Cultura

Doloroso salto al pasado: Martín Sivak y “El salto de papá”

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    Martín Sivak construye un relato que media entre la memoria y el ensayo, en el que describe la tortuosa saga familiar que incluye el suicidio de su padre, Jorge, y el secuestro y asesinato de su tío Osvaldo.

MEMORIAS / ENSAYO
El salto de papá
Martín Sivak
Seix Barrla / 2017
312 páginas.

“Antes de tirarse de palito de un piso dieciséis, papá se despidió de la clase obrera argentina. Un grupo de albañiles que levantaba el hotel Hyatt a treinta metros no le retribuyó el saludo. Intentó detenerlo con gritos cuando puso el pie derecho en el alféizar de la ventana”, inicia su libro Martín Sivak, sobre cómo fue el suicidio de su propio padre, un relato crudo e íntimo que intenta comprender la particular y paradójica muerte, al igual que la vida de Jorge Sivak, un banquero comunista que decidió terminar con su vida en diciembre de 1990, cuando le decretaron la quiebra de su empresa y tras haber perdido a su hermano Osvaldo y a su mejor amigo a manos de los esbirros de la dictadura militar. En su libro, Martín afronta uno de los episodios más trágicos de su vida y reconstruye una tragedia que aún hoy golpea a la sociedad argentina, además de indagar en cuestiones como la lucha interna de un hombre por no ver claudicar sus principios o la compleja relación de un padre con un hijo.

El caso Sivak

Al igual que los casos de Julio López y Santiago Maldonado, la desaparición de Osvaldo Sivak en 1985 sacudió a la sociedad argentina y, en ese momento, al gobierno de Raúl Alfonsín. En el caso Sivak se comprobó que había sido obra de la llamada “mano de obra desocupada de la dictadura militar”, es decir, gente que se había acostumbrado al robo y al rapto de personas para obtener un botín. En el caso de Osvaldo, se pidieron cinco millones de dólares. La “rica aristocracia conservadora” daba un golpe, trataba de devolver al barro a la “rica plebe comunista”, que osó plantear diferencias, como expresó Sivak. En 1979, Osvaldo ya había sido secuestrado y torturado por “la banda de los comisarios”.

“Vi llorar a papá por primera vez un viernes nublado. El 6 de noviembre de 1987. El día después de que apareciera el cuerpo de Osvaldo”, recordó el periodista.

“Nunca había contemplado esa posibilidad”, recordó Sivak, porque en esa época tenía 12 o 13 años, a la vez que pensó en sus primas y en cómo serían sus vidas sin su padre. “Mamá nos abrazó y entramos al auto. Lloré mucho sobre la panza de papá y cuando levanté la vista vi lo que nunca pensé que podía ver: unas lágrimas enormes en los ojos de papá”, describió en su libro Sivak, sobre cómo se vive la intimidad de un tema de repercusión nacional al que muchos ven pasar por las páginas de los diarios.

Sivak señaló también que su padre había prometido llevar a la Justicia a “los peces gordos” responsables del secuestro y muerte de su hermano, “sin embargo, cayeron policías de poca monta: Buletti, el jefe de la banda operativa, y José Lorea, el que disparó y cubrió a sus cómplices desde una seccional cuando se produjo el secuestro, por lo que recibió 30 mil dólares”.

Más tarde, una puñalada desde el propio entorno familiar hiere a su padre. Marta Oyhanarte, la viuda de Osvaldo, acusó a Jorge de no haber hecho un buen papel.

Noticia de un suicidio

Cuando supo la noticia de la muerte de su padre, Martín se arrojó a la pileta de su casa y trató de aguantar lo más que pudo abajo del agua. Sin embargo, a casi 30 años de esa pérdida, expresa que no buscó un desahogo sino una explicación sobre su vida y su muerte.

También recuerda que usó la corbata de la escuela con los sacos de su padre para hacer frente a las reuniones de abogados y solucionar la quiebra de la empresa familiar.

La respuesta que halló fue que en su padre vivía el fuerte dolor de haber perdido a su mejor amigo secuestrado durante la dictadura militar y, luego, a su hermano. También, habitaban en su padre la fuerte contradicción del mandato familiar de estar al frente de los negocios con sus deseos de estudiar historia, por ejemplo. Martín Sivak reconoce que su padre no era bueno al frente de la empresa bancaria porque daba créditos incobrables y se metía en emprendimientos poco redituables como exportar zapatillas a la Polonia comunista o fabricar “vaqueros socialistas”. Al igual que David Graiver, la cuestión es si la ortodoxia del mercado eliminó a esos herejes, o si los que creen que el mercado se rige por leyes ortodoxas, los eliminaron.

Herencia paterna

El salto de papá también indaga en la relación de un padre con su hijo. En una entrevista a Página 12, Martín Sivak expresó que la muerte de su padre fue una gran pérdida, también la bancarrota empresaria y familiar los dejó sin nada luego de haber vivido holgadamente. Sin embargo, eso le dio posibilidades para su vida. Haber podido desarrollarse profesionalmente y “hacer lo que le gusta”, ser periodista.

En su novela, que es también una investigación periodística y un ensayo, Martín Sivak opone la imagen de su padre con la de su abuelo Samuel, quien surgió de la pobreza del interior entrerriano y supo construir un “imperio” económico. Sin embargo, el abuelo dejó una imagen distante y ascética. El abuelo estaba ligado al Partido Comunista, mientras que Jorge, el padre, había estado afiliado pero se fue del Partido, militó en las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL) y sufrió la cárcel por ello. En tanto, fue el abuelo quien dejó el mandato de continuar al frente de los negocios familiares. En oposición, Jorge es presentado como un padre cómplice con su hijo, un hombre que hace partícipe de las preocupaciones políticas y sociales a su vástago. Martín recuerda que por su casa pasaban personalidades públicas y que su padre lo incitaba a que los entrevistara.

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