Miércoles 22 de Octubre de 2014

De la madera a la música

Por Santiago Baraldi.- El rosarino Alejandro Llamosas es luthier y reivindica una profesión que busca sumar adeptos: “Me da satisfacción transformar un pedazo de madera en un instrumento para que vuelva a tener vida”.

Publicado el 13 julio 2012

“Me da mucha satisfacción contar con un pedazo de madera, que alguna vez tuvo vida, y transformarlo en un instrumento para que vuelva a tener vida; hay un cruce de sensaciones maravilloso cuando logro sacarle sonido a ese instrumento”, describe con pasión el luthier rosarino Alejandro Llamosas, quien repara y confecciona violines, guitarras y cuatro venezolanos. De chico se entusiasmó con las maderas y encontró en el oficio una manera de continuar con la música. El joven de 31 años, que participará desde hoy y hasta el domingo del Primer Encuentro de Luthiers Rosario 2012 (ver aparte), asegura que un instrumento de autor “tiene el valor de lo artesanal; la afinación del instrumento comienza desde el pedazo mismo de la madera, uno siente esa madera, la escucha y ve qué sonido puede sacarle”.

En su taller de zona norte, Llamosas se entrega a darle forma a un violín y está terminando una cuatro venezolana (es una guitarra pequeña de cuatro cuerdas). Las trabas a la importación, dice, le entorpecen su trabajo. “El violín es bien clásico y no sale del arce y el pino abeto, que son de las zona de los Balcanes y Alemania; hace más de 300 años que se hacen con esas maderas. Stradivarius vivió investigado para llegar a la perfección, fue buscando hasta llegar a la perfección con esas maderas. La guitarra, al ser un instrumento más popular, se ha probado con distintas maderas y depende mucho de la región también; aún hay mucho por investigar. Si bien hay estándares y formatos que se siguen, hay varias cosas en el tintero. Las maderas cambian, con las tapas de la guitarra ocurre que se va buscando un sonido, se trabajan los espesores. Si uno toma de un mismo tronco de un árbol dos trozos de madera y hace dos tapas, no van a salir con el mismo espesor, hay un montón de variantes que están en juego. En Buenos Aires hay dos casas que se encargan de traer maderas y me proveo de ellos. En guitarras es más amplio, se puede hacer con maderas nacionales como el algarrobo, que suena muy lindo; pero las mejores son de palisandro de la India o jacarandá de Bahía, las más nobles”, explica.

Llamosas estudió piano y guitarra, pero se volcó definitivamente a trabajar la madera hace seis años cuando comenzó a reparar instrumentos de amigos y familiares. Luego se instaló en Buenos Aires para tomar clases y capacitarse con Gervasio Barreiro, hoy presidente de la Asociación Argentina de Luthiers, quien le mostró el camino de los secretos del oficio. Su próxima meta es viajar a la cuna mundial de la luthería, Cremona, Italia, donde se encuentra el Instituto Antonio Stradivari.

En su taller, el joven luthier rosarino está rodeado de sofisticadas herramientas –también importadas– y frascos donde atesora virutas y aserrín de viejos trabajos que les servirán para reparar instrumentos. “Es común alguna rajadura en la tapa, pero hay músicos que me traen su instrumento sólo para cambiarle una cuerda…”, suelta como una curiosidad.

Confeccionar un violín demanda entre dos y tres meses; y una guitarra, entre 20 días y un mes. “Depende del trabajo que tenga en ese momento”, aclara. ¿Y cuánto cuesta? El luthier ensaya una explicación: “El instrumento de autor, una vez que salió del taller, adquiere más valor; el instrumento que uno compra en una casa de música, cuando salió, cuesta menos. El instrumento cuanto más viejo mejor; por ejemplo, si pasaron 200 años mejor. Hay instrumentos que comienzan a funcionar de manera óptima pasados los 50 u 80 años. Ahí juega un rol importante el estacionamiento de la madera. Una madera mal estacionada provoca que el instrumento se abra, se raje… altera todo. Los mangos son de cedro y esta madera necesita entre 30 y 45 años de estacionamiento. Hay gente que compra una guitarra de marca sin estacionar y a los seis meses desafina. El luthier tiene en cuenta todos esos detalles. Gibson fabrica en Estados Unidos dos mil guitarras por día, cortan los árboles, los secan de manera artificial… nosotros tenemos otros tiempos”.

Llamosas asegura que la luthería tiene mucho de autodidacta, y “hace que uno guarde sus secretos, pero ahora desde la Asociación se busca revertir esto y compartir el trabajo, difundirlo, por eso la importancia de la jornada de este fin de semana”.

A la hora de los costos, los precios en instrumentos de autor varían, “dependen del luthier, no hay un precio estandarizado; en el caso de los violines arrancan en 2.500 o 3.000 dólares para arriba; en el caso de las guitarras van desde los 1.200 o 1.500 dólares para arriba”.

Finalmente, Llamosas sostuvo que siempre tuvo la mirada muy cerca de este arte: “Puedo decir que me atrapó realmente cuando comencé a conocer de verdad lo que es ser un luthier. Un instrumento no es sólo un generador de sonido. Nosotros construimos algo que será parte de alguien para siempre. Cuando te encargan un instrumento vas construyéndolo y el músico va siguiendo esa construcción. El músico genera un vínculo con su instrumento antes de estar finalmente terminado”.

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