Cine

Fernán Mirás presentó su ópera prima en Rosario


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    "Yo confío mucho en el inconciente del espectador”, dijo el actor y director del film Fernán Mirás.

Ya se puede disfrutar en los cines rosarinos del film “El Peso de la ley”, realizada por el actor y flamante director Fernán Mirás. En la película hace hincapié en la alarmante distancia que hay entre los derechos civiles y la estructura del sistema legal.

Finalmente, y tras seis semanas en cartel en Buenos Aires, llegó este jueves a los cines rosarinos El Peso de la Ley, una película del actor Fernán Mirás devenido ahora cineasta. En su ópera prima Mirás, quien además de dirigir es coguionista y protagonista, cuenta con figuras como el actor rosarino Darío Grandinetti, Paola Barrientos y María Onetto.

Ni comedia, ni thriller, costumbrismo o drama judicial solamente, El Peso de la Ley tiene un poco de todos esos géneros y más; el tono se yuxtapone para contar una historia basada en hechos reales de una forma personal. Y es por eso que puede verse como una película arriesgada: por la elección musical (el director elige música de Bach para la banda sonora), hasta por su narrativa, y por la forma de contar una historia que expresa la alarmante distancia que hay entre lo que le sucede a una persona desprotegida de sus derechos civiles en cualquier lugar del país y lo que ocurre puertas adentro de los tribunales, con la mezquindad judicial en primer plano.

“Me dirás por qué me estoy metiendo en estos riesgos en una primera película”, dijo Mirás en un diálogo con El Ciudadano. Y respondió que, si bien sabía cómo protegerse de los riesgos, “sentí que debía hacerla como la sentía”.

El peso de la ley, rodado en escenarios de Buenos Aires, Necochea y Mar del Plata, cuenta la historia de Gloria Soriano (Paola Barrientos) quien debe defender a un acusado de violación al que considera culpable. En toda su carrera nunca le tocó defender a un inocente y tal vez esa sea una de las causas de su desencanto por su profesión y por el sistema legal. Su vocación adormecida parece despertarse cuando se ve obligada a litigar contra la fiscal Rivas (María Onetto), quien fue su admirada profesora en la facultad. El sistema legal convirtió a la Fiscal en lo contrario a lo que enseñaba y su vínculo íntimo con el juez de la causa (Darío Grandinetti) deja en desventaja a Gloria.

La música de Bach para crear sentido dentro de la historia, es un punto en el que cabe detenerse por un momento. “Cuando pensé utilizar Bach para la banda sonora, el productor y otra gente vinculada al film, me dijeron que estaba loco. Encontramos que esas obras que luego interpretó la concertista Cecilia Pugliese le daban a la película una unidad y una profundidad más allá de todo lo imaginado”, contó el director y actor sobre la tan arriesgada elección. Y destacó: “Yo confío mucho en el inconciente del espectador”.

Según contó Mirás, uno de los desafíos era combinar los escenarios de un pueblo áspero, en donde ocurre la historia, con el edificio de los tribunales, aunque destacó: “Bach es tan complejo que parece música incidental. Se escuchan tres piezas desglosadas y usadas de distintas maneras a lo largo de la historia”.
En su carrera como actor, Fernán Mirás participó en películas y series exitosas como Tango feroz: la leyenda de Tanguito, La banda del Golden Rocket, Vulnerables, Chiquititas, Para vestir santos y Tiempos compulsivos, entre otros. En ese camino trabajó con directores consagrados como Marcelo Piñeyro, Daniel Barone, Javier Daulte, Daniel Veronese y Alejandro Doria.

“El primer día tenía pánico de dirigir, pero al segundo recordé con quienes trabajé como actor durante toda mi carrera. Dependiendo del día me servía de lo aprendido de un director o de otro. Pero lo que encontré en el camino fue que un director tiene que ser un gran estimulador. A veces el director de una ópera prima tiene miedo de perder el control artístico o que la gente con la que trabaja sepa más que él. Yo lo que hice fue rodearme de gente que sabía más que yo y que, al mismo tiempo, respetaba que la decisión final siempre era mía”, apuntó Mirás al tiempo que confió: “Una de las cosas que descubrí en este rol fue el poder que tenía para contagiar al otro y ver cómo el otro se apropiaba de mis indicaciones y las hacía crecer”.

“A mí lo que me pasa –continuó el director y actor– es que siento, sin ninguna falsa modestia, que recién me sentiré director después de la tercera película. Hay algo que tiene que ver con poder cotejar”.
¿Podrá el juez impartir “justicia independiente” si le debe a la fiscal su nombramiento por sus contactos con la “familia judicial”? La brutalidad de esta inquietud que marca el pulso de la trama nace de un expediente real y concreto con personas que padecieron las decisiones tomadas en ese caso.

Esa pregunta marca el pulso de la acción dramática del film. Mientras en un pueblo que parece abandonado por la civilización, los supuestos víctima y victimario padecen las humillaciones y vejámenes a manos del sistema legal, Gloria lucha para que su idea de la justicia tenga sentido.

La película, en última instancia, habla del peso que cargan no sólo las víctimas o los acusados, sino también aquellos que trabajan en el sistema judicial. “En la investigación que se realizó durante el proceso de guión, y en las numerosas entrevistas, lo más revelador era la evidente lucha de las personas que trabajan en el sistema judicial por no convertirse en escépticos, burócratas, cínicos, o las tres cosas a la vez”, indicaron desde el equipo de producción del film.

“Pienso que el cine es todo. Quiero decir: (Andréi) Tarkovski para mí es Dios y Steven Spielberg me gusta mucho. Todo el cine nutre y enseña pero siento que me interesaba encontrar un punto donde poder profundizar el tema y que al mismo tiempo no fuera aburrido. Lo raro era hacer de esta historia una película de género. Pero la ambición fue no resignarme a que una película de género no pueda tener vuelo, y a la vez, que una película con cierto vuelo no pueda ser de género”.

EL GÉRMEN DE LA PELÍCULA

El peso de la Ley está basada en un expediente real. Uno de esos “tan absurdos” que los abogados “se lo pasaban entre ellos como un chiste”, contaron los productores del film. Y explicaron que, en la investigación que se realizó durante el proceso de guión y en las numerosas entrevistas, lo más revelador fue la evidente lucha de las personas que trabajan en el sistema judicial por no convertirse en escépticos, burócratas o cínicos: “A cada uno que se le preguntaba por qué había decidido estudiar derecho, palabras más, palabras menos, la respuesta fue «porque era muy ingenuo«”.

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