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“Le vi la cara a Milagros y ahí me descompuse”

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    El fiscal Miguel Moreno está a cargo de la acusación en el juicio oral y público. Archivo / Ignacio Petunchi

“Le vi la cara nomás a Milagros, me descompuse, no aguanté ver el cuerpo cómo estaba” dijo Mateo. Es el abuelo de una nena de 14 años que apareció, en febrero de 2015, en un zanjón ubicado a pocos metros de la casa de su familia en Nuevo Alberdi. Su testimonio lo brindó en la primera jornada de juicio contra Juan José, un hombre de 28 años, vecino del lugar, que había llegado al barrio tres meses antes tras purgar una condena por abuso sexual. El juicio oral está en manos del tribunal compuesto por Hebe Marcogliese, Alejandra Rodenas y Raquel Cosgaya. Ante ellas, el fiscal Miguel Moreno solicitó prisión perpetua para un hombre que no movió un músculo durante toda la jornada. Por su parte, la defensa pública, a cargo de Juan Pablo Nardín y Susana Bríndisi, sostuvo su inocencia y refirieron que la acusación apuntó contra Pérez tras conocerse su antecedente pero argumentaron que no hay elementos para involucrarlo.

Los abuelos de Milagros hace 25 años que viven en Nuevo Alberdi, su casa se ubica al final de la calle Floduardo Grandoli, en la última cuadra, que se topa con un zanjón. Sobre la parte trasera de su vivienda corre el canal Ibarlucea. En el lugar se conocen todos. Nélida tiene un quiosco y Mateo un trabajo al que le dedica un promedio de 12 horas por día. Milagros era su nieta, la criaron hasta que la niña decidió vivir con su madre Gisela, a una cuadra de la casa de sus abuelos. El lugar es austero, de casas humildes. En esa última cuadra está la casa de los abuelos de Milagros,  la de Claudia, Damián y finalmente la de Dante, un hombre que tiene un horno de ladrillos. Es la última propiedad antes del zanjón. En su terreno tiene una pieza y atrás un rancho que ocupaba el propietario, quien tres meses antes del hecho había traído a su sobrino Juan José a vivir en la habitación del frente.

El mediodía del 15 de febrero de 2015 Gisela, la madre de Milagros Sánchez, la mandó hasta la casa de su abuela a buscar un control remoto. La chica llegó hasta la puerta donde su hermana le alcanzó el control y se retiró. Poco después, llegó su tío  Ezequiel,  en moto, a visitar a su madre. Al pasar por el horno de ladrillos vio a su sobrina parada en la puerta de la pieza de Juan José. Llegó de su madre y le preguntó por qué Milagros estaba allí y Nélida le respondió que había ido hasta su casa a buscar un control y se había ido, sostuvieron durante los relatos.

Ezequiel salió y caminó hacia lo de Juan José; una casa antes de llegar se encontró con su amigo Damián que le pidió que le ayudara a cambiar la rueda del auto. El vehículo estaba estacionado al costado de la casa,  pegado a la pieza de Juan José, relató. En un momento llegó Dante en una chata y pasó para su rancho, al fondo del terreno. Escucharon gritos de una chica, aunque no logró distinguir de quién se trataba, ya que Juan José tenía una mujer que no siempre se quedaba en la casilla. Su amigo le dijo que debían ser los vecinos que siempre se peleaban.

En eso observó a Dante ir hacia la pieza de Juan José y golpearle la puerta, los gritos dejaron de escucharse, Dante insistía “¿Qué pasa acá adentro? Abrime”, cuando finalmente salió, le dijo que peleaba con su mujer y se fue a trabajar, relató.

La búsqueda

Una hora después la preocupación por la desaparición de Milagros era un hecho. Su madre le mandó mensajes a su abuela, luego se fue hasta la casa pero no había rastros. Preguntaron a las amigas de la nena y nada. La buscaron, recorrieron el barrio y los alrededores, pero nada, detallaron los testimonios. Fueron a la comisaría pero no les tomaron la denuncia “porque había pasado poco tiempo”.

El hecho de que Ezequiel la haya visto junto a la puerta de Juan José fue un dato, pero el hombre negó haberla visto. Al día siguiente, la mujer del acusado llegó con bolsos. Cuando fue a comprar una gaseosa al almacén de Nélida, le preguntó a una vecina si Milagros había aparecido. Entonces la vecina le repreguntó si el día anterior su marido le había pegado, y le dijo que recién llegaba al barrio, sostuvo un familiar.

Según los testimonios, a primera hora de la mañana del jueves, otro vecino le contó a la familia que Juan José estaba limpiando y tirando agua al patio, lo que no era algo habitual. Al mediodía se retiró y Gisela junto a su hermana fueron a pedirle a Dante que les deje ver la pieza. Según la primera, el hombre accedió, había un colchón y una bolsa con ropa de mujer. El hombre les dijo que él no era un angelito y que su sobrino tenía una condena por abuso sexual. Ellas le dijeron que cómo no lo había dicho, que había muchos chicos en el lugar.

Finalmente el viernes se hizo un rastrillaje con perros y mientras esperaban los resultados Ezequiel y otro vecino se sentaron en una valla de frente al zanjón. En un momento vieron la punta de lo que parecía una bolsa entre los yuyos. Ezequiel dijo que era un nylon negro de un lado y blanco del otro con el que se tapan los ladrillos cuando llueve. Cuando se acercaron al zanjón tenía un cable de teléfono enroscado, y vieron que había un cuerpo dentro. La Policía cerró el lugar y comenzó a abrir el envoltorio. Sacaron a todos del lugar y cuando llegó el fiscal el abuelo saltó la valla. El funcionario le preguntó si podía reconocer el cuerpo. El hombre aceptó, pero al ver la carita de su nieta se descompuso.

El cuerpo de Milagros estaba en avanzado estado de descomposición, envuelto en una sábana y una frazada y nuevamente envuelto en un nylon atado con un cable de teléfono en el zanjón ubicado a unos 10 metros de la pieza de Juan José. Para el fiscal Miguel Moreno, “vaya a saber con qué patrañas hizo ingresar a la niña a su pieza”, donde intentó abusarla sexualmente. El funcionario sostuvo que Juan José tuvo un deja vú –en relación al antecedente de abuso que pesa sobre el hombre–, y decidió no regresar a la cárcel, por eso no dudó en quitarle la vida de una forma que solo él sabe, ya que el estado en la que se encontró el cuerpo impidió determinar la causa de la muerte.

Durante los tres días buscaron a Milagros “ante la mirada indolente del acusado”, sostuvo el fiscal y solicitó la pena de prisión perpetua por tentativa de abuso sexual por acceso carnal y homicidio criminis causa. Por su parte, la defensa oficial sostuvo que su cliente fue vinculado al caso por sus antecedentes, contó parte de la historia de vida del acusado, su condena por abuso sexual y la reinserción social que tuvo tras el hecho con la ayuda de sus hermanos. Sostuvo que no se va a poder determinar la causa de la muerte de Milagros ni siquiera si fue víctima de abuso o un intento de éste. Sostuvo que la Fiscalía no podrá demostrar la teoría del caso y solicitó la absolución de su cliente, que no declaró. El juicio continúa este viernes.

Antecedente

Juan José trabajaba en una fotocopiadora de Mendoza al 4400. El mediodía del 2 de noviembre de 2010 entró una clienta de 21 años a quien el empleado encerró y la manoseó y con un cuchillo la obligó a bajarse el pantalón. En un momento, salió hacia adelante y la chica aprovechó para ir hacia la vidriera y golpear pidiendo auxilio. Los vecinos intervinieron y Juan José terminó preso. En 2012 fue condenado a 4 años y medio por el hecho.

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