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Arte urbano: proponen buscar un tesoro entre murales

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    El artista Jorge Molina invita a encontrar las 13 obras distribuidas en paredes de la ciudad.

En 2017 Jorge Molina pintó 13 murales en la ciudad. En todos aparece Lilou, la pequeña protagonista de una historia corta en un libro que ilustró en 2016. Cuenta que en una ciudad donde las chimeneas son serpientes, un rinoceronte cae del cielo y espanta a todos. Los únicos que lo ayudan son los chicos. Y Lilou. Desde el este viernes hasta fin de mes Molina invita a una búsqueda del tesoro para conocer cómo Lilou fue recibida en las paredes de Rosario. Una pista: la mayoría están afuera de escuelas. Para Molina el arte no tiene que estar encerrado en un museo, una galería de arte o una universidad. “Ahí mueven plata”, aclara a El Ciudadano. El arte de Molina disparó obras de teatro, rompecabezas y cuentos en las comunidades educativas. Sirvió a los alumnos y los profesores. Los directores disfrutarán de no tener que pintar las paredes cada vez que Newell’s y Central juegan un clásico o hay elecciones. Los murales se hacen respetar en Rosario. Hasta el municipio lo reconoció ofreciendo a comerciantes del Área Histórica que más de 50 artistas pintaran sus persianas.

A recorrer

Este viernes, en la Alianza Francesa de Rosario (San Luis al 800), Molina presenta la búsqueda del tesoro de Lilou. Los que encuentren los 13 murales y “el tesoro escondido” pueden enviar la respuesta por correo electrónico o al Facebook del artista para ganar un mural en alguna pared del barrio y libros de Lilou. Hay tiempo hasta el 29 de septiembre.

 

Desde enero Molina pintó 13 obras. La mayoría en escuelas, dando material a los alumnos y profesores para trabajar en clase. En una escuela inventaron sus propias historias con el personaje y Molina compartió una merienda donde conoció las nuevas aventuras de la pequeña. En otra, el dibujo del mural se transformó en un rompecabezas. Surgieron obras de teatro y dibujos de nuevas ciudades imaginadas.

“Ni Lilou ni el arte tiene que quedar en un libro. Los vecinos agradecen los colores. Sobre todo, en este momento complicado”, cuenta Molina. Como otros muralistas o artistas callejeros reconoce que desde hace una década están ganando el respeto de los grafiteros, los hinchas de fútbol y los militantes políticos. “No podés hacer un damero azul y amarillo o rojo y negro. Pueden escarcharlo. Si lo evitás ves cómo reconocen el esfuerzo porque a ellos también les cuesta. Dura más”, dice.

Estado del arte

Hay una elección política de Molina en poner a Lilou en las paredes y no en las redes sociales, centros culturales o galerías. “Abrirlo a la calle es naturalizarlo. Hay que romper con el lugar común de que sólo hay algunos que entienden de arte. Es una excusa para poder controlar la cultura y hacer plata”, opina el artista. También decide hacerlo en la calle y romper con la ficción del genio creativo lunático. “Es un trabajo. Estamos en la calle. Nos manchamos. Estamos sucios y pasamos horas así”, cuenta.

Aun siendo egresado de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Molina no gusta del ámbito universitario cerrado. Menos de las galerías de arte o los museos. Formó un grupo de muralistas en el barrio Barracas en Buenos Aires llamado Bumbao, bautizado por el sonido que hace alguien al decir bombucha en francés. Para pintar murales en el barrio, de tradición fabril, primero cargaban bombuchas con latex y las tiraban contra las paredes. Era la base sobre la que iba el mural. Molina también participó del grupo Filete Colectivo.

Pasó ocho años recorriendo escuelas del país con comunidades educativas con problemas de violencia y consumo haciendo murales. La idea del ex ministro de Educación Daniel Filmus se llamó “Murales que hablan”.

Desde el mes pasado Molina dicta clases de muralismo urbano en Plataforma Lavarden para 15 estudiantes. “Me gustaría formar un grupo de muralistas que sea autónomo en Rosario”, desea.

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