Policiales

Perpetua para el jóven que prendió fuego a su novia

Cristina tenía 22 años y vivía junto a Matías en una casilla en barrio Las Flores. Convivieron durante casi un año y, promediando la primavera del 2007, las peleas entre ambos eran frecuentes, la mayoría de las veces por culpa del muchacho, quien según vecinos tomaba de más.

En la noche del 27 de octubre de ese año, tras golpear a su pareja y dejarla encerrada en la precaria casita, se fue a tomar cerveza con amigos. Al ratito le avisaron que la casa se estaba quemando, y si bien llegó en poco tiempo, no hizo nada. La uerta tenía una linga y un candado y la llave estaba en poder de Matías, pero pese a los gritos desgarradores de Cristina pidiendo auxilio, no la brió. Cuando los bomberos lograron entrar, la hallaron carbonizada sobre la cama, en una posición que indicó a los peritos que estuvo atada. Por el caso, la jueza de Sentencia 7ª, Carina Lurati, condenó a Matías Alberto Verón a la pena de prisión perpetua por homicidio calificado por alevosía de Cristina Belén Lugo.

Durante la investigación, Verón había dicho en sede judicial que el se había ido de la casilla que compartía con Cristina durante la madrugada y que había cerrado la puerta con candado, dejando a su pareja descansando en el interior de la precaria vivienda ya que tenía copia de la llave en una mesita junto a la cama. Sin embargo, vecinos, conocidos y hasta familiares de la víctima dieron otra versión.

Varias personas, que vivían en inmediaciones de Estrella Federal y una calle de acceso a la autopista Aramburu, dijieron haber visto cómo el joven le pegaba a su mujer en la tarde del sábado 27 de octubre. Además mencionaron que las peleas entre ambos eran frecuentes y que, cuando él se iba, dejaba a la joven encerrada en la casilla, que no tenía ventanas, para irse a tomar con amigos.

Según los testimonios de vecinos que escucharon a la joven pedir auxilio, intentaron salvarla y cuando lograron quitar una de las chapas de la casilla y pedirle a Cristina que saliera, ella les dijo que no podía porque estaba atada. Por último la jueza Lurati tuvo en cuenta la conclusión del médico forense de que la joven estaba viva y conciente cuando comenzó el incendio, y que “no tenía por qué quedarse sobre la cama que ardía. Ni un animal lo haría. El instinto es más fuerte. Sólo una rzón existe para morir en una cama cuando se está quemando, y es no poder salir de ese lugar, no poder salir de la cama. No poder apartarse del fuego”.

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