Policiales

Almacén de Barra al 3300: muerte, droga y misterio

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    El allanamiento fue en Barra al 3300, en cuyo frente se observan impactos de bala y siete videocámaras.

El hallazgo de restos óseos en junio pasado, un hombre desaparecido y la denuncia de su hija, quien apuntó contra la ex pareja de su padre, descubrió una oscura trama que involucra venta de drogas, rastros de sangre y un templo umbanda. A cuatro meses de comenzada la búsqueda de Sergio Ramos, los pesquisas hicieron un allanamiento en el comercio y la vivienda de su ex pareja, en Barra al 3300. Allí, los investigadores de la Delegación Rosario de la Policía Federal hallaron más de medio kilo de cocaína, 68 mil pesos y 100 dólares, una veintena de celulares, handies, siete videocámaras. Del operativo de anteanoche participó un perro entrenado para el hallazgo de restos humanos. Byron, el perro, descubrió rastros de sangre que serán analizados. Por el caso, detuvieron a la almacenera de 43 años y a otras cuatros personas que estaban en el lugar.

Anteayer, alrededor de las 17, personal de la Federal local irrumpió en un almacén y vivienda de Barra 3350, en la zona sudoeste. Este procedimiento surgió de una investigación que lleva al menos cuatro meses luego de que el 3 de junio pasado se descubriera parte de un esqueleto tapado con malezas dentro de un zanjón de Belgrano al 100, límite entre el barrio de Cabín 9. Ese día, los fiscales Luis Schiappa Pietra y Guillermo Apanowicz estuvieron en el lugar. Si bien en un primer momento, las fuentes relacionadas con la investigación dijeron que había posibilidad de que los restos pertenezcan a Valentín Reales, el chico de 15 años desparecido desde noviembre pasado en la misma zona, la versión fue desestimada. Luego de un examen preliminar los forenses determinaron que los restos óseos eran compatibles con una persona de entre 35 y 40 años que había sido atacada con un arma calibre 45 milímetros, según estipularon los peritos de acuerdo con los impactos en los huesos del cráneo y la pelvis. La presunción era que la víctima había sido asesinada en otro lugar y luego trasladada al zanjón.

El paradero de Sergio

A la investigación se sumó la denuncia por averiguación de paradero que radicó la familia de Sergio Andrés Ramos. El hombre era ex pareja de la propietaria del almacén de Barra al 3300 y la hija había acusado a la mujer por la desaparición de su padre, describieron las fuentes.

Fue en ese marco que los uniformados llevaron adelante el allanamiento anteanoche. También participó el personal de la Policía Científica de la Federal, y tuvo la colaboración de los bomberos voluntarios de la localidad de Villa Constitución, quienes aportaron a su perro Byron, especializado en la búsqueda de restos humanos.

“En la parte de adelante funciona un precario almacén que no condice con las siete cámaras de filmación que tiene en la entrada. En el interior se retiraron muestras de tierra y también muestras de sangre halladas”, describió un vocero de la pesquisa para agregar que tras recorrer la edificación se encontraron con una construcción donde funcionaba un templo umbanda.

También secuestraron una bolsa y más de 200 envoltorios con cocaína que llegaron a un peso de medio kilo, 20 teléfonos celulares, chips, cuatro handies, 68.000 pesos en efectivo, cien dólares, cartuchos de balas 9 milímetros, una cuchilla, una espada tipo katana y un auto Chevrolet Astra.

Tras el hallazgo de la droga, los uniformados de la fuerza federal demoraron a Adriana T., de 43 años, identificada como la dueña del lugar y ex pareja de Ramos. Con esta mujer estaban Noelia M., de 26; Juan C., de 49; Germán F., de 32, y José T., de 38, quienes fueron notificados de la causa iniciada en su contra por infracción a la ley 23.737 de drogas.

Los tiros en el frente

El 30 de agosto del año pasado, Adriana T., la propietaria del almacén, denunció que a las 21.30 estaba en su local cuando pasaron dos desconocidos en moto y abrieron fuego contra las personas que estaban en la vereda, a la espera de ser atendidas. Según contó la almacenera en dicha oportunidad, los clientes respondieron la agresión y se generó un enfrentamiento que dejó como recuerdo los balazos en el frente de su negocio. Esos mismos agujeros pueden verse en el frente del local.

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