Espectáculos

Desde Córdoba, con gran refinamiento

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    Pedro Paiva, que junto con Alejandro Orlando integra Los Modernos, habla del show en el que festejan 15 años, una nueva propuesta del dúo creado en La Docta en 2002.

Una anarquía de palabras que buscan su destino y lo encuentran en el público. Un humor con estilo infrecuente, con identidad, con el que Los Modernos ha transitado desde 2002 hasta la fecha escenarios del país y del exterior, pero sobre todo, brillado en los propios, los de la Córdoba que los vio nacer en bares y pubs y de inmediato entendió que allí había otra cosa. Con esa misma anarquía de las palabras, pero a la hora de trabajar, de pensar y de poner a funcionar la maquinaria, el grupo integrado por el cordobés Alejandro Orlando y el uruguayo Pedro Paiva, regresa a Rosario para festejar sus quince años de recorrido, con un recorte de los grandes momentos de otros espectáculos que marcaron el  camino.

Los Modernos 15 años se presentará este miércoles, a partir de las 21, en el Teatro de la Plataforma Lavardén, de Sarmiento y Mendoza, donde también se venden las entradas.

“Los Modernos son un misterio para ser develado viéndolo”, dice Pedro Paiva. Y la frase es una confirmación: no se puede poner en palabras lo que hacen en escena, aunque sí contar que siempre se muestran despojados de toda puesta y apoyados en la actuación y en la singularidad del discurso, tanto en la forma como en los contenidos. Y en esa instancia, prevalecen los juegos de palabras, las resignificaciones de dichos populares y un estupendo manejo de la gestualidad y de la cadencia.

“Rosario es siempre una ilusión renovada; es la ciudad, por fuera de Córdoba, donde más veces nos presentamos, donde, desde el primer momento, tuvimos una respuesta inmediata con el público”, dijo Paiva, que un día partió de Montevideo en bicicleta, tiempo después llegó a Córdoba, y decidió quedarse.

“Siento que siempre tenemos que andar bordeando las definiciones, nos pasó desde el comienzo, desde las primeras veces que nos juntamos y pensamos en que podíamos hacer algo juntos, porque es muy difícil definir lo que hacemos; no es sencillo de explicar. De todos modos, hay algunas claves: nuestra forma de relato tiene una lectura original como también la tiene la interpretación. Y no hacemos lo que muchos definen como humor cordobés, es otra cosa, más allá de que residimos en Córdoba pero es sólo una cuestión geográfica”, definió Paiva. Y aclaró: “No hay nada del lugar, los guiones de las obras los escribo yo y soy uruguayo, y la combinación, a partir del encuentro con Alejandro, derivó para otro lugar, para la mezcla y la experimentación, porque tampoco hacemos humor uruguayo. De hecho, por esta dificultad de explicar lo que hacemos, creamos un pequeño slogan que simplemente nos sirve para salir del paso, y que dice que somos un misterio para ser develado viéndolo. Hay cosas que no se pueden contar, sería como querer explicar el sabor del chocolate, claramente no se puede, más allá de que puedas decir que es dulce o amargo, pero eso no es el chocolate”.

Refinado buen gusto

“Hacemos espectáculos de humor no chabacanos, y con cierto tono reflexivo, siempre buscando abordar una lectura poética de las cosas”, aporta Paiva, quien junto a Orlando aparece siempre en escena con faldas y suecos, muy mundanos, algo frívolos, y dueños de una “marcada elegancia y refinado buen gusto”, como solían decir en sus comienzos.

Respecto de la construcción de un lenguaje propio y de una infinidad de derivaciones y atajos a los que abrevan en sus espectáculos, de los cuales se recuerdan Fo, el filoso o Rómulo, entre otros, ahora ofrecen un nuevo recorte de esos textos ya transitados a los que suman canciones que dialogan con el delirio de todo el planteo.

“De algún modo, esas variables tienen una explicación en nuestra naturaleza y fue algo que fue apareciendo. No tenemos un director escénico, de hecho, nunca lo tuvimos, y en los años que estuvimos en España, antes del regreso, intentamos dejar allí un dúo de actores que emularan nuestra propuesta, pero no lo conseguimos. Eso confirma la singularidad de lo que hacemos, que evidentemente, sólo podemos hacerlo nosotros. Cuando sucede, sucede, parece que es así”, dijo Paiva en relación con la hilaridad en la que dialéctica y refinamiento se mixturan entre gags, guiños y lugares comunes que se vuelven poco comunes, mediante una especie de zapping verbal por momentos frenético, y en otros emotivo y crítico.

Inspiraciones diversas 

Finalmente, el actor habló acerca de aquellas cosas que lo motivan a escribir o que lo hacen reír. “Pensando en Rosario, soy un gran lector de la obra del Negro Fontanarrosa, y también me voy para Uruguay, y pienso en el humor de Leo Masliah, con quien somos contemporáneos, y respeto y admiro el humor de gente que en su momento hizo historia en la televisión argentina, como los uruguayos Espalter y Almada (se los recuerda por Telecataplum e Híperhumor, entre otros envíos), que hacían un humor que podríamos llamar blanco. De todos modos, uno de mis preferidos, también uruguayo, es Julio César Castro, más conocido como Juceca, escritor y actor al que la gente recuerda por su personaje Don Verídico. Pero también me siento cercano al humor del grupo inglés Monty Python, por su propuesta elaborada e intelectual”, analizó el actor. Y concluyó: “El humor es un lenguaje que nos permite otras cosas; yo aprovecho a hacer algunas reflexiones a través del humor porque el humor es mi modo de ver la realidad de las cosas. Por lo demás, hablamos de los grandes temas de la humanidad, que obviamente son también los grandes temas del teatro: salud, dinero y amor, más allá de que, como artista, siempre te enfrentás al desafío de hacer de eso una lectura original, algo que creo que logramos con Los Modernos. De hecho, somos dos masculinos con faldas, algo que desde el comienzo nos dio personalidad y nos hizo diferentes”.

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