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Cigarrillos: un rumor de suba inyectó incertidumbre a quioscos

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    Conseguir un paquete de cigarrillos se torno complejo en Rosario y el precio dependía de la cara del cliente. Juan José García

La desesperación había comenzado ya en el mediodía del último día del año. Una fecha sensible, de balances, de pérdidas, de ausencias, entre muchas otras cosas que atacan el último día del año. Así que había que estar preparado para pasar un Año Nuevo tranquilo. Pero cuando el tercer quiosco de la zona centro informó que no “tenía” cigarrillos y que “el lunes” iban a aumentar, la situación comenzó avanzar en protagonismo en las redes sociales: vecinos de casi todas las zonas de la ciudad daban cuenta de lo mismo y cada vez con más enojo a medida que se acercaba la hora de la última cena de 2016. Con esa misma situación comenzó el primer día de 2017, cuando muchos fumadores no pudieron acceder al combatido vicio, o lo hicieron acatando una suba inexistente. Testimonios en redes sociales decían que habían llegado a pagar hasta 65 pesos por un paquete. Y no pocos incluso no llegaron a comprarlos, sino que lo hicieron a través de amistades, tras pedidos por Facebook, Twitter o Whatsapp.

Los argumentos de los quiosqueros eran claros: “No hay”. Pero una minoría, acaso evitando enemistarse con clientes, admitía qué era lo que ocurría. No se transitaba una situación de escasez sino de incertidumbre: a todos les había llegado la versión de que aumentaban en cuestión de horas, y que el salto no era poco, sino que rondaría el 40 por ciento.

Si los quioscos locales ya habían protagonizando meses antes una situación inédita con tres precios diferentes –por marcha y contramarcha del gobierno nacional sobre un aumento y la insólita elaboración de una lista propia de precios “para no perder rentabilidad” por parte de Quiosqueros Rosarinos Unidos– el rumor motivó una cuarta lista, ya individual y para los pocos que resolvieron vender cigarrillos.

Los presuntos precios que van a venir tenían variaciones según quién lo anunciara. Pero algunos hablaban de un atado de Marlboro a 70 pesos. Y otros, frente a la gran demanda decidieron vender a 65 o 70 pesos.

Después de varias horas de recorrer quioscos cualquier marca o precio se volvía razonable para un fumador. “Mi mujer me dice que hay que dejar de fumar, porque si aumentan a 70 gastaría 2.100 pesos por mes. Pero yo le digo que también entonces hay que dejar de usar la luz, el agua, el teléfono. Esto es una locura”. Así lo explicaba, de los dos lados del mostrador, un quiosquero, tratando de sumar dinero con las gaseosas de dos litros y medio que salían en promedio un 50 por ciento más que en un súper. La compra de último momento le aseguraba al comerciante una razón contante por haber abierto sus puertas un 31 hasta tarde.

Todos opinaban. Sacándole humo al último fragmento de colilla, una mujer refunfuñaba: “Ya estoy podrida a que me digan cómo vivir. Me tengo que cagar de calor y ni siquiera fumar en mi casa, porque no te venden”.

“Ahora –despotricó un hombre– seguro que salen con el verso de la salud, todos son ecológicos. Lo mismo que lo del aire acondicionado que te quieren hacer creer que si lo usás sos terrorista”. Como otros, se había ofuscado tras recorrer cuatro quioscos y seguir con las manos vacías. La cosa es que el fin de año obligó a los dueños de atados de cigarrillos a compartir con sus pares que no tenían, pero el primer día del año los cigarrillos se convirtieron en un objeto más que preciado para quienes contrajeron el “hábito”.

¿Empresas disipan el humo?

Lo cierto es que las tabacaleras habían asegurado que no tenían previsto un aumento, y menos el último día del año o el primero de 2017. Empero, ver para creer, hoy se sabrá como termina la historia de la falta de cigarrillos y su por ahora no legítimo incremento.

Desde Massalin Particulares insistieron a la agencia Noticias Argentinas que más allá de lo que se haya detectado en el circuito de comercialización no había suba a la vista. “No está previsto incremento alguno en el precio de nuestros productos”, subrayaron.

El último aumento se autorizó en noviembre y fue del 5 por ciento, con lo que el paquete de Marlboro pasó a costar $ 46 en su versión “KS” y $ 47 en su versión box. Pero según el quiosco y la posición dominante que tenga en un sector, el fumador llega a pagarlos uno, dos y tres pesos más que ese precio. La marca Chesterfield cuesta $ 33 en su versión KS y $ 35 en su versión box; Benson & Hedges, Parliament y Virginia Slims tienen precio ¿sugerido? de $52 en su versión box de 20; y Philip Morris $ 43 en su versión KS y $ 44 en su versión box.

Sin controles oficiales, sigue sin saldarse la discusión sobre si el precio es libre o no. Tras la hiperinflación de 1989 los comerciantes del sector lograron que el precio saliera de las estampillas donde estuvo por décadas, a fines de los 70. Pero de igual modo a nivel oficial insisten en que el precio de los cigarrillos está sujeto a tributos, y por tanto no es libre. Para los quiosqueros, no sólo no está regulado sino que insisten en que pueden cobrar el precio que se les ocurra. Así quiosqueros y mayoristas aplicaron un incremento de hasta 40 por ciento en algunas marcas de cigarrillos y en ciertos casos desabastecieron el mercado a la espera de resoluciones en materia impositiva.

La brecha no es puro humo

En el primer día del año la brecha del humo tuvo múltiples formas. Hubo casos en que los comerciantes y mayoristas decidieron no reponer la mercadería o no ponerla a la venta; otros la vendieron a precio rumor y muchos de ellos no vendieron más de un paquete por persona. Frente a este posible aumento, Lidia Castelar, tesorera de la Unión de Kioskeros de la República Argentina (Ukra), admitió que, si bien el rumor de un posible aumento existe, “aún no hay nada confirmado”.

“Hemos hablado con los comerciantes de Buenos Aires y la venta es normal, no hay desabastecimiento ni listados con posibles aumentos”. Sin embargo en Rosario, no era fácil conseguir un atado de cigarrillos y era casi imposible obtenerlo sin pagarlo con aumento. Los incrementos en los cigarrillos durante 2016 fueron importantes. El pasado 3 de mayo se disparó en un 60 por ciento, aunque después vino una rebaja de parte de las tabacaleras tras la caída en las ventas 10 días después, lo que causó polémica entre los quiosqueros locales, quienes vieron disminuida la ganancia obtenida por este producto en un 3 por ciento. Fue ante esa situación que Quiosqueros Rosarinos Unidos tuvo una lista alternativa de precios en base a “respetar” el 7 por ciento de rentabilidad original. Con un comunicado explicativo exhibido en cada local, esta lista convivió con las restantes dos oficiales (la del 3 y 4 de mayo con aumento y la segunda con precios rebajados), y ya fue suscripta por cerca de 300 comercios con el objetivo de unificar precios en torno al producto. Sin embargo en noviembre los cigarrillos volvieron a aumentar y los precios variaban de quiosco en quiosco. Y en las estaciones de servicio comenzaron a aparecer carteles en los que se recargaban 3 pesos por atado. Lo cierto es que en 2016 el precio de los cigarrillos subió un 62 por ciento en total. Desde mayo, el gobierno subió los impuestos internos a los cigarrillos: pasaron del 60% al 75% del precio total. Esa disposición estaba vigente hasta este 31 de diciembre. Si la Secretaría Legal y Técnica no la renueva, la carga impositiva debería volver a los niveles de abril y los precios de los puchos, en vez de subir, deberían bajar. O a lo sumo, si el esquema tributario no se toca, quedar igual.

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