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“Cumplimos”: Ciudad Futura celebró su doble aniversario

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    Los tres ediles ganan lo mismo que sus asesores: ellos, particularmente, donan el 70% de sus dietas a la fuerza política. Ale Guerrero

“Teníamos el desafío, antes de entrar en las instituciones de mantener una pata en las instituciones y miles en la calle”, coinciden Caren Tepp, Juan Monteverde y Pedro Salinas. Los tres forman la segunda bancada “pura” más numerosa del Concejo Municipal y, a todas luces, la que menos tensiones internas tiene: cuando alguien habla, los demás asienten. Y entre todos forman matices de un relato único que tiene que ver con un doble aniversario, el de cumplir diez años de militancia “en el territorio” como se refieren a Nuevo Alberdi, Tablada y otros de los barrios más desplazados de la ciudad, y el de haber atravesado un año como miembros del cuerpo legislativo. “Cumplimos”, sintetizan, ya no por el paso del tiempo sino por haber ratificado y mantener vivo el compromiso con el que llegaron al cuerpo legislativo, el de “transformar la lógica de construcción política del afuera a propuestas concretas de abordar un conflicto o de otras propuestas que hablan de una ciudad diferente”.

Ciudad Futura se presentó electoralmente en 2013 con menos de 19 mil votos, y dos años después multiplicaba su caudal más de cuatro veces, al alcanzar casi 90 mil sufragios. El ingreso de la nueva fuerza política resultó fundante: Caren Tepp ocupó la segunda vicepresidencia del cuerpo legislativo.

No fue el único estreno. Un año después, Ciudad Futura resalta que los tres ediles ganan lo mismo que sus asesores: ellos, particularmente, donan el 70 por ciento de sus dietas a la fuerza política. Lo resaltan en la entrevista con El Ciudadano, y de más de una forma: “No es nuevo, son muchos los que donan sus ingresos a su fuerza. Pero nadie más de la mitad”.

También aclaran que, así, honran el acuerdo con sus electores: “No estamos haciendo carreras individuales. Es un movimiento político que se expresa en el Concejo y nosotros no somos diferentes a los compañeros que nos pusieron allí”, subrayan.

El mismo concepto hacen persistir en un año electoral. Si bien admiten que quisieran proyectar a Ciudad Futura fuera de Rosario (¿Provincia Futura?) y han trazado vínculos con otras expresiones, sobre todo sociales, en la capital provincial y en otras regiones santafesinas, no decidieron, al menos todavía, una expansión que “ponga en riesgo” su desarrollo como movimiento local.

Más bien, su proyección es otra: hablan de dejar en segundo plano sus propias figuras (“Ni somos profesionales de la política”, insisten), para dar preeminencia “al Movimiento”.

También reconocen coincidencias objetivas puntuales e incluso programáticas con otros sectores y bloques del Concejo, pero toman distancia. “Cada uno está en su propia interna”, identifican. El tiempo, parecen sugerir, está en 2019, con la idea de gestar una “nueva mayoría social” para cambiar la ciudad, dando las respuestas que hasta ahora, subrayan, no se han dado.

Una de ellas anotan en su haber, y mucho antes de ingresar al Concejo. La ordenanza que puso fin a la gestación de barrios privados y cerrados en Rosario. En 2010 lo consideraron como una batalla clave: el Partido Ciudad Futura estaba todavía en etapa embrionaria, pero ya había identificado su contracara: “la ciudad fragmentada”, el planteo de espacios acotados donde se concentra la opulencia, separados y a resguardo de la mayoría, donde se expanden la pobreza y la violencia. “Ahora los militantes se juegan la vida”, dirán ahora, apenas un lustro después en clara referencia a la economía narco, que va captando con puestos de trabajo mejor pagos y fuertemente peligrosos a jóvenes para quienes el mercado laboral formal no tiene nada que ofrecerles. “La territorialidad de nuestra experiencia política para nosotros es una clave distintiva dentro del Concejo para abordar los conflictos”, sintetizan los ediles.

Tepp, Monteverde y Salinas no sólo plasmaron una expresión de jean y zapatillas dentro del Palacio Vasallo, sino de un conjunto de ideas productivas arriesgadas pero sustentables. El Tambo La Resistencia es la única unidad productiva láctea integral que le queda a Rosario, cuna de una de las más importantes cooperativas de productores décadas atrás. En una provincia históricamente identificada como “cuenca lechera”, el sector está en crisis grave y a riesgo de perder decisión soberana, incluso a nivel nacional, sobre uno de los alimentos más demandados del planeta.

Lejos del imponente dispositivo tecnológico que ubicó a la lechería local entre las mayores del mundo, el último tambo rosarino se autoabastece, procesa materia prima que se paga al mayor valor de plaza a otros productores, elabora dulce de leche, quesos y otros derivados de alta calidad, los comercializa a menor precio, y es económicamente rentable. De ahí la defensa a rajatablas que hace Ciudad Futura del destino de las “ultimas tierras productivas” de la ciudad. El desalojo y destino a la especulación inmobiliaria o el “uso social” de ese sector rural de Nuevo Alberdi –siete hectáreas ocupa el tambo, pero son 250 las que un emprendimiento privado busca urbanizar– se está en manos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Es la batalla política lo que explican los tres ediles que está librando la nóvel fuerza política, más allá de que –insisten– el reclamo original se basa en un papel firmado bajo engaño por quien durante más de veinte años había permaneció asentado allí.

La misma lógica está en el proyecto que impulsan los concejales para prevenir inundaciones que dañan millones de dólares en infraestructura pública y causan estragos en la economía familiar de los afectados. Establecer reservorios de agua que existieron en tiempos geológicos y destinarlos a esparcimiento público, insisten, no sólo es la solución más integral, sino también la más barata.

Institucionalmente lo mismo hicieron con la escuela Ética en Nuevo Alberdi: ya con títulos oficiales (no sin otra larga batalla) la lógica de llevar la escuela al barrio y no el barrio a la escuela la exhiben con una deserción prácticamente cero.

El “abordaje diferente de los conflictos”, que pregonan los ediles de Ciudad Futura los llevó a proponer una salida diferente al cierre de Mefro Wheels, ahora en claras vías de solución a partir de la compra de un privado. En el punto más ciego del cierre de la única fábrica de llantas de acero del país, propusieron una alternativa público privada, casi sin antecedentes, con la Municipalidad de Rosario como accionista y socia. El esquema era análogo a la compleja experiencia de los tractores Pauny, que cumplió 15 años y remontó el cierre con una sociedad entre una cooperativa de obreros, una empresa formada por la línea gerencial y el municipio de Las Varillas, Córdoba.

“En cada conflicto sin resolver en la ciudad de Rosario creo que nosotros damos un sesgo distintivo del resto de las fuerzas políticas. Y no es propia de cada uno de los tres concejales que estamos ahí sino de la experiencia de diez años de militancia por fuera de las instituciones”, remarcan los ediles, que ahora trabajan por un proyecto para crear, el primer Hospital de la Mujer en Rosario.

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