Ciudad

Revista Apología: antropología de las calles rosarinas

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    La nueva edición de Apología se presentará este jueves en el Trocadero, en Santiago 989.

“La revista está caminando, mirando y registrando la ciudad”, dice Santiago Beretta, editor de Apología, el proyecto periodístico que desde 2010 transita por el underground de las calles de Rosario y va sumando lectores. Con la excusa de la presentación de su edición número 19, el periodista se sentó a charlar con El Ciudadano sobre el camino que fue desarrollando la publicación desde sus comienzos de esencia punk hasta el actual periodismo literario que viene mostrando en los últimos números.

“Buscamos la escucha y el encuentro con el otro. Salimos en busca de quién es el otro. Y el otro que nos gusta es el que conmueve”. Con ese espíritu que los realizadores de Apología buscan imprimirle a las páginas de la revista, se presentará esta noche el número 19. La cita es el Trocadero, en Santiago 989, a las 21. La velada incluirá lecturas de los escritores Lucas Paulinovich y Paula Luraschi, la actuación en vivo de Marinero Turco, referente de la historieta argentina y miembro del mítico grupo de arte rosarino Cucaño; feria y buffet de bebidas y comida casera. Habrá una entrada opcional (“quién no quiere o no puede, no paga”, aclaran) a 60 pesos que incluirá la revista y el derecho al espectáculo.

“Mostramos cómo se siente cada persona en la sociedad, la angustia y el espasmo que se siente al estar vivo, la pregunta por el hecho de estar vivo, por el misterio de la vida”, reflexiona Beretta sobre el enfoque narrativo de Apología. Si escribir sobre una ciudad es reconstruir las escenas de una ciudad, Apología lo hace a través de sus personajes. Así, esta nueva edición tendrá, entre otros, textos como “Sorrento Heavy Metal”, una imperdible crónica sobre la historia de Los Metálicos, un grupo de pibes heavy que en pleno menemismo formaron la barra del Club Argentino de Rosario; “Cuando una cosa es golpeada por la tristeza”, un relato sobre el amor de una prostituta que sobrevive en la adversidad. Y una entrevista con Carlos Varela, “el abogado de los narcos”, titulada “El hombre que mide el vago tiempo con el cigarro”. “Queremos que dé su punto de vista y no juzgarlo”, aclara Beretta en torno al mediático abogado. Y agrega: “A mí me seduce un personaje y lo reivindico. Pero es una reivindicación literaria. Una persona con los dedos de frente puede entender la complicidad con un héroe o antihéroe”. La aclaración puede leerse como una advertencia a los que profesan el culto a la corrección política.

Y es que en las páginas de la revista desfilaron personajes como Horacio, un legendario hampón de barrio Tablada, y el ya célebre relato “Qué pasó con la cocaína”, una crónica en primera persona sobre una incursión en el desmantelado búnker de drogas de barrio Refinería, que bien podría integrar una antología de periodismo gonzo rosarino.

Beretta lanzó el proyecto a comienzos de 2010, cuando era estudiante de periodismo y las lecturas del periodista Enrique Symns y su revista Cerdos y Peces lo inspiraron, junto con un equipo de colegas que fue cambiando, a narrar historias de las calles rosarinas. “A mí me gustaban Symns, Bukowski, esos escritores. Cuando leí El señor de los venenos –la novela autobiográfica de Symns–, dije: «Este tipo tiene dos cosas que me gustan a mí: habla de libros y está en la calle». A mí de chico me gustaba escuchar historias y contarlas, por eso estudié periodismo y filosofía, aunque luego dejé filosofía, no quería estar todo el día encerrado leyendo”.

Diecinueve números. No es moco de pavo. A Santiago Beretta el empeño y el trabajo para sacar cada edición lo hacen reflexionar sobre el camino recorrido. “Cuando sacamos el primer número tenía 20 años; ahora tengo 28, y algunas cosas cambiaron, nos sofisticamos un poco”. Él reconoce tres etapas en Apología: “Al principio poníamos de forma explícita el desagrado con los valores más capitalistas de la vida. Teníamos como una especie de admiración por la marginalidad, como contraposición a lo establecido. Después se hizo hincapié en retratar a la ciudad a partir de sus artistas menos conocidos, ir caminando los barrios y contar eso. La última etapa tiene más que ver con un proyecto literario, en el sentido de contar la ciudad, el territorio, pero con una estética y un marco contextual propuesto por la narración”.

La distribución

El abordaje narrativo de la revista cambió, pero los lectores saben que los canales de distribución siguen siendo los mismos: artesanales. Además de algunos puntos de venta en librerías de la ciudad, el mismo Beretta y los amigos de la revista ofrecen la revista por lo parques de la ciudad, mezclándose con artesanos y vendedores de comida casera. “Ya hace muchos años que se vende así, pero si pego un laburo pondremos un canillita. En realidad me cansé y tengo ganas de retirarme (de la venta callejera). Yo escribo y consigo la publicidad. Como que estoy medio quemado y necesito tomar distancia. Además soy re tímido y tengo que hacer un esfuerzo bárbaro para salir a vender”, reconoce el cronista. Por lo pronto, la revista tiene planes de aggionarse en el ciberespacio. El plan del equipo de Apología es tener en la web un nuevo sitio web para dejar atrás el viejo blog. “Vamos a ir subiendo textos viejos y también material propio del sitio. Pero no lo pienso como un lugar para ganar público y estar todo el día mirando el rating. Será con la misma frecuencia «antinovedad» que sale la revista. Al que le gusta la revista podrá entrar a la web y encontrarse con cosas”.

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