Conciertos

Cuatro décadas en una sola noche

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    Gustavo Santaolalla pasó por El Círculo con “Desandando el camino”.

Fueron meses de espera pero bien valió la pena. Este sábado, el eximio músico, productor y compositor Gustavo Santaolalla llegó finalmente a Rosario para brindar, en el teatro El Círculo, un inolvidable repaso por su extensa carrera artística.

En el marco de la gira internacional titulada “Desandando el Camino”, el también ganador de dos Oscars por los soundtracks de Secretos en la Montaña y Babel, ofreció un heterogéneo show a partir de canciones que formaron parte de sus discos solistas, de temas de películas, de sus recordadas bandas Arco Iris y Bajofondo, y hasta del videogame The Las Of Us en un recital que se extendió por más de dos horas.

Santaolalla no estuvo solo. Vale la aclaración. Lo escoltó una banda de lujo que lo acompaña y que está integrada por Javier Casalla (violín, guitarra eléctrica y aerófonos andinos), Andrés Beeuwsaert (pianos, teclados, hammond), Barbarita Palacios (percusiones y coros), Nicolás Rainone (contrabajo, bajo y violoncello), y Pablo González (batería y bombos). Todos sesionistas de primer nivel.

Fueron unos veinticinco los temas que formaron parte del menú que ofrecieron en Rosario. Más mágico que la imaginación, cada unidad armónica, cada nota y acorde de la banda parecía brindar una suerte de llave para entrar en universos aún no explorados, haciendo del sonido algo más real que el de un sueño en construcción. Los propios músicos parecían gozar de ser poseídos por su propia creación.

El grupo salió a buscar los sonidos de las partituras de una forma atípica a lo que marcan los manuales de la mayoría de los conciertos actuales en donde los debates se tensan entre prescindir de ciertos colores “secundarios” presentes en los discos originales o recrearlos a través de pistas. Ese debate no tuvo lugar y, por el contrario, una batería de recursos instrumentales se puso a disposición de la idea.

Quizá por tal motivo no sería exagerado decir que el escenario del máximo coliseo de Rosario quedó chico para alojar el más de medio centenar de instrumentos que Santaolalla puso a ejecutar a su ensamble para buscar generar los colores más nítidos y profundos que la música analógica permite recrear en vivo.

Sin dejar por fuera ninguna de sus etapas, Gustavo Santaolalla alternó los registros vocales para adecuarse a los diferentes aspectos de su carrera de más de cuatro décadas pasando por versiones acústicas y eléctricas apoyado en un quinteto que bien podría considerarse una orquesta en virtud del carácter camarístico que supo adoptar.

El grupo dejó todo en la cancha. La intimidad del teatro promovió el diálogo sobre el escenario acercando a los protagonistas con una platea que agradecida de la dedicación y minuciosidad casi obsesiva de los detalles sonoros que aportó Santaolalla y por su entrega artística que lo llevó a brindar un concierto de más de dos horas de duración dividido en dos partes.

El recital se inició con una seguidilla de éxitos como “Abre tu mente”, “Quién es la chica”, “Canción de cuna” y “Río de las penas”. La segunda parte fue más extensa, ecléctica y sentimental nutrida por clásicos como “Cardón”, “Todo vale”, “Pena en mi corazón” (dedicada a Mercedes Sosa), “Mañana campestre” y “Paraíso Sideral” (que recordó haber interpretado con Arco Iris hace 40 años en El Círculo).

“Voy a cantar un tema que hice con un grande como es León Gieco” dijo Santaolalla antes de interpretar “De Ushuaia a la Quiaca” para la primera gran ovación de la noche que se renovó cuando realizó “Vecinos” dedicándole la canción al escritor y poeta rosarino Fabricio Simeoni.

Cuando ya parte de la platea se enfilaba hacia la salida, Santaolalla sorprendió volviendo al escenario para mostrar solo y a capela la copla “No se que tienen mis penas”. Imparable y con la voz intacta, el telón volvió a subir. Llegó “Sudamérica” para despedir definitivamente la noche a toda orquesta con “Pa Bailar” donde la gente se levantó de sus butacas para terminar bailando a puro tango electrónico.

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