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Diatriba de un cuerpo en estado de ebullición


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    “Manifiesta (cuerpo en expansión)” , de Carla Tealdi, ofrece un conmovedor trabajo de la actriz Jésica Biancotto.

Es el carácter omnipresente de un cuerpo maltratado que se dibuja y desdibuja en escena, que empuja en los bordes de sí mismo y de la mirada de quienes lo contemplan, lo que aparece en primer plano en Manifiesta (cuerpo en expansión), una experiencia bella y perturbadora, de visión imprescindible, quizás la primera en su tipo en la ciudad que trabaja sobre un cuerpo femenino en ebullición, que pone en tensión no sólo su condición de tal, sino, y sobre todo, su ineludible poder político, una particularidad que encuentra una caja de resonancia en todos los cuerpos del presente.

El de Manifiesta es un corpus de obra que se divide en tres, y es el que da “cuerpo” a la obra en su instancia de puesta en escena. Está integrado por mujer-actriz (Jésica Biancotto), mujer-violinista (María Belén la Rocca) y mujer-iluminadora (Carla Tealdi), una tríada que rompe con la solemnidad, que estalla, que salta, que fluye, que propone, que desafía, que se cuestiona y arriesga con inagotable originalidad, que manifiesta.

En el recorrido, sujeto a una performance que transita entre el hastío y la conmoción, la actriz-perfomer (enorme trabajo de Jésica Biancotto) rompe con la idea de cuarta pared y desafía los límites de su propia conciencia en una búsqueda de libertad absoluta no sólo hacia el cuerpo femenino sino con destino a todos los cuerpos, algo que se trastoca ante la mirada, los prejuicios y los condicionamientos que la sociedad supone que debe imponer.

El material busca poner en tensión un cuerpo femenino que no es utilizado como bandera sino como metáfora de todos los cuerpos, que desde el presente transita hacia un futuro definido por la pansexualidad entre tantas variables a la que ese cuerpo puede arribar. Pero es en este presente en el que ese cuerpo en acción discursiva, detalla y denuncia cuáles son esos lugares a los que arriba sólo por su condición de cuerpo de mujer, atravesado por el “deber ser”. De hecho, según la hipótesis que dio origen al trabajo, es la variable que lo ha alejado de su verdadera naturaleza, y a la que el material, a modo de tesis, intenta arribar. Por lo mismo, no es casual que en el proceso de trabajo que comenzó hace dos años, haya aparecido la inmanencia del texto-tratado de Félix Guattari, Para acabar con la masacre del cuerpo, de 1973. Precisamente, es en el campo de lo político, sobre todo en tiempos de #NiUnaMenos, donde el material aporta su costado más valioso y potente, porque la energía que amalgaman estos tres cuerpos en escena que remedan en uno, trabaja sobre la alteridad, es decir refiere al “otro” desde la perspectiva del “yo”, y en esa estrategia discursiva-escénica, empuja al espectador, lo corre, al menos en términos simbólicos, de la comodidad y seguridad que supone ofrece la platea, porque en ese cuerpo contemplado están todos los cuerpos.

Pero además, se trata de un trabajo donde lo estético no ha quedado de lado: hay un espacio escénico cuya circularidad responde a la lógica de la repetición y una dramaturgia potenciada desde el color y las formas, con una notable profusión poética que dialoga en el presente continuo que supone el recorrido de esta utopía sobre el cuerpo de cara a los “condicionamientos” y “adiestramientos” a los que lo somete el capitalismo, sus nomenclaturas e identidades prestablecidas, momentos en los cuales la risa se vuelve una ineludible vía de escape.

Por lo demás, como inicio y final, la metáfora de un útero materno devenido en lugar de resguardo y de juego, y el agua como medio vital, son los elementos más tangibles, junto con la omnipresencia de la actriz, que atraviesan el contexto dramático de un espectáculo que empuja a pensar, y que en su diatriba transita por una serie de estados de conmoción apoyados acertadamente por algunos aportes simbólicos como son las líneas de la bella “Qué pena siente el alma”, de Violeta Parra, o el “Ave María”, donde la actriz, por si fuera poco el conmovedor despliegue que se impone, canta, y como todo lo que hace en escena, lo hace maravillosamente.

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