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Cuando se nos fue Luca Prodan

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fragaMañana se cumplirán 26 años del día en el que se apagó la vida de un singular personaje: Luca George Prodan. Como Jim Morrison o Kurt Cobain, su temprana muerte a los 34 años parió una de las leyendas más grandes del rock criollo. Vagabundo, heroinómano, alcohólico y genial, creó Sumo y revolucionó la escena porteña de los 80.

“Un italiano que hablaba en inglés y estaba de vuelta de todo. Un niño rico que creció en un colegio de príncipes de Escocia y un día se escapó para ser un vagabundo, un reventado, una estrella de rock. Un drogadicto que cruzó el Atlántico intentando curarse, pero que nunca pudo olvidar del todo la caricia amarga de la heroína. Un Mesías que llegó desde algún lado, se instaló en las sierras de Córdoba, se rodeó de discípulos con los que armó una banda y desde allí cambió para siempre la historia del rock nacional y la vida de todos los que lo conocieron”. Así sintetizó su vida el periodista Juan Morris en una nota publicada en la revista Gente.

De origen italiano, Luca llegó a la Argentina en los 80, y fue el gestor y líder del legendario grupo Sumo, emblema de la efervescencia juvenil posdictadura y una de las bandas más influyentes del rock argentino. Al morir –sufrió un paro cardíaco debido a una hemorragia interna causada por una cirrosis hepática– tenía 34 años y junto con Germán Daffunchio, Diego Arnedo, Alejandro Sokol, Roberto Petinatto, Ricardo Mollo y Alberto Troglio había hecho cantar a toda una generación temas como “Debedé”, “El ojo blindado”, “La rubia tarada”, “Los viejos vinagres”, “Lo quiero ya”, “Mejor no hablar” o “Una mañana en el Abasto”.

Ilustración: Facundo Vitiello.

En esta, nuestra última contratapa de efemérides de 2013, Luca se define a sí mismo a través de algunas de sus frases:

-“El colegio donde me mandaron es un gran rollo mío, allí me enseñaron mucho, pero al mismo tiempo aprendí que la sociedad quiere que seas una marioneta: cuanto más famoso y mejor es el colegio, más marioneta vas a salir o, si no, más loco. Yo salí loco”.

-“Para la ley italiana yo soy un enfermo mental. Cuando me quisieron meter en la colimba dije: «No». Por eso estuve preso dos veces en la cárcel militar hasta que me agarró un médico y me dio el artículo 28b que quiere decir que sos un enfermo mental. El 28a era puto y el 28c, drogadicto. A mí me pusieron el b y me avisaron que a partir de ese momento no iba a poder votar más ni laburar en un empleo público. Me cagué de risa… ¡¡Qué éxito!!”.

-“Yo hice la primera comunión, todo el catequismo, pero después tuve que ir a la confesión y entonces, yo no tenía nada para confesar, no sé… y tuve que pensar… o sea, me habían dicho cómo eran los pecados… pecados veniales, de esos, pensamientos impuros… pero yo tenía 11 años, qué sé yo… No tenía pecados… y dije: «Una vez, que robé dos soldaditos a un amigo mío». Esa fue mi primera confesión… Y el cura que me mira serio y me pregunta: «¿Y qué más?» y yo: «No sé padre». Y esa fue mi primera y última confesión, porque no fui más. Mis padres me mandaban a la iglesia y ellos no iban. Y entonces pensé, ¿cuál es? ¡Váyanse a la mierda! Yo tengo que ir ahí todos los domingos en vez de estar cazando lagartijas con mi honda”.

-“Viví siete años en Londres y tuve que dejar todo y venirme porque la heroína me estaba matando. La heroína es la mamá eterna, es como el útero que te protege. Con ella no se jode, por algo es la segunda droga en importancia, la primera es el poder”.

-“Yo soy un guerrero. En cada tribu hubo un hechicero, un sabio, un puto, las mujeres que cuidaban a los niños y hacían la comida, también los guerreros y los cazadores. A veces los guerreros y los cazadores hacían las dos cosas a la vez. Y yo, yo me considero eso, como un guerrero y un cazador”.

-“La música me sale fácil. Es una manera fácil de ganarme la vida. Si quiero en dos horas hago 10 temas, pero de qué sirvieron. ¿Sabés por qué no lo hago? Por que soy un vago. A mí me sale fácil. No le tengo miedo al escenario y con la música hacés guita, trabajás poco, tenés tiempo para hacer otras cosas, viajás”.

-“Todos tenemos influencias del Fuckin’ Jim Morrison. Al mango. Era un genio. Era un excelente cantante: tenía sus raíces bien puestas en el blues. Era un chico de clase media que salió adelante. Pero un fuckin’ poeta. Yo a mi hermana le regalé «Waiting For The Sun» para su cumpleaños. Y no se lo bancó. Ahí se dio cuenta de todo, del futuro. El futuro, ¿qué era? ¿Que Morrison se iba a morir en París en una fuckin’ bañadera?, ¿que ella se iba a suicidar en un auto junto al marido en el sur de Italia?”.

-“Cuando llegué era un desconocido, casi no hablaba español, pelado. El primer show en Estudiantes; me llevaron a recorrer todo, me trataban como si fuera… no sé, un mago. Y yo era un pobre hijo de puta que había venido acá para dejar de tomar heroína. Les vomité el piso; no por ellos, lo que pasó es que me sentía mal. Me acuerdo que se me rompieron los pantalones. ¿Qué fuckin’ rock star argentino hace un show con los pantalones rotos que se le ve el culo? No lo hacía para demostrar nada; se me rompieron, loco. «El Anillo del Capitán Beto» significa eso, ¿entendés? El rock es el rock, man. Eso del «disco es cultura», ¿todavía lo ponen?”.

-“Aquí (en la Argentina) hay demasiada seriedad. Todos quieren ser «profesionales» y se olvidan que el rock es una locura y que los que hacen rock son locos”.

-“Casi la totalidad de los músicos de rock argentino son unos pajeros. No los invitaría a comer a casa. Bah, a Pipo Cipolatti sí, porque es divertido”.

-“Ahora sí, vivo de hacer música. Y me pone feliz, pero a la vez te mata. Yo antes escuchaba: «… hicieron una gira de 40 fechas y quedó agotado el cantante…», no sé quién. Y yo pensaba «bah, fuck you…». Una vez hicimos seis fechas seguidas y casi me muero. Es un trabajo. Vivo del rock y me voy a morir así. Tengo el rock adentro. Como ustedes”.

-“El rock no va a cambiar nada. A mi me cambió, pero soy uno de los pocos. Por ahí te cambia la manera de pensar un año, pero después volvés al banco. Yo no, yo probé los ácidos, Yes, Genesis, The Beatles y también películas como El Graduado o Busco mi destino. Yo, por ejemplo, no cobré mi guita en Sadaic y tengo como 60.000 australes… y hoy tengo 130 australes porque ayer toqué. Ayer; antes de tocar; tenía tres australes… esa era toda mi guita en el mundo. Yo no quiero guita. Yo quiero a mis amigos y a la gente”.

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