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El gobierno advierte que hay un “plan helicóptero”

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    El jefe de Gabinete, Marcos Peña, dijo que existe un plan de desestabilización.

“No hay que dejarse llevar por las voces que necesitan que fracase el cambio, empezando por la ex presidenta Cristina Kirchner. Desde el primer día demostraron ese rechazo profundo a la voluntad democrática de los argentinos”. Un día después de que de la CGT definiera el paro general del 6 de abril, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, le puso nombre y apellido al supuesto plan de desestabilización que asedia a la administración de Mauricio Macri.

En esa conferencia de prensa y con esa frase quedó clara la intención del gobierno de denunciar el “plan helicóptero”, del que varios comunicadores vienen hablando hace semanas. Y también la búsqueda de una polarización electoral con un kirchnerismo vivo pero muy reactivo para amplios sectores de la sociedad.

El presunto plan se apoya en declaraciones públicas de los dirigentes más radicalizados del gobierno anterior y también en informes de inteligencia criminal del Ministerio de Seguridad que dan cuenta de una saturación callejera para “limar” al presidente.

En la semana que terminó y en consonancia con la declaración de guerra del jefe de Gabinete, funcionarios nacionales hicieron circular nuevamente una filmación de mayo de 2016 de la inauguración de un local de la Tendencia Piquetera Revolucionaria en la que estaban figuras “K” como el intendente anfitrión Jorge Ferraresi, Luis D’Elía y Andrés “Cuervo” Larroque.

Allí, cuando apenas transcurrían seis meses del nuevo gobierno, los oradores plantearon directamente “sacar a Macri” del poder en forma anticipada.

En el Ministerio de Seguridad, en tanto, circula un volante firmado por un “Partido Piquetero”, que el gobierno atribuye al kirchnerismo, en el que se invita a participar de un marzo “obrero y antimacrista”. El panfleto propone “un mes de protestas y paros nacionales” y “el juicio político” a Macri.

Repartido en febrero, el volante promovía la concurrencia a 14 manifestaciones previstas para marzo, incluida la del paro general de la CGT que habían previsto para el 30, pero que finalmente la central obrera fijó para el 6 de abril.

En ese marco hay opiniones de todo tipo. Para Marcos Novaro, un intelectual muy crítico del kirchnerismo, está en marcha un asedio de sesgo antidemocrático similar al que la CGT de Saúl Ubaldini y el PJ de entonces instrumentaron contra Raúl Alfonsín.

En cambio, para el ex presidente Eduardo Duhalde, acusado por Fernando de la Rúa de pilotear el helicóptero que lo eyectó del poder, el supuesto esquema de desgaste asociado con el peronismo en la oposición “es un mito” y tampoco ocurre ahora

La calle, ajena

Como parte de un plan o por reclamos genuinos, lo cierto es que la calle fue nuevamente ganada por movimientos piqueteros de distintas corrientes.

La visibilidad de las protestas también expone a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien había anunciado la implementación de un “protocolo antipiquetes” y generó un fuerte contrapunto entre Macri y Horacio Rodríguez Larreta.

Al final de la semana y por enésima vez, el jefe del Estado ordenó al jefe de gobierno tomar cartas en el asunto con su nueva fuerza de más de 20 mil efectivos. El protocolo, ahora menos ambicioso, debería ser puesto en marcha en la próxima manifestación, al menos para que no haya cortes totales ni prolongados.

Reacio, Rodríguez Larreta sabe que la intervención policial puede ser un fósforo en el gasoducto, sobre todo cuando todavía hay un sector de la fuerza –¿propenso a sabotear?– que rechaza y resiste el traspaso de la Federal a la ex Metropolitana.

Mismo rumbo, otro discurso

La polarización con el kirchnerismo “feo, sucio y malo” parece ser la nueva receta del gobierno ante una realidad que dista de la que esperaban para el inicio del año electoral.

“La intención es denunciarlos y que termine siendo contraproducente para ellos. Está pasando con (Roberto) Baradel (líder de la protesta docente en Buenos Aires), que se está desgastando solo”, señaló una fuente oficial.

En esa línea, la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, decidió confrontar a fondo con los líderes gremiales –a Baradel lo acusó de kirchnerista y pidió evaluar la quita de la personería gremial al sindicato Suteba–, aunque en su entorno reconocen que el conflicto también impacta en la imagen hasta ahora blindada de la mandataria.

Las últimas encuestas no son alentadoras para la administración de Cambiemos. El aumento de tarifas y algunos errores no forzados del equipo de mando –el plan Precios Transparentes o las sospechas sobre el acuerdo con el Correo– impactaron en el humor social, aunque en el oficialismo esperan tener buenas noticias para comunicar próximamente.

Es cierto que algunos indicadores dan cuenta de una recuperación económica, pero los alcances de esa eventual reactivación todavía no se van a sentir en los bolsillos.

“(El vicejefe de Gabinete Gustavo) Lopetegui despliega planillas y planillas positivas sobre la economía, pero ya no se va a hablar de la mejora, porque sería cometer el mismo error del año pasado, cuando hablamos del segundo semestre. Se va a ratificar el rumbo y a decir que este es el camino para una recuperación sostenida. En definitiva, la gente espera el cambio”, situó un funcionario del gabinete nacional.

Fue a la salida del encuentro nacional de Cambiemos, el viernes, en el que Peña y el resto de los oradores pidieron una defensa del modelo M, mucha organización política y “geolocalizar” la campaña en cada distrito o provincia para tener cercanía con el elector. Alguien, socarrón, recordó el “tajaí” de Sergio Massa en la elección presidencial.

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