Martes 21 de Octubre de 2014

Desde la Perdriel al mundo

Lejos parecen haber quedado aquellos días en El Torito, donde Angelito Di María hizo sus primeros pases brillantes, o los momentos en que ayudaba a su padre a repartir carbón.

Publicado el 2 julio 2014
Por Carlos Duclos

Lejos parecen haber quedado aquellos días en El Torito, donde Angelito Di María hizo sus primeros pases brillantes, o los momentos en que ayudaba a su padre a repartir carbón. Hoy, aquel chico humilde del barrio La Cerámica, que deslumbró por aquellos tiempos haciendo un gol olímpico en una final, es una estrella del fútbol internacional. Angelito acaba de poner a la selección, con un pase impecable de Messi, en los cuartos de final del Mundial. Lo que no ha quedado lejos es su humildad de corazón, ese no renegar de sus orígenes, eso que hace grandes de verdad a los seres humanos.

Di María, muestra con orgullo el tatuaje en su brazo que rememora sus raíces: “Nacer en la Perdriel fue y será lo mejor que me pasó en la vida”. A diferencia de tantos cracks del fútbol mundial y nacional que “se la creyeron” y a quienes la fama y el dinero los perdieron. Angelito es un agradecido de su pasado, y es también un muchacho sensato y bueno. Casado con Jorgelina Cardoso, una mujer que “hace juego a la perfección con Ángel” y que muy lejos está de la frivolidad que caracteriza a ciertas personalidades femeninas del mundo futbolístico, la pareja debió sortear momentos difíciles cuando nació prematuramente su hija Mía, quien permaneció internada y en estado delicado por casi dos meses en una clínica de Madrid. “Mi hija me enseñó que todo se puede, a saber que lo más difícil a veces se puede convertir en algo fácil, –diría luego el jugador– en que el esfuerzo de uno puede tener recompensa, me enseñó a saber sufrir y a saber aguantar el dolor, a ser más fuerte…”. Ayer, el gol que le dio el pase a la selección nacional a cuartos y que hizo gritar de alegría y en éxtasis a cuarenta millones de argentinos, el jugador se lo dedicó a su esposa y a su hija haciendo un corazón con sus manos. Merecida alegría para un gran jugador y mejor ser humano que desde la Perdriel deslumbró al mundo.

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