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Gran Rosario: la mitad vive con unos 4 mil pesos por mes

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    El promedio de ingresos por cápita fue elaborado a partir de datos que genera la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Archivo / Marcelo Martínez Berger

El Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) emitió un informe sobre el ingreso per cápita en el Gran Rosario con cifras que llaman la atención. En promedio –incluyendo en cada familia a los mayores empleados y desempleados pero también a los niños o estudiantes que no perciben salarios y a los jubilados–, la mitad de la población percibe unos 4 mil pesos al mes. Al 31,6 por ciento, en tanto, apenas le tocan 2.766 pesos, siempre según procesaron los economistas a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec. Según el relevamiento, el 43,8 por ciento de los habitantes del aglomerado está entre los tres niveles que menos ingresos perciben. Sobre la brecha económica, el estudio concluye que el 10 por ciento de los hogares con mayores ingresos tiene ingresos  523,67 por ciento mayores que los de menores ingresos. “Los resultados son esperables pero no deseables. Se repite una realidad con familias numerosas, con poco ingreso, formación, ocupación y con más chicos”, explicó a El Ciudadano el subdirector del observatorio, Germán Tessmer.

Siempre según datos del informe, el 51,78 por ciento de los habitantes del Gran Rosario (662.014 personas) está inactivo. Del total (1.278.467), casi la mitad (660.306) percibe entre 1.000 y 5.000 pesos per cápita (no quiere decir que sean esos sus ingresos salariales) . Tessmer apuntó que estos números contradicen en parte lo que explicaron desde la fuerza política Cambiemos, en el momento de la discusión por Ganancias, en torno a una presunta presión tributaria justa. “Las personas con menos ingresos son las que más presión tributaria tienen, entre el IVA y demás tributos personales, en relación con su nivel de ingreso. Les estás quitando la mitad del sueldo. Por el contrario, a medida que aumenta el ingreso baja la presión. En los niveles más altos,  los impuestos y tributos se llevan menos del 40 por ciento”, comparó el economista.

Educación y lo que falta

El informe de la UNR, a partir de los datos provinciales y nacionales, también abundó sobre niveles de instrucción. Sólo el 0,8 por ciento de la población de los niveles de ingresos per cápita menores puede completar los estudios superiores. “Eso es esperable (aún cuando la educación es de libre acceso) por los bajos niveles de ingresos económicos”, explica el documento del Observatorio. “En una sociedad desigual, como la que se describe, es un error atribuible mayor posición laboral al mérito individual”, sumaron.

Del total de la población, detectaron 379.367 personas que no completaron el nivel secundario. De ese universo, casi el 30 por ciento (131.016) percibe entre mil y 5 mil pesos. Del total, 169.624 completaron el nivel universitario.

Consultado por qué tipos de datos no se relevan y serían auspiciosos para mejorar el debate de las políticas públicas, Tessmer señaló que deben construirse indicadores sobre salud y educación. “No tanto de la cobertura o no, o la matrícula o no. Tenemos que ver qué calidad de educación y salud se da”, explicó el economista. También criticó a quienes se oponen a los informes del estilo del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, conocido como Informe Pisa, que en Argentina se implementa en los Operativos Nacionales de Evaluación (ONE). Los ONE se hacen cada tres años desde 2007. Algunos especialistas diferencian el ONE y el plan Aprender, un relevamiento educativo que a mitad de octubre de 2016 levantó polémicas en las escuelas de Rosario y el país.

El 18 y 19 de ese mes, casi 1,4 milón de alumnos de escuelas primarias, secundarias, públicas y privadas sólo fueron a las instituciones a cumplir con una evaluación que iba a arrojar niveles de aprendizaje. Docentes, alumnos y gremios, en ese momento, rechazaron el Aprender porque lo consideraron el inicio de un proceso de recálculo de presupuesto educativo según el rendimiento de cada escuela. Otros, incluso, lo señalaron como el primer paso de políticas de educación neoliberales que apuntan a la privatización del sistema.

“Si queremos discutir niveles de bienestar, debemos buscar datos sobre calidad”, se diferenció Tessmer.

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