajador.

Ejemplo a no seguir

Esta semana se conoció que la empresa Cerámica San Lorenzo, ubicada en Villa Mercedes, San Luis, cerró una de sus tres plantas. La decisión dejó en la calle a 140 trabajadores. Se trató de una crisis que comenzó por goteo: a principios del año pasado, se registraron los primeros despidos. A mitad de 2016 siguieron las suspensiones, que afectaron a más de la mitad de los trabajadores de la firma. Y el pasado 31 de diciembre los directivos decidieron bajar las persianas. Aunque se pagaron las indemnizaciones, la mayoría de los empleados tiene entre 15 y 20 años de antigüedad –y por tanto de experiencia– en un rubro que se achica, y se estima que les será difícil reinsertarse en el sistema laboral formal.“Estamos trabajando a pérdida”, sostienen desde las empresas  tras la caída en la demanda.

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