Cultura

Saer, un escritor resistente

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    La lectura de los “Cuentos completos” del santafesino Juan José Saer ponen en evidencia el proyecto en el que fue conformándose su literatura.

LITERATURA
Cuentos completos
Juan José Saer
Seix Barral / 2017
616 páginas

Juan José Saer fue un resistente, un escritor que profundizó cada vez –en cada libro– las líneas referenciales de su universo, concebido como una elaboración constante del realismo y de su posibilidad de experimentación. Su búsqueda artística fue reforzando la identidad de lo “saeriano”, de todo aquello que surge de su postura ética ante la existencia y de la experiencia física del tiempo, dos cuestiones nodales de toda su literatura. En Saer, estas huellas sobre las que anduvo una y otra vez fueron conformando su marca ontológica, su capacidad para prescindir de cualquier infección mercantil para vincularse siempre de manera original a una apetencia narrativa más libre; despreocupado del “vender más” para ceñirse a una meditación casi gozosa de libertad narrativa, descreída de la función de rendimiento. La resistencia de Saer es desde el lugar de esa libertad, de su ambición por conseguir esa gracia poderosa que ostentan muchos de sus textos, donde desde lo mínimo, desde el detalle riguroso, surge el esplendor de un torbellino de ideas.

Estos Cuentos completos, cita obligada con todos los escritores que como Saer dejaron un mundo palpitando que invita a recalar una y otra vez, toman los escritos entre 1957 y 2000 y es una oportunidad para leerlos desde cierta perspectiva, tal cual lo propone el mismo Saer en esta edición. Dice el escritor nacido en Serodino: “Muchos son cuentos clásicos –sobre todo los primeros–, pero otros, a causa de su extensión, se apartan de las leyes del género; algunos son demasiados largos y otros demasiados breves como para ser llamados cuentos. Pero varios de entre ellos también difieren del género porque, considerando que la preceptiva del cuento moderno era demasiado rígida, me pareció que valía la pena explorar, en la ficción breve, formas más libres que las que se recomiendan como clásicas. Lo hice siempre con convicción y probidad, sin olvidar sin embargo que, en literatura por lo menos, esas dos estimables virtudes nunca fueron suficientes para asegurar la calidad del resultado”.

Es éste un modo de leer estos cuentos ya aparecidos en los libros En la zona (1957-1960), Palo y hueso (1961), Unidad de lugar (1966), La mayor (1969-1975) y Lugar (2000), además de algunos otros que habían quedado fuera de las compilaciones señaladas –inéditos hasta ahora– reunidos en un apartado llamada “Esquina de febrero”. El orden en que se encuentran los textos en este libro es el inverso al cronológico, es decir, se comienza con los últimos publicados y se retrocede hasta los primeros en una operación que no deja de ser atractiva. El lector, claro, podrá leerlos a su antojo y sacar sus conclusiones de uno u otro orden de lectura, casi como en un juego de resurrección de los textos, donde resulta muy seductor leer las correlatividades que hubo entre las distintas épocas en que fueron escritos, las similares invocaciones y desvíos que conforman sus tramas.

La resistencia de Saer entonces está en esos vínculos potentes y viscerales que unen sus relatos de todos los tiempos, se trate de cuentos puros, crónicas, semblanzas donde tienen lugar tanto los cruces de voces –tan caros a su estética– como los momentos míticos, siempre ligados a un sistema propio en el que entran lo social, lo político y lo cultural. Si se leen con detenimiento en algunos de estos cuentos no es difícil encontrar una música, no solamente la del ritmo y el tono del relato, sino algo que sobresale de su estructura –“Sombras sobre un vidrio esmerilado”, sería un buen ejemplo–, como una emanación de la propia conciencia del escritor –como asimismo puede “escucharse” en la novela El limonero real–, una puesta en acto de ciertas iluminaciones, rasgos efectivos llenos de sutileza y nitidez, que constituyen un proceso automático; esa música “sale” de sus textos y vuelven la experiencia de lectura más disfrutable, el lector puede irse en una caminata, en una conversación, en una canoa sobre el agua a través de frases que rodean y apresan casi físicamente en el ritmo de un párrafo, donde se repone el trasfondo de sus ricos procesos discursivos, el hormigueo de su naturaleza.

Por eso la resistencia de Saer asoma plenamente en estos Cuentos completos, porque en este orden inverso en que están planteados asoma el carácter de proyecto que tuvo su obra –del mismo modo que ocurrió con Onetti o Di Benedetto, por citar un par de escritores donde la idea de proyecto surge claramente–; porque se trata de una literatura que conjugó vanguardismo y experimentación para constituir un estilo, el estilo Saer, tan influyente en buena parte de los escritores argentinos y no solo. Ese proyecto lo conformó la respiración que extrajo de la realidad para rearmarla en sus ficciones, inscriptas en una temporalidad que no por real deja de ser alucinante en su multiplicidad, en su poética de pulso preciso donde la brevedad o el largo aliento configuran una de las líneas de escritura más intensas de la literatura nacional. La publicación de estos Cuentos completos parece casi una extensión de lo que en la provincia de Santa Fe se llamó el Año Saer, que comenzó en 2016 y terminó en julio de este año con el objetivo de difundir y celebrar la obra del escritor y donde se presentaron libros que estudian sus obras y compilan entrevistas y se proyectaron films inspirados en su perfil o en algunos de sus textos.

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