opiniones

Operativo Enseñar: una evaluación restringida

  • image1
    Los resultados de la evaluación son clave pero pueden estar viciados de origen.

El gobierno nacional avanza con la idea de evaluar el sistema educativo argentino. En este sentido el “Operativo Aprender”, destinado a estudiantes de escuelas medias, se completa con el “Operativo Enseñar”, por el que se pretende evaluar el conocimiento de alumnos que se encuentran cursando el último año de los profesorados.

Los futuros docentes serán evaluados en conocimientos vinculados a la lectoescritura, como también, a criterios pedagógicos referidos a la planificación y estrategia de enseñanza, entre otros.

Las pruebas se realizarán el 31 de este mes en 519 institutos del profesorado de todas las jurisdicciones del país, y para que nadie tenga “ventaja deportiva”, comenzarán a la misma hora. La actividad incluyen alrededor 31 mil estudiantes de carreras de formación docente de primarias y de materias del ciclo básico de la secundaria.

El operativo viene precedido por un fuerte debate con los gremios docentes, que consideran que no fueron consultados, y que además, su implementación es de carácter punitivo más que formativo.

En el marco de estas jornadas el gobierno nacional incluirá una encuesta de percepción, que tuvo su experiencia piloto en la ciudad de Buenos Aires, la cual aportaría información sobre las prácticas pedagógicas, la innovación en las aulas, el liderazgo, la conducción de la escuela, la gestión del tiempo libre, etcétera.

Las encuestas de percepción tienen su origen teórico en la publicidad y el marketing como investigación de mercado, y apuntan a la identificación y la comprensión de los atributos de una marca. Los atributos son las asociaciones que las personas tienen con un producto dentro de su categoría general y con la marca en particular. La vinculación entre la educación y el mercado nunca fue mensajera de buenas nuevas.

La evaluación es parte del proceso de enseñanza-aprendizaje y una herramienta válida para obtener información que pueda servir de insumo para la elaboración de políticas públicas. Sin embargo, la manera de definir esta estrategia suele responder a las expectativas filosóficas, ideológicas y políticas de quienes deciden llevarlas adelante.

El debate, en todo caso, responde la pregunta: ¿para qué y para quién evaluar? La respuesta que obtengamos nos dará una perspectiva sobre si la propuesta evaluativa responde a una necesidad colectiva o a una amenaza para el sistema educativo público.

El concepto de necesidad manifiesta la posibilidad de que la evaluación, que es dinámica, pueda encontrar causes democráticos de debates entre todos los actores, y en este marco, avanzar hacia cambios pedagógicos que de cobertura a las carencias educativa de la mayoría de la comunidad.

La inclusión educativa de amplios sectores de la sociedad y la posibilidad de que su permanencia y egreso sea una realidad es un desafío de la educación de nuestro país. Todo proceso evaluativo que responda a estos criterios, será favorable a estas expectativas.

Por su parte, la amenaza suele esconderse en una necesidad aparentemente real, cuando lo que busca es avanzar en políticas públicas que profundicen las desigualdades, exaltando las individualidades meritocráticas por encima de la construcción colectiva. Una evaluación que se condiciona para resaltar estos aspectos es una amenaza para un sistema educativo inclusivo.

La competencia desmedida por el escalafón docente convierte a la educación en una suma de individualidades que se eliminan entre sí. Las capacitaciones pedagógicas por fuera del sistema educativo público convierte el “status académico” en “status económico” que posiciona en mejores condiciones a quienes, con poder adquisitivo, pueden acceder a la formación de pos grado.

En este sentido, se pierde de vista el carácter colectivo de la educación, la meritocracia condicionada cercena la posibilidad de que el docente pueda reconocerse más allá del escalafón. La educación no se visualiza como proyecto de país sino como un trabajo que hay que conquistar para lograr una cierta estabilidad laboral.

El pedagogo Paulo Freire sostiene: “Yo encuentro que no hay práctica que no deba ser evaluada. Toda práctica exige de un lado, su programación, del otro, su evaluación”.

Para Freire la evaluación debe ser democrática y tiene que responder a las necesidades educativas del conjunto. En este sentido, debe estar destinada a problematizar el proceso formativo de los docentes desde una perspectiva crítica, reflexiva y despojada de todo control disciplinario.

La secretaria de Evaluación Educativa del Ministerio de Educación de la Nación señaló qué se propone con el operativo: “Medir el conocimiento de los futuros docentes para saber dónde estamos parados en términos de formación docente”.

Sin embargo, con la estrategia evaluativa que propone el gobierno nacional difícilmente se pueda conocer cómo funciona el sistema educativo en su integralidad, a lo sumo se obtendrán resultados parciales que servirán únicamente para justificar medidas educativas restringidas.

La propuesta evaluativa de Nación se inscribe en los paradigmas positivistas que se proponen medir prácticas utilitarias, su aplicación en el último año del profesorado no hace más que perder de vista aspectos fundamentales de la evaluación que la definen como autorreflexiva, crítica, procesual, progresiva, práctica, flexible, participativa y cualitativa.

Tampoco tiene en cuenta el carácter situado que da cuenta de aprendizajes significativos vinculados con un contexto que le da sentido. La realidad de nuestro país es lo suficientemente rica y variada como para no tener en cuenta sus particularidades.

Otra de las falencias que padece esta forma de evaluar es el aspecto cualitativo y crítico. Se dimensionan aspectos que no garantizan per se el proceso de aprendizaje que se construye dia a día en las aulas de los profesorados.

Los resultados de una evaluación son sumamente importantes para planificar un sistema educativo de calidad con jerarquía académica, pero si se parte de un diagnóstico elaborado “a la carta” seguramente se llegará a un pronóstico que se ajuste al mismo vicio de origen. En este sentido, perderíamos una buena oportunidad para saber realmente “dónde estamos parados en términos de formación docente”.

La licenciada María Teresa Yurén sostiene que “la evaluación es un momento de detención en el proceso formativo, en virtud del cual el sujeto se distancia de su propia praxis y de sus objetivaciones con la intención de reflexionar sobre ellas, enjuiciarlas, elaborar la crítica correspondiente y convertir su proceso de objetivación en experiencia que le permita recuperarse como sujeto enriquecido”.

Sería muy importante para el sistema educativo nacional pensar una evaluación en estos estándares de análisis que permitan un debate profundo sobre la calidad educativa de nuestro país. El “Operativo Enseñar” está lejos de cumplir esas premisas, sin embargo, sería muy ingenuo pensar que a pesar de eso, no tiene objetivos implícitos que cumplir.

EDICIÓN IMPRESA

Subir

Diseño y desarrollo Departamento Sistemas Diario EL Ciudadano & La Gente