El Hincha

Messi nos hizo volver a vivir

Gracias Lionel, muchas gracias.  Empiezo a sentir el cuerpo de nuevo. El corazón sigue latiendo fuerte, es imposible bajar las pulsaciones que a los 40 segundos se detuvieron cuando incrédulo miraba como Ecuador nos convertía un gol y la noche presagiaba lo peor.

Pero estaba Messi. Al que cuestionamos como a nadie, al que le pedimos que gane solo cada partido. Al que le exigimos todo, porque es el mejor. Lo necesitábamos… apareció.

No estaba en Quito, pero la respiración me costaba como a todo el plantel argentino. Me afirmé en una columna frente al televisor, de la cual no me despegué nunca. El periodista nunca estuvo en los 90 minutos, lo racional quedó de lado. Y las cábalas son sagradas.

Grité, gritamos todos el primero de Lio. Corrí a ver el papel donde tenía los jeroglíficos que indicaban qué debía pasar para ir a Rusia en caso de empate. Empecé a pedir por goles brasileños (por un día valía festejarlos), colombianos o venezolanos. No hizo falta. Un ratito después Messi sacó otro gol mágico. Exploté, explotamos.

Necesitábamos uno más para estar tranquilos. Y Lio entendió lo mismo. Le llegó otra pelota, apiló a varios ecuatorianos y la tiró por encima del arquero. La pelota dobló, lo juro. No sé cómo hizo, pero la parábola la depositó en la red. Y el grito fue de todo un país, aunque cada uno lo sintió como propio.

No me despegué de la columna. Cerré el puño con los goles de Brasil y Colombia, aunque el empate de Perú me hizo más feliz. No hacía falta hacer cuentas, Messi nos evitó hacer cuentas una y otra vez. Hizo uno, dos, tres… y si era necesario seguía. Crack.

Nací en 1970. Mi vida no estuvo concebida sin Argentina jugando en un Mundial. Con títulos, perdiendo finales, con decepciones, con bronca, con festejos. No sé qué se siente no estar en un Mundial. Esperaba no sentirlo.

Estuvo cerca. Los presagios parecían cumplirse. Pero apareció Lio. Justo el día que todos necesitábamos que estuviera iluminado sacó su magia y nos puso en el Mundial. No podíamos quedar afuera. La vida vuelve a su curso normal. Gracias Messi, de corazón.

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