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Los espías de San Martín

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    La hazaña del cruce de los Andes casi le cuesta la vida al propio San Martín.

Los problemas que surgieron en Mendoza tras su llegada, convencieron al general José de San Martín de que debía tomar serias medidas para poder realizar su obra libertadora. Fue a raíz de la llegada de los chilenos, vencidos en Rancagua, que no solo venían a buscar refugio, apoyo, casa y comida, sino que también trasladaron los problemas políticos que existían entre ellos como la rivalidad entre los hermanos Carrera y el general Bernardo O’Higgins.

Existen muchas cartas en las que San Martín se dirige a Miguel Carreras para recordarle que él está en tierra extranjera, que no es su patria y que debe obedecer a quien gobierna; que no puede dar órdenes a los subalternos de San Martín; y en una agrega: “Hay una caterva de soldados dispersos, que cometían los mayores excesos, se saqueaban los víveres y se tomaban con un desorden escandaloso los carros que remitía este gobierno para nuestros hermanos emigrados”. “Los robos eran multiplicados”, dice. “Les quitaban las mulas a los oficiales mientras les ofrecían sablazos”. En cierto momento, Carrera se atreve a decir que son maltratados, a lo que San Martín responde: “Se equivoca señor, ya que hasta el último emigrado ha sido recibido como hermano en desgracia” (Mendoza 17 de octubre de 1814).

Los problemas que denuncia San Martín no terminaron con esta carta, sino que siguieron hasta que los Carrera se aliaron con los indígenas y comenzaron a maloquear, agregando más dolores de cabeza al gobierno argentino.

Otro problema grave al que tuvo que hacer frente San Martín tras Rancagua fue que a la espera de que cruzara la Cordillera el ejército español desde Chile, debía fortificar la frontera, comenzando por Uspallata. Trató de guarnecerla, sabiendo que si cruzaban no podría pararlos, ya que no poseía aun un ejército instruido. Comenzó entonces lo que en la historia se conoce como “guerra de zapa”, cuyo significado es guerra de mentiras, hacer llegar a Chile información falsa, pero sin que sospecharan en absoluto. Preparó espías para que informaran mal, al punto que si San Martín hubiera muerto en guerra no hubieran podido regresar a su vida anterior, aunque por suerte no fue así. Hizo conocer que construiría un puente con pontones para cruzar el río Diamante con el grueso del ejército, lo mismo dijo a los aborígenes, a quienes citó a un gran Parlamento en la plaza de San Carlos y a su gran amigo, Fray Inalicán, le expresó la misma falsa estrategia.

Pero retrocedamos un poco en el tiempo, ubiquemos a San Martín con Juan Martín de Pueyrredón en Córdoba, cuando tras la declaración de la Independencia en Tucumán, el 9 de julio de 1816, se reunió, en la citada ciudad, con el recién nombrado director supremo de las Provincias Unidas de Sud América. Le debía pedir muchas cosas y obtuvo casi todo lo que solicitó, como la creación del Ejército de los Andes, nombrando a San Martín general en jefe. Este Ejército se instalaría en Mendoza para su preparación.

San Martín requirió a Pueyrredón todo lo que le era necesario y éste le respondió que lo ayudaría con lo más que pudiera pero que las arcas estaban vacías, por lo que muchas de las cosas solicitadas nunca llegaron.

San Martín llegó a Mendoza y decidió instalarse para la preparación de su Ejército en un campo cercano llamado El Plumerillo, por la especie dominante en el campo: las cortaderas. El Ejército se instruía y preparaba en el Plumerillo, bajo la mirada atenta del general. Ahí se realizaban las maniobras tácticas necesarias, se les enseñaba a usar las armas y acondicionarse para el cruce de los Andes.

Fue en este período cuando la guerra de zapa, se hizo más intensa, debía confundir al enemigo.

Con la ayuda de Fray Inalicán, a quien había nombrado juez del Fuerte de San Rafael, (habiéndole ofrecido el cargo de comandante, que el fraile no quiso aceptar considerando que no era militar), invitó a todas las tribus vecinas a un Parlamento que se realizó en el Fuerte de San Carlos. Esta reunión fue muy importante, porque les pidió permiso para pasar con las tropas por sus tierras y les solicitó ayuda para su ejército, comunicándoles que la división principal pasaría por el Sur, por el paso del Planchón, habló también de la construcción de un puente sobre el Diamante para que cruzaran las tropas y de toda la ayuda que necesitaría en caballos, expertos en la montaña y muchas cosas más.

Las palabras de San Martín fueron traducidas por Fray Inalicán y seis intérpretes más. A su término, los caciques se quedaron pensando y luego de un momento de profundo silencio comenzaron a hablar en orden y sin interrumpirse. Finalmente el cacique gobernador, Ñacuñán, le hizo una síntesis a San Martín diciéndole, que salvo tres caciques que estaban en disidencia, el resto lo apoyaría. Nada de lo hablado en el Parlamento ha quedado escrito en actas o documentos, sólo lo que escribió San Martín a Guillermo Miller, un historiador inglés, diez años después. Yo considero que fueron esos tres en disidencia los que fueron a contar lo dicho por San Martín al enemigo en Chile, porque los pehuenches habían permanecido fieles al gobierno de Mendoza desde mucho tiempo atrás.

Las noticias que llegaban a Chile se referían a que cruzaría por varios pasos para sorprenderlos; los espías transmitían la información que San Martín se encargaba de hacerles llegar, falsas en su casi totalidad. Llegó un momento en que el enemigo no sabía cómo prepararse para enfrentar al Ejército, y terminó haciendo lo que San Martín había previsto: dividir las fuerzas para esperarlos por todos los pasos posibles. San Martín sabía que el enemigo tenía más fuerzas que él y si se reunía y lo esperaban todos juntos, de ningún modo podría vencerlos: usó la máxima: “divide y vencerás”.

Los pasos por donde cruzó el Ejército fueron seis: Paso de Come Caballos en La Rioja, de Guana y Los Patos en San Juan, de Uspallata, El Portillo y Planchón en Mendoza. El grueso del Ejército lo haría por los pasos de Los Patos (Las Yaretas) y de Uspallata (La Cumbre), por el resto cruzarían pequeñas divisiones con el fin de hacer ruido y alertar al enemigo.

La división que cruzó por el paso del Planchón, la del sur, salió del Plumerillo el día 14 de enero de 1817, comandada por el teniente coronel Ramón Freire, de origen chileno, quien había llegado a Mendoza después de Rancagua. Llevaba con él cuatro oficiales, 75 soldados de infantería, 25 granaderos a caballo y todo lo necesario para la travesía.

Al decir de la profesora Orlana Pelagatti, no ha quedado registro del avance de la columna en el Archivo Histórico, pero es casi seguro que pasó por el Fuerte de San Carlos, no así por el Fuerte de San Rafael.

Fray Inalicán expresa en un documento que a su regreso del morro, (puede referirse al cerro Diamante), donde según órdenes de San Martín debía esperar al brigadier don Bernardo O’Higgins, que pasaría el 13 comandando la vanguardia, que el encuentro “no se ha efectuado, lo que considera sería por justo motivo”. Y agrega que “sólo ha pasado por allí don Ramón Freire comandando su guerrilla”.

Al realizar el análisis de esta nota, podemos llegar a la conclusión que ni siquiera a su gran amigo Fray Inalicán, San Martín le había confiado por dónde pasaría el grueso del Ejército y que la división de Freire ni se acercó al Fuerte de San Rafael.

Al conmemorarse los 200 años de este magno hecho, una columna integrada por soldados de Campo de Los Andes y San Rafael han partido para tratar de rememorar la hazaña de Freire y sus hombres ¡Gloria para todos los bravos, los del pasado y los del presente!

(*) Historiadora y docente de San Rafael

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