Viernes 18 de Abril de 2014

La experiencia como respuesta

Por: Rodrigo Joaquín del Pino

9 jun, 2012

La experiencia es una maestra. El deseo de objetos deriva en ansiedad, pero el deseo por la experiencia que trae el objeto es un poco más claro y trascendente. Nos puede ayudar.

El ego quiere un auto pero tú, en realidad, quieres la experiencia que el auto invoca en tu interior. El ego es feliz con los objetos, tú no. Y así con todo lo demás. Esto significa que, en última instancia, la experiencia está liberada de la forma específica, está más allá del objeto pensado por el ego. Ni el auto ni la pareja te hacen feliz, o eres feliz o no lo eres.

Todas tus preguntas pueden ser respondidas con una experiencia. La respuesta que buscas no podría ser nunca una palabra, aunque a veces la palabra invoca la experiencia. Lo que buscas no podría ser nunca un objeto, o una persona, o una situación, ni siquiera una identidad diferente a lo que eres. Únicamente buscas una experiencia, y la buscas a través de todo. ¿Cual es esa experiencia que tanto anhelas detrás de los objetos o logros que persigues?

Dentro del sueño de los cuerpos o formas cambiantes, hay una voz que te guía hacia objetivos que en general no contienen lo que buscas. Esa voz te dice que sabe fehacientemente dónde se haya el tesoro, pero lamentablemente, te corre de tu medio natural. Veamos. El agua se compara con la paz perfecta. Si sacas un pez fuera del agua, y le ofreces en la playa, una reposera, las mejores bebidas, una muy bella pez hembra (o macho según el caso) con quien charlar, música y un rico plancton, sentirá aún, con todo este placer en bandeja, que anhela el agua, su fuente de vida. De la misma manera, la paz es una experiencia, que al igual que el pez con el agua, no podemos definir, ni comprender, ni pensar, ni compartir; pero aún así, la buscamos a cada instante, como los peces al agua.

El ego te advierte que sabe muy bien donde está “la experiencia” que buscas. El te dirá: está en tu relación de pareja, está en un nuevo coche, está en el título universitario. Por el simple hecho de tenerlos, serás feliz, lograr esto es todo lo que hay. Luego te dirá: “la experiencia” que buscas está en tu bella casa, en tu cuenta bancaria, en los viajes y en la fama. Luego te dirá: “la experiencia” está en no dejar caer la panza, en estirar la cara con la piel de los glúteos, en tu nueva peluca y en un buen seguro de sepelio. Finalmente, caes en la cuenta de que la vida, dirigida por la voz del ego o temor subconsciente, es un gran chasco, o un gran chiste, donde tú eres el protagonista. El ego, con todos sus planes, nunca brindó “la experiencia” que prometió. Te dirá: ahora hay que seguir buscando, pero luego de que mueras, se acabó el tiempo.

Inconscientemente, buscas la paz que está más allá de toda razón. Esa paz, no se consigue a través de nada, es un estado de conciencia. Esa paz y alegría, fuera de la dualidad, fue confundida con la paz y alegría del cese de sufrimiento momentáneo, dentro de la dualidad de los acontecimientos del mundo. Y el cuerpo no es un fin en si mismo sino un instrumento para el amor incondicional, la sustancia de comunicación permanente, tal como el agua para los peces o el aire para nosotros.

Por ejemplo: cuando tengo hambre, como; y me da una sensación de paz y alegría, parecida a la sensación original, fuera del sueño de supervivencia corporal. Asocio la comida con la paz, y fabrico la noción de necesidad corporal. Me alejo de la experiencia de ser espíritu. Luego aparece en la mente la unión de percepción: la creencia de que soy feliz cuando como cosas ricas. Y la dificultad: ¡que difícil es vivir sin estos placeres!

La mente del hombre se puede expandir, más allá de los parámetros estipulados por la creencia en todos los órdenes. Puedes ir a tu centro de paz y alegría en el momento que lo decidas. El ego fabrica tiempo mental al ofrecerte supuestos placeres en la arena seca de la existencia corporal. El lamento proviene de no haber encontrado en el pasado la experiencia de la paz. El deseo proviene de la promesa de “una experiencia” en el futuro.

Y aunque la publicidad te venda experiencias: “consigue objetos y serás feliz de manera inmediata”, luego de un tiempo, le preguntas con tu mirada, a tu pareja: ¿Tienes la paz que busco de hace tanto tiempo? Le preguntas a los ojos de tus hijos, ¿hijo mío, traes tú la paz que busco de hace tanto tiempo? Le preguntas al dinero que esforzadamente obtienes: querido fruto de mi trabajo y dedicación, ¿me darás la paz y la alegría de vivir que tanto busco? Al final, en la madurez de tus días te das cuenta que “la experiencia” de paz y amor incondicional que buscas, es una de naturaleza puramente personal y que requiere de una práctica mental constante.

El mensaje es que “la experiencia” es siempre en momento presente, ¡ahora! …y te ofrece paz más allá de las condiciones, y por tanto, es verdadera respuesta. Esta experiencia no proviene de ningún suceso o acontecimiento del mundo, sino más bien, del interior de tu mente, cuando decides sentirte agradecido, amado y feliz. Pues, si no eres feliz ahora no lo serás nunca. Sólo puedes vivir, sólo puedes sentir en el ahora.

Cuando tienes una experiencia de paz, sientes que se te ha respondido.

No pierdas tiempo buscando… ¡Encuentra!

(*) www.humanodivino.com

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