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Marc Chagall, el poeta del pincel

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    “Cuando Chagall pinta, no se sabe si está durmiendo o soñando”, dijo Pablo Picasso.

“El arte es el esfuerzo incesante por competir con la belleza de las flores… sin triunfar jamás”. La frase es del pintor y diseñador francés de origen ruso Marc Chagall, de cuyo nacimiento se cumplieron ayer 130 años.

Conocido por su inventiva surrealista, Chagall es reconocido como uno de los pintores y artistas gráficos más relevantes del siglo XX. Su trabajo está impregnado de un humor y una fantasía que encuentran su resonancia en el subconsciente. Las personales y singulares imágenes de Chagall están imbuidas de una exquisita inspiración poética.

Pero no sólo se dedicó a la pintura sino que escribió poesía, diseñó escenografías y vestuario, realizó ilustraciones de libros, cerámica, vitrales, mosaicos, esculturas, tapices y obra gráfica.

Chagall nació en el seno de una modesta y numerosa familia judía, el jueves 7 de julio de 1887, en la pequeña aldea rusa de Vitebsk, actualmente en Bielorrusia. Nieto de un matarife ritual judío, su nombre natal fue Moishe Shagal (o Segal) y era el mayor de nueve hermanos.

“Lo primero que vieron mis ojos fue un abrevadero. Sencillo, cuadrado, medio hueco, casi oval. Un abrevadero de mercado. Cuando estaba dentro, lo ocupaba totalmente”, contó Chagall en Mi vida, que escribió entre 1921 y 1922.

Su padre, Zakhar, mantenía a la prole trabajando de sol a sol en un almacén y saladero de arenques. “No fue ni empleado, durante 32 años tan sólo un simple obrero. La salmuera del arenque doraba a veces la ropa de mi padre. Siempre cansado, preocupado, tan sólo su mirada ofrecía un reflejo suave, de un azul grisáceo. Con su uniforme, grasiento y sucio por el trabajo, con anchos bolsillos de donde sobresalía un pañuelo rojo apagado, regresaba a casa, alto y flaco. La noche entraba con él”, recordó Marc en su autobiografía, publicada en París en 1931.

Apoyado por su madre, Felga Ita, Marc mostró desde pequeño una clara inclinación hacia el dibujo y, desafiando la ley judaica que prohíbe dibujar imágenes humanas, emprendió una carrera artística que lo llevó a ingresar a los 19 años en el taller de Yejuda Pen, un pintor al que consideraban loco. Paralelamente, Chagall trabajó como retocador en un estudio fotográfico.

En 1907, Marc se mudó a San Petersburgo donde se vinculó a la escuela de la Sociedad de Patrocinadores del Arte, en la que estudió bajo la tutoría de Nikolai Roerich. Tras una breve temporada como alumno, un diputado de la duma, Vivaner, lo puso en contacto con Lev Baskt, famoso escenográfo de los ballets rusos, quien se convirtió en su maestro. Baskt pronto advirtió el potencial creativo del joven pintor: “Después de escuchar atentamente mi lección, toma sus lápices de pastel y sus pinceles y hace cosas completamente distintas de las mías”.

En 1910 Vivaner le consiguió una beca para trasladarse a París. Al año siguiente Chagall se instaló en un pequeño estudio de la Rouche (la Colmena), en el barrio de Montparnasse, donde entabló amistad con lo mejor de la vanguardia parisina, sobre todo con los poetas Blaise Cendrars y Guillaume Apollinaire y los pintores Amedeo Modigliani, Chaim Soutine, Fernand Léger y Robert Delaunay. La influencia de este nuevo entorno se percibió inmediatamente en su obra: ya en 1911, composiciones como Yo y la aldea o El poeta revelan el alejamiento del realismo ingenuo que caracterizó su producción anterior y un acercamiento al fauvismo y al cubismo. Y si bien Chagall no adhirió a ninguna de estas dos tendencias, su obra en esta etapa se vio influenciada por ambas. Composiciones como El Poeta (1911) y Homenaje a Apollinaire (1912) son plenamente cubistas, mientras otras, como El Padre (1911) siguen las consignas fauvistas.

Sin embargo, pese a esta zambullida experimental, Chagall sólo abandonó en contadas ocasiones su personal universo iconográfico, poblado por recuerdos de la infancia –el paisaje de su tierra natal, las escenas campesinas, las celebraciones de la comunidad judía– y por constantes referencias a los seres queridos.

Precisamente, en 1914 Marc regresó a Vitebsk para casarse con su prometida, Bella Rosenfeld, a quien había conocido en 1909. Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial hizo que Chagall permaneciera en su pueblo natal más de lo pensado. En 1915 se casó con Bella, y al año siguiente tuvieron una hija a la que llamaron Ida.

Es esta la época en la que Bella y Marc volarán por los tejados, sobre la ciudad, y harán de su amor uno de los motivos principales de su obra. De este período son cuadros como El Cumpleaños, El Paseo, o Sobre la ciudad. Volar, el amor y la música constituyen los motivos principales de la obra chagalliana: los tres guardan una relación muy estrecha, los tres hacen salir al individuo de su estado normal. Pero no todo es amor, también hay guerra, a la que sucederá una revolución, la de 1917 en Rusia, de la que Chagall fue un participante activo. El Ministerio de Cultura soviético lo nombró comisario de Arte para la región de Vitebsk, donde fundó una escuela de arte.

Sin embargo, el aire fresco de la Revolución de Octubre se vio truncado con la llegada al poder de José Stalin, quien estableció un orden muy estricto en todos los ámbitos de la vida, incluido el artístico. Chagall no encajó dentro del sistema estalinista y por esta razón en 1920 se mudó a Moscú, donde dirigió el Teatro Judío Estatal Kamerny, pintó varios murales, llevó a cabo los decorados de numerosas producciones teatrales y fue profesor de dibujo en colonias de niños huérfanos. En 1922 abandonó definitivamente su amada Rusia y se refugió temporalmente en Berlín, donde ya en 1914 había realizado su primera exposición en la Galería Der Sturm.

En 1923 regresó a París, que lo recibió con los brazos abiertos y lo hizo sentirse como en un segundo Vitebsk. En este nuevo contexto Chagall desarrolló algo tan esencial de su existencia como el humor. Chagall es un genio divertido, burlesco, cómico, al igual que su paisano Nikolai Gogol, para quien ilustrará por encargo de Ambroise Vollard Las almas muertas. A estas les sucederán las ilustraciones de las Fábulas de La Fontaine y La Biblia.

Son los años del surrealismo, del ensalzamiento de los procesos mentales, del desprecio del orden social y se proclama a viva voz la libertad del individuo. Chagall comparte estos ideales, su arte, sin embargo, va por otros senderos: se inspira en el amor a Bella y nuevos elementos son omnipresentes: las ventanas y la Torre Eiffel.

Durante los últimos diez años de su período parisino Chagall emprendió numerosos viajes, a Palestina, Holanda, Italia, Polonia y España. Entrados los años 30, comienzan a soplar vientos de guerra y es en esta época cuando Chagall pinta Revolución, toda una explosión de la iconografía chagalliana, de su mundo interior.

El artista permaneció en la Ciudad Luz hasta que, con la ocupación alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial y la deportación de los judíos a los campos de exterminio nazis, tuvo que abandonar la capital francesa.

Con la ayuda del periodista estadounidense Varian Fry, se mudó a la Villa Air Bel en Marsella. Luego, Fry lo ayudó a escapar de Francia, a través de España y Portugal. En 1941, los Chagall se instalaron en Estados Unidos.

Por entonces sus cuadros adquirieron un tono más dramático. Es la época de Bella de verde y de La crucifixión blanca, que contiene ricos e intrigantes detalles, y muchos consideran como una denuncia del régimen de Stalin, del Holocausto nazi y de toda la opresión contra los judíos que Chagall sufrió en carne propia.

También de esos años es La gente del circo, cuadro que más tarde se transformará en Alrededor de ella a la muerte de su amada, ocurrida repentinamente en 1944. Tras la muerte de Bella sus cuadros se convierten en verdaderos llantos de su alma. Autorretrato con reloj de pared y Notturno, son ejemplos de ello.

A partir de 1956 su arte adoptó una dimensión monumental, en disciplinas como la escultura, la cerámica o las vidrieras. De su período más tardío cabe destacar Mensaje bíblico, una serie de óleos pintados en las postrimerías de su carrera que recuerdan a grandes del barroco como Tintoretto.

Marc Chagall murió el jueves 28 de marzo de 1985 en Saint Paul de Vence, cerca de Niza, en el sur de Francia, a los 97 años. Pablo Picasso se refirió así a este notable colega: “Cuando Chagall pinta, no se sabe si está durmiendo o soñando. Debe tener un ángel en algún lugar de su cabeza”.

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