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Los objetos encontrados de Luca

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En un día de paseo junto a sus tres hijos argentinos por Las Rosas, un pueblo de Traslasierra en la provincia de Córdoba, el hermano menor de Luca Prodan, el recordado artista de nacionalidad inglesa e italiana, dialoga con El Ciudadano en un parate de sus actividades, que comprenden la música, el teatro y la radio en la capital cordobesa, donde está radicado. Andrea Prodan cuenta sobre el pasado y el legado del ex líder de Sumo a través de objetos, imágenes y sonidos que se aprecian en Luca a puertas abiertas, exhibición instalada en el Salón de las Miradas de Plataforma Lavardén (Mendoza y Sarmiento), que se puede visitar hasta el 31 de mayo, de lunes a viernes de 10 a 19 y dos horas antes de cada espectáculo, con entrada libre y gratuita. “Me gusta salir e ir a explorar, y volver a Rosario para estar en un lugar mágico como Lavardén es otro regalo que Luca les da a la gente y a sus hermanos”, confiesa Andrea.

Luca a puertas abiertas expone discos, casetes y afiches que el músico enviaba a su familia, y algunos objetos personales como ropa, instrumentos y fotografías de su vida pública y privada. “I am the Pelato”, se llama una carta enviada a Londres donde el remitente cuenta que acaba de renunciar Galtieri, que Argentina perdió con Bélgica en el Mundial de España 82, y que el boxeador Sergio Víctor Palma no pudo retener su título: que el orgullo argentino, está “noqueado”.

—¿Cómo fue el armado de esta exhibición de objetos de Luca?

—Sin darme cuenta comencé a tener en mi casa muchos objetos que se fueron acumulando durante años, fotografías sobre todo, que me regalaron amigos y fans de Luca, a las que sumé otras de mi familia, fotos de nuestro pasado. Tengo el bajo Hoffner de él, con el que compuso temas como “Virna Lisi”, del primer disco de Sumo, Corpiños en la madrugada, y también tengo guardada una guitarra Eko original que él quería mucho. Primero me ofrecieron hacerlas conocer en la Biblioteca Nacional y me pareció bien, por ser en un lugar gratis, popular y público. Con la fotógrafa rosarina Gisela Ardit nos propusimos traerla a Rosario y conseguimos dos semanas en este lugar mágico que es Lavardén y que se ajusta a lo que buscamos.

—Es difícil imaginarse a Luca acumulando objetos….

—Bueno, el bajo de Luca llega a mí porque una amiga de él se lo dio a Timoteo Mackern (que era representante de Sumo). Y la guitarra estaba en Italia desde el 85, después de su último viaje. Con ella compuso los primeros temas de Sumo e incluso los anteriores, como “Breaking away” o “Like London”.

—Entre lo más valioso de la muestra está la famosa foto de la actriz italiana Virna Lisi, a quien Luca homenajea en el tema de Sumo. ¿Cuál es la anécdota?

—Siempre que está en el medio Luca pasan cosas muy extrañas y divertidas a la vez. Con Virna Lisi fue increíble cuando hice el protagónico en la película I ragazzi di via Panisperna, de Gianni Amelio, donde Virna hacía de mi madre. Luca ya había editado la canción, entonces se lo cuento a ella y me responde: “Nadie nunca me ha compuesto una canción, ni siquiera Sinatra que decía que estaba tan enamorado de mí, así que a ver si la traes”. Ella era una actriz hermosa y muy buena; cuando yo le llevé el disco a ella le encantó y me regaló una foto con la dedicatoria: “La canción es bellísima, placer de conocerte”. Y yo pensé en darle una sorpresa a Luca. Y al final fue una amargura porque él falleció antes de recibirla y nunca supo de esa conexión con Virna.

—Además hay fotos de la familia Prodan.

—Hay muchas fotos de su colegio, cuando estaba en una escuela del norte de Escocia, que era una escuela muy progre, pero por otro lado era también espartana, casi militar. Allí estaban los dos hijos de la Reina Isabel: digamos que no era “cheta” sino de calidad.

—El 17 de mayo Luca hubiese cumplido 62 años; ¿cómo lo imaginás a esa edad?

—Es muy difícil. Probablemente Luca hubiese vuelto a Traslasierra porque era amante de la naturaleza y de la paz; aun cuando lo veían gritando arriba del escenario podían pensar que era una bestia punk, pero tenía varias facetas, adoraba a los pájaros, por citar un ejemplo. Me imagino que estaría conmigo, cantando canciones y haciendo pequeñas cosas para gente que se quiera acercar. Pera la fama lo llevó para otro lado, Sumo fue una bomba explosiva y Luca cumplió con todo lo que quiso hacer.

—¿Tenía mucho humor?

—Sí, era muy divertido y los otros integrantes de Sumo lo amaban porque te hacía cagar de risa; claro que era un poco peligroso porque era un eterno “quilombero”. Él tenía la libertad de hacer lo que quería.

—Estás radicado en Argentina, ¿viajás a Italia?

—Después de la muerte de mi madre y mi hermano ya no tengo a nadie en Italia, sí muchos amigos, y me siento más cómodo acá. Tengo tres hijos argentinos, y tenemos una vida normal. Ahora dirijo una obra de teatro, tengo un programita de radio y de vez en cuando hablo de mi hermano y hago feliz a la gente llevando sus cosas como en esta muestra.

—Tu actividad artística en Europa fue muy rica: llegaste a desempeñarte como actor en films de directores como Liliana Cavani, Peter Greenaway, los hermanos Taviani y el gran Federico Fellini. ¿Cómo fue la experiencia con este último?

—Fue extraño el trabajo con Fellini porque fue del otro lado de la cámara, no como actor sino como asistente de cámara, porque en una época quería ser director de fotografía y trabajé con Ennio Guarnieri, un director de fotografía que integraba el equipo de Fellini. Así que hicimos Ginger y Fred y también un comercial. Era fascinante mirarlo en acción, porque era un “hermoso hijo de puta” (risas). Fellini era tremendo, muy querible y al mismo tiempo terrorífico porque agarraba a una persona por día y la torturaba y todos los otros se cagaban de risa, pero obviamente era un personaje.

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