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El drama de ser y parecer: una trans logró que la obra social le pague la depilación definitiva en la cara

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Cuando Sandi Sánchez viaja en colectivo a trabajar como portera en la escuela Laprida de barrio Vía Honda suele ir sola. Aún si el colectivo está lleno, el asiento del costado está vacío. Cuando quiere parar un taxi pasan de largo. Hace 3 años la trans lucha por verse cómo se siente. Pisando los 40 años está camino a la segunda cirugía. Tiene implantes de silicona adelante y a fin de mes armonizará la silueta con dos más en la cola. Para completar quiere hacerse la depilación definitiva en la cara. No quiere más dolores de panza por tomar todos los días pastillas que tiene 8 veces más hormonas que los anticonceptivos. Retrasan el crecimiento de la barba, pero también espesan la sangre, traen depresión y arruinan el hígado y el páncreas.

El mes pasado la Justicia local se apoyó en la ley de Identidad de Género y ordenó a la obra social del Estado santafesino que le reconozca el tratamiento que para las mujeres es de belleza. A la obra social, que se opuso porque lo consideraron una cirugía estética, le queda llevar el caso a la Corte Suprema de Santa Fe. Sánchez todavía no cambió su DNI. Admite a El Ciudadano que no es prioridad. Antes necesita verse y que la vean como mujer.

Adecuado

En 2015 Sánchez demandó a la obra social del Instituto Autárquico Provincial de Obra Social (Iapos) para que le cubran tres procedimientos: implantes mamarios, de glúteos y la depilación definitiva. Iapos cubrió dos, pero  entendieron que la depilación no era necesaria. La mandaron al hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, donde le negaron el tratamiento porque tenía obra social. Encontró apoyo legal gratuito en una asociación que la representa. “Soy afortunada de tener trabajo en el Estado y cobertura de salud, lo que es muy raro entre las chicas trans. Las cirugías son caras y los juicios también”, cuenta y recuerda que entró a trabajar antes de llamarse Sandi. El cupo trans en la Municipalidad de Rosario empezó a funcionar recién este año. Entraron 5 personas.

Sánchez es portera en la escuela Nº 660 “Francisco Narciso Laprida” en Biedma al 5200, corazón del barrio Vía Honda, donde vivió su infancia. El año pasado la directora, que fue su maestra de primaria, la acompañó a hacer una volanteada para denunciar a Iapos por incumplir lo que dice la ley 26.473 de Identidad de Género.

Votada en 2012 y reglamentada en 2015 da el derecho a todas las personas de reconocer su identidad de género, desde cambiar el nombre en el documento hasta la imagen física. Incluso si necesita cambiar apariencia o función corporal. Debe ser por los medios que la persona elija. “Es todo muy nuevo. La ley detalla tratamientos (vaginectomia, faloplastía con prótesis peneana, escrotoplastía, entre otras) y deja abierta la puerta a los que vengan”, opina Sánchez. Otro de los tratamientos es la feminización del rostro, aunque dice no necesitarlo. Son intervenciones quirúrgicas costosas para suavizar rasgos atados a los pómulos, la nariz, el mentón y la “nuez de Adán”.

A fin de agosto los jueces de la Sala II de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial Gerardo Muñoz, María de los Milagros Lotti y Oscar Puccinelli entendieron que la depilación de Sánchez no es sólo estética. “Es una práctica que claramente tiende a modificar caracteres que responden al sexo genético y que sirve para promover para que la imagen de la actora se adecue al sexo autopercibido”, escribieron.

La vida

“La ley se creó para respetarla y cuidarnos. Y para evitar que una chica se inyecte aceites que la hagan morir antes de los 50 años porque no puede pagar una operación segura de implantes. Con las hormonas es lo mismo”, dice.

La expectativa de vida trans en Argentina no supera los 42 años. La falta de trabajo, expulsión de los hogares y dificultad de para alquilar o comprar una casa se suma a la búsqueda de la imagen femenina que también es peligrosa. En 2015 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó un informe sobre violencia contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex en América Latina. Advirtieron del peligro de los procedimientos informales y arriesgados de transformaciones necesarias para la identidad y la expresión de género. Son muertes prevenibles, señalaron en el informe y dieron ejemplos: “En un estudio en Bogotá (Colombia) el 96% de las mujeres trans recurrió a personal de salud informal para transformar sus cuerpos. El 55% fueron hechas en la casa de un amigo o amiga, y el 14% en garajes y clínicas privadas sin licencia”.

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