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El ingreso al nivel inicial estuvo entre los pedidos a Papá Noel


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    No es fácil conseguir lugares en una escuela pública y mucho menos elegir dónde mandar a los más pequeños.

En diciembre de 2014 el Senado de la Nación sanciona la ley 27.045 que modifica algunos artículos de la ley de Educación Inicial. En su texto se establece: “La obligatoriedad escolar en todo el país se extiende desde la edad de 4 años hasta la finalización del nivel de la educación secundaria”.

El espíritu filosófico de las modificaciones, que fueron promulgadas para entrar en vigencia durante el ciclo lectivo 2015, está expresado en el artículo 18 donde sostiene que la educación inicial es una unidad pedagógica que incluye a los niños desde los 45 días hasta los 5 años de edad, siendo obligatorios los dos últimos años.

La idea que inspiró la modificación es la de transformar el nivel inicial en una etapa en sí misma, donde ya no se hable de preescolar, como algo que está antes de la escuela, sino como una unidad pedagógica con objetivos propios.

La necesidad de que los niños puedan estar en la escuela fue otro de los principios de la modificatoria, en este sentido, se entendió que ingresar a edad anticipada a la escolaridad puede favorecer a las familias más desprotegidas en un doble sentido: como lugar de contención y como espacio de aprendizajes tempranos.

La norma también establece la necesidad de que Nación y provincia hagan los esfuerzos necesarios, para “universalizar los servicios educativos para niños de tres años de edad y priorizar la atención educativa de sectores menos favorecidos”. Todo ello atendiendo cuestiones pedagógicas y de promoción de derechos ajustados a las características de cada lugar.

La creación de un cuerpo normativo y la posibilidad de que éste dé cuenta de una necesidad, no es directamente proporcional a las contingencias de ponerlas en práctica. En Rosario, el cierre de la inscripción al año lectivo 2017 para las salas de 4 años es una prueba de ello.

Las navidades del año pasado, fueron bastantes turbulentas para las autoridades del Ministerio de Educación, dirigentes gremiales, directivos y padres que aspiraban a inscribir a sus hijos para el inicio de la escolaridad. La falta de lugares en algunos establecimientos calentó un verano que todavía no había mostrado sus peores días.

Las escaramuzas entre el gremio y el ministerio comenzaron temprano, cuando los trabajadores habían alertado que la falta de infraestructura iba a menospreciar el ingreso de noveles estudiantes al nivel inicial. Los padres se enteraron más tarde.

En esta beligerancia de declaraciones, las autoridades del ministerio sostienen que los problemas son puntuales en algunas escuelas, mientras que Amsafé habla de 400 chicos fuera de las aulas. En todo caso, no será la primera vez y tampoco la última que los padres tengan que padecer profundas angustias al momento de anotar a sus hijos en la escuela. Esta problemática abre un abanico de análisis, porque como toda realidad vinculada con lo pedagógico, tiene múltiples aristas que coadyuvan a complejizar la visualización de un universo que a veces es dilemático.

La normativa que regula el ingreso a las escuelas es del año 1990 y establece una serie de prioridades al momento de anotarse en las escuelas. El decreto 4340 sostiene que tienen preferencia los alumnos que ya vienen cursando, segundo los niños que tengan hermanos en el establecimiento y pertenezcan a su radio escolar. Luego los que sean hijos de algún miembro del personal escolar. En cuarto lugar, los chicos que pertenezcan al radio. Posteriormente los que tengan hermanos en el establecimiento y no pertenezcan al radio escolar y por último, los que no pertenezcan al radio escolar.

La normativa es clara, lo que no quiere decir que sea justa y mucho menos que dé cuenta de una realidad social en movimiento. Al momento de elegir una escuela los padres ponen en juego algo más que un cuerpo jurídico, consideran diversos aspectos, entre ellos, la propia experiencia escolar, la excelencia educativa que prometen las instituciones, la libertad para desarrollar determinados gustos como la danza, la música, el dibujo, etc. También influye la posición de las escuelas frente a niños repetidores y la necesidad de alejar a los chicos de los barrios más violentos.

La pedagoga Graciela Frigerio agrega otras razones como: la ubicación del establecimiento en el espacio geográfico socio histórico y la trama de instituciones sociales que conforma el contexto, el edificio y sus instalaciones en su calidad de hábitat y su significación simbólica, los recursos materiales en sus dimensiones cuantitativas y cualitativas, las personas en sus características de identificación, su capacitación para la tarea y las vinculadas a su personalidad, los sistemas de organización que pautan la conducta e interacción entre los miembros, los modelos y las ideologías y los resultados institucionales.

En los últimos tiempos hay que agregar a esta lista, la necesidad de algunas familias de anotar a sus hijos en escuelas públicas del centro de la ciudad, como una forma de alejar a los niños de la violencia urbana que sufren algunos barrios.

Las expectativas, reales o simbólicas, de las familias con respecto a la calidad educativa de algunas escuelas, influye al momento de elegirlas. Si bien las experiencias familiares son diversas y varían según las clases sociales, muchos esperan que las escuelas puedan proporcionar buenos vínculos sociales y laborales.

En este sentido y como parte de un ideario de futuro, los padres suelen depositar muchas expectativas al momento de pensar el ingreso a una escuela. Por supuesto que frente a todo esto, y más allá de las preferencias, siempre está el fantasma del “radio escolar”.

La delegada de la Región VI Daiana Gallo Ambrossis sostuvo que el decreto está vigente y debe cumplirse más allá de las opiniones que puedan tener los directivos, funcionarios o padres. La definición parece absolutamente lógica y ajustada a derecho, salvo para aquellos cuyos hijos quedaron sin poder ingresar a las escuelas a las cuales aspiraban.

Lo cierto es que la realidad social y cultural ha profundizado sus cambios y las expectativas y experiencias frente a la escuela no son iguales que hace 25 años. En este contexto, es importante jerarquizar a las escuelas en su totalidad y de manera equitativa, para evitar que algunas puedan cubrir sus cupos durante las primeras horas de inscripción y otras que, aún dentro del mismo radio, no pueden completar sus matrículas.

Evidentemente, al menos en la consideración de los padres, hay escuelas que gozan de mayor prestigio que otras. En este marco, la manera en que las autoridades podrían desactivar los conflictos de todos los años, es promoviendo la calidad (educativa, edilicia, tecnológica, de infraestructura, etc.) y equidad de todas las escuelas públicas de la provincia. En este umbral de igualdad, sería más sencillo para los padres definirse por una u otra escuela.

El Nivel Inicial, dice el decreto 4340, se propone: “Potenciar el desarrollo humano en los primeros seis años de vida, etapa en la que se sientan las bases de una personalidad sana, autónoma, solidaria y creadora”. También se plantea: “promover el proceso de socialización del niño para una integración a su medio histórico, social y cultural como protagonista de su transformación”. Son principios filosóficos muy fuertes, como para no intentar que la educación de los niños sea la más adecuada.

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