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Johnny Cash: imagen de uso indebido

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    Uno de los neonazis que vestía una remera con el nombre del cantante country. Y la probable cara de Cash luego de haberse enterado de quiénes usaban su nombre.

Los violentos disturbios en Charlottesville de la semana pasada, provocados por los llamados supremacistas blancos, siguen dando coletazos hacia todos los costados. Con Trump a la cabeza, cuyas últimas declaraciones acerca de que no debían ser retiradas las estatuas de aquellos “próceres” que defendían la esclavitud –motivo principal de la reyerta– y la anterior sobre que tanto radicales de derecha y grupos antirracistas eran igual de culpables, provocó repudios a lo ancho y a lo largo del país. A esto se suman ahora las declaraciones de los hijos del cantante country Johnny Cash, autor de “I Walk the Line” y “Folson Prison Blues” entre otras magníficas canciones, cuyo nombre e imagen son usados a menudo por todo tipo de agrupaciones intolerantes. La música de Cash y su imagen en remeras o camperas suelen ser una constante en las manifestaciones de estos grupos, las cuales esgrimen que el cantante fue parte de un profundo sentimiento nacionalista que defendía “valores profundos” de la sociedad norteamericana y que sus canciones hacían ese tipo de alusiones. Expresiones, claro, que podrían caberle a cualquier norteamericano y aun a muchos afroamericanos, y de las que los sectores neonazis suelen hacer gala en busca de justificar sus acciones.

Culpa y redención

Lo cierto es que Cash estaba muy lejos de experimentar tales “sentimientos”, en todo caso su cosmovisión del mundo norteamericano que lo rodeaba descansaba más en los lazos invisibles que unía a los caminantes de esa tierra promisoria como algunos veían a los Estados Unidos. Lazos que tenían más que ver con las amistades surgidas espontáneamente, con tribulaciones morales sobre el dinero y la codicia, sobre la culpa de conductas improcedentes –como asesinar a alguien sin motivo– donde también cabía la redención o la aceptación de la soledad como, por caso, en Man in Black o One Piece At A Time, dos piezas que encierran fragmentos encendidos sobre esas materias. Cuando yo era solo un bebé mi mamá me dijo. Hijo / siempre sé un buen chico, nunca juegues con armas. / Pero le disparé a un hombre en Reno solo para mirarlo morir / ahora cada vez que escucho ese silbido cuelgo mi cabeza y grito /, canta en “Folson Prison Blues”, donde puede verse a la culpa atravesando alma y cerebro del presidiario.

Perdedores y abandonados

¿Hay mención a la violencia en algunas canciones de Cash? Claro que la hay, pero es una violencia surgida de una sociedad asfixiante, con clases campesinas educadas en el oscurantismo religioso y el fanatismo supremacista, reaccionarias a todo aquello que no es igual o no predica los mismos hábitos, en las antípodas de la diversidad. Y lo que surge como motivación de muchas de sus canciones es la letanía sobre la comprensión de estos males cuando ya es demasiado tarde, cuando la conciencia viene después de una mala jugada. Muchas de las canciones de Cash hablan de perdedores, de aquellos abandonados de “la mano de dios”, como él sostenía de sí mismo en los picos agudos de su adicción a las drogas y el alcohol. Cash recorrió las carreteras de Estados Unidos como pocos, las del medio oeste, las del sur profundo y aun las de los ricos estados del norte en épocas prósperas, donde se expulsaba a quienes no se adecuaban a los mandatos capitalistas; allí seguramente debe haberse cruzado con no pocos de aquellos a quienes menta en sus canciones. Puede verse así que el universo de Cash se encuentra a distancia sideral del credo que profesan los neonazis, intolerantes y demás yerbas que pululan por toda Norteamérica. Se trata lisa y llanamente de una apropiación para generar algún tipo de empatía entre los seguidores del cantante, que se cuentan de a miles, a partir de simular algún tipo de conexión con su música o con sus letras.

La remera

El uso de imágenes y símbolos que remiten a Cash por parte de los supremacistas niega la propia condición del músico porque se toma como una posición de verdad que supera los meros hechos. Cash era enemigo de cualquier verdad proclamada. Con tono declamatorio solía burlarse de los gritones y agresivos que surgían como hongos en los bares de mala muerte, en pueblos de mala muerte.

Un neonazi que vestía una remera con la imagen de Cash fue lo que motivó la reacción de sus hijos, que dijeron que Cash estaría “horrorizado incluso por el uso casual de su nombre o imagen por una idea o causa fundada en la persecución y el odio”. Y probablemente hubiera sido así, el cantante oriundo de Tennesee estuvo cerca del espíritu que profesaban músicos como Bob Dylan, Kris Kristofferson, Willie Nelson, T. Bone Burnett, quienes alarmaban en sus canciones sobre la creciente intolerancia y racismo de su país, expuesto crudamente durante los últimos años –y ayer nomás en Charlottesville– con el gatillo fácil policial practicado sobre una indefensa población negra.

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