Espectáculos

Gazdanov y el enigma de un crimen sin víctima

  • image1
  • image2

NOVELA
El espectro de Alexander Wolf
Gaito Gazdanov
La Bestia Equilátera
2014 /187 páginas

“Nada influyó tanto en mi vida como la única muerte que cometí y cuyo recuerdo ha ido dejando su regusto amargo en todos mis días. Y no es que me haya visto, ni entonces ni ahora, en peligro de recibir el menor castigo, pues todo sucedió en circunstancias excepcionales”. Con semejante párrafo se inicia la novela El espectro de Alexander Wolf, del escritor ruso nacionalizado francés Gaito Gazdanov, un inquietante y atrapante viaje del narrador que a partir de toparse con un relato donde se cuenta esa muerte que cometió en su pasado, pero desde el lado de la víctima, comienza a buscar denodadamente a su autor y arrastra al lector por un derrotero predominantemente verosímil  donde, sin embargo, la historia del buscado y su percepción son cotejadas en distintas temporalidades y siempre a través de un aura algo enigmática.
Escrita entre 1947 y 1948 durante el exilio parisino de Gazdanov, la novela presenta al protagonista viviendo en París y trabajando como periodista con señas particulares probablemente muy similares a las suyas, ya que habiendo pasado por Bulgaria y Turquía, el autor terminaría recalando en la capital francesa. Se trata de un expatriado que visita comedores y bares atendidos y visitados por rusos en su misma condición y con algunos de cuyos parroquianos establece vínculos en procura de encontrar pistas para hallar al autor del relato donde se describe su crimen, cometido cuando fue soldado en la guerra civil rusa –siendo un jovencito de 16 años– y en una situación cuya evocación tiene mucho de inmaterial y reverbera en una dimensión casi irreal, onírica. El espectro de Alexander Wolf está planteada como una novela imbuida de un romanticismo que no sería exagerado tildar de filosófico ya que el sentido común de las peripecias del protagonista va constantemente poniéndose en cuestión por apariciones inesperadas pero de naturaleza concreta, que producen efectos en el protagonista y modelan sendas paralelas. La aparición de una misteriosa mujer rusa llamada Elena, con la que mantendrá una relación amorosa cada vez más profunda, y la de otro ruso exiliado cuyos recuerdos trazarán para el protagonista una serie de pistas específicas para encontrar al “espectro” del hecho traumático que intenta descifrar, serán esenciales para develar ese pasado y su convergencia con el presente del narrador. “No me quedaba la menor duda de que el autor del relato era el desconocido contra quien yo había disparado…”, y luego, “…Era absolutamente necesario conocer a ese hombre…”, escribe para conjurar y alentarse a descifrar el carácter hipotético del hombre que consideraba muerto.
La prosa de Gazdanov es más bien seca pero rica; por momentos melancólica y apurada por levantar la tensión a través de un proceso acumulativo de visiones y recuerdos que van sedimentando la trama, solazada con lo fantasmal y con la idea de la supuesta instancia especular que puede florecer entre dos protagonistas de un mismo hecho trágico. Hay, si se quiere, hasta algo de metafísico en ese alguien que sobrevivió a la muerte y lo cuenta (escribe) como una fatalidad a la que el destino tuerce el camino para que, en un énfasis de ese propio destino, el victimario alguna vez lo lea. Tal como también Gazdanov, por boca de su protagonista, convierte en elementos dominantes de la historia aspectos como la muerte, la felicidad, la inutilidad de los actos cotidianos. “…Nada había cambiado, todo estaba igual: caótico e infeliz. Más de una vez me dije con desesperación que conocía casi hasta el hastío el ambiente y los seres con los que habría de vivir toda la vida y que no tendría ninguna probabilidad de cambiar…”, apunta el protagonista estableciendo su perspectiva acerca de la existencia, que no es otra que la que ejerce el autor para plantear su novela. Crítico e inmune a las falsas morales que ciertas reglas de convivencia se afanan por perpetuar entre los hombres –que en el final estrictamente “policial” de la novela se desnudan y exhiben su lado inverso– el protagonista es sumamente consciente de que  sus percepciones fueron construyendo la trama en un hilado de consignas disconformes y postergadas que lo llevarán demasiado lejos, andando un camino –la idea de viaje al corazón de esas tinieblas subyace en todo el texto– difuminado y vago y donde los interrogantes emergen como contexto y sus efectos son naturales a la forma de la novela, a su estética formulada en la extrañeza y el desasosiego.

Vida de un ruso en Paris

Gaito Gazdanov  nació en San Petersburgo, Rusia, en 1903 y, declarada la guerra civil en su país, se alistó en el llamado Ejército Blanco que enfrentó al gobierno de Lenin. En 1923 recaló en Francia donde vivirá hasta 1967. Gazdanov desempeñó oficios muy diversos, entre ellos el de taxista nocturno, trabajo que realizó durante 24 años para poder escribir en su tiempo libre. Tuvo una activa participación en la Resistencia gala y escribió una decena de novelas, numerosos cuentos y artículos periodísticos. En castellano, además de El espectro de Alexander Wolf (escrita entre 1947 y 1948), se conocen Una noche con Claire (1929) y Caminos nocturnos (1939-1940).

EDICIÓN IMPRESA

Subir

Diseño y desarrollo Departamento Sistemas Diario EL Ciudadano & La Gente