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El terremoto dejó desolación, pero también mucha solidaridad

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    Puños en alto. Cuando se escuchan gritos, los rescatistas levantan los brazos y detienen el ruido para buscar sobrevivientes. Télam

La solidaridad emergió luego de la destrucción en México, donde miles de personas se acercaban a las principales zonas afectadas por el terremoto de 7,1 grados que hizo colapsar 40 edificios en la Ciudad de México para ayudar a los damnificados, a 24 horas de la tragedia que hasta ahora suma 225 muertes.

Durante un recorrido por la zona de La Condesa y La Roma, dos de las colonias más afectadas, se puede constatar la presencia de miles de ciudadanos congregados desde diferentes puntos de esta metrópoli portando comida, medicinas y agua, para retirar escombros junto con los cuerpos de protección civil.

“Desde ayer, cuando vivimos el sismo, lo primero que hicimos fue organizarnos para armar brigadas de las diferentes zonas y venir a ayudar en lo que podamos”, contó a Télam Monserrat Ramos, estudiante de enfermería, quien concurrió acompañada de otros 50 universitarios.

El terremoto de ayer, que se registró las 13.14 hora local en los límites de los estados de Morelos y Puebla, a unos 120 kilómetros al sureste de México, ocurrió exactamente 32 años después del terremoto de 1985, que sorprendió a esta ciudad cambiando su rostro y dejando miles de muertos.

“Esta vez nos volvió a sorprender”, comentó Jorge Abraham Peña, voluntario que apoya el retiro de escombros de un edificio totalmente caído entre las calles de Medellín y San Luis Potosí, donde además de comercios y laboratorios habían departamentos.

El hombre contó que “estaba en el centro comercial (enfrente de donde se encontraba), cuando se registró el terremoto y cayó el edificio. Desde entonces no nos hemos movido. Se han rescatado a unas 6 u 8 personas, no recuerdo exactamente, otros se han sacado heridos, pero esos no los contamos”.

Con sólo un cubre boca como protección, el joven, vecino del barrio, narró que por la noche llegó una persona afirmando que recibía mensajes de texto por Whatsapp de un familiar diciéndole que estaba vivo, por lo que de inmediato trabajaron y rescataron a una persona que fue llevado a un centro médico.

Por ello, cada vez que alguna persona cree haber escuchado algo entre las ruinas levanta el puño para que todos guarden silencio y de esta forma agudizar el oído para saber si verdaderamente existe alguien con vida y puedan operar de manera más rápida los cuerpos de rescate.

Como esa historia, al menos tres casos se han registrado en las últimas horas tras este sismo que hasta el momento ha dejado 225 personas muertas: 94 en México, y el resto en los estados de Morelos (71), Puebla (43), México (12), Guerrero (Cuatro) y Oaxaca (uno).

La Secretaría de Gobernación informó que hay cinco albergues en la Ciudad de México, 13 en varios municipios del estado de Morelos y dos en el de Puebla, tanto en centros deportivos y sociales, como en escuelas, casas comunitarias, auditorios e iglesias.

En todo el país fueron abiertos centros de acopio para recibir víveres, objetos de uso personal y comida, así como utensilios de apoyo para remover los escombros.

Frente a un edificio colapsado en la avenida Nuevo León donde trabaja maquinaria pesada, se empeñan varios estudiantes guiados por personal del Ejército y rescatistas.

Como zona de tragedia lucían las calles de esos barrios que tradicionalmente se caracterizan por ser turísticos, con cafés llenos y restaurantes atiborrados, poblados ahora por brigadas con casco, pala y pico.

Las actividades urbanas bajaron de intensidad este miércoles, por la suspensión de clases y de sitios de trabajo hasta que no sean revisadas las estructuras de los edificios.

 

 

Para muchos ésta ha sido una gran tragedia, pues perdieron todo su patrimonio, como lo dijo Luis González, sacando las pocas pertenencias de su departamento afectado estructuralmente, en Avenida Chapultepec 44.

“No nos dejan sacar nada excepto las cosas importantes. Acababa de comprar hace dos años el departamento, pero estas son cosas materiales, hay gente que está bajo tierra”, dijo resignado González, quien vivirá con sus familiares.

El presidente Enrique Peña Nieto decretó tres días de luto nacional por las víctimas del sismo, que se registró 134 minutos después de un simulacro de protección civil inspirado en el siniestro de 1985.

“México comparte su pena #FuerzaMéxico”, dice un mensaje en Twitter de la Presidencia de la República.

El Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, dijo en entrevista que 39 edificios reportan estructuras severamente dañadas o derrumbados, mientras que entre 500 y 600 edificios requerirán una revisión, y unos 30 necesitarán de mayor cuidado.

Mancera dijo que persiste la esperanza de que existan personas con vida bajo los escombros. Por eso, el trabajo de rescate va “a seguir siendo manual, para no meter maquinaria”.

Además de La Roma y La Condesa, un derrumbe que mantiene a la población en expectativa es el del Colegio Enrique Rebsamen, al sur de esta capital, donde continúa la búsqueda de chicos y maestros atrapados.

En el lugar se reportaron cerca de 30 niños y adultos muertos, hubo varios chicos rescatados con vida y también decenas de alumnos aún desaparecidos.

El jefe de la céntrica delegación Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, dijo a la prensa que en la demarcación hay 24 inmuebles a punto de colapsarse y 27 que ya están derrumbados.

El director de la Comisión Federal de Electricidad, Jaime Hernández, dijo que hasta las 7 del día hubo un avance de 85 por ciento en el restablecimiento de la electricidad en la capital, donde cerca de 1,8 millones de hogares y comercio fueron afectados.

Aclaró que las colonias más afectadas -la Condesa, Hipódromo Condesa, la Doctores, Roma Norte, Roma Sur, Del Valle y Narvarte, al sur del centro de la ciudad- “no se energizarán” porque continúan los trabajos de rescate, a fin de evitar riesgos por las réplicas del temblor.

Las autoridades dispusieron que todo el sistema de transporte público de la Ciudad de México sea gratuito, lo mismo con algunos servicios privados, aunque recomendaron no salir a la calle de no ser necesario.

El tránsito, que en un día hábil normal sería caótico, fluye despejado porque mucho de los habitantes del Valle de México no fueron a trabajar, mientras que en las zonas de desastre la circulación fue suspendida.

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