El Hincha

Algo no anda bien abajo

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    Sequía en menores. En los dos últimos años, Rosario no ganó ningún certamen.

En las últimas dos temporadas, los seleccionados masculinos rosarinos de categorías menores no ganaron ninguno de los torneos provinciales que se disputaron, e incluso desde 2013 a esta parte fueron apenas cuatro los títulos obtenidos. Para la Asociación con más equipos y jugadores de todo el mapa provincial, esto debe ser un llamado de atención que sirva como disparador de un análisis profundo. Todo tiene sus razones y causas y, lógicamente, desde allí se podrá mejorar.

Como primera medida no se puede pecar de “ombliguismo” y pensar que Rosario debe ser campeón en todos y cada uno de los torneos sólo porque su base es más amplia en cantidad. Los rivales también juegan, trabajan, entrenan, se preparar, y cuentan con jugadores de jerarquía y proyección. Es decir, no es un pecado perder, porque asociaciones como Noroeste, Cañada, Oeste y Rafaela dejaron hace rato de ser partenaires para convertirse en protagonistas.

Las Ligas Formativas le permitieron a jugadores y clubes de toda la provincia medirse semana a semana, conocerse y elevar el nivel. Y tienen a favor algo que no es menor: mucho tiempo en cancha para entrenar, uno de los secretos de los pibes del Noroeste, por ejemplo.

Tampoco se podrá radicar la culpa en un cuerpo técnico puntual, ya sea por errores en los partidos o en la elección de los jugadores. Sería lo más sencillo y también lo más injusto.

La realidad es que cada vez que Rosario tuvo un trabajo estable en los seleccionados menores logró años de éxitos rotundos, incluso quedándose con los cuatro torneos. Un cuerpo técnico fijo, que pueda observar valores y entrenarlos semana a semana, mirar su evolución, pero también conocer a los rivales. La experiencia, el conocimiento, es un valor agregado y a Rosario le dio resultado. El último ejemplo fue el exitoso ciclo de Gabriel Tomassetti.

Con las excusa poco válida del gasto fijo, más la un poco más compresible de darle participación a más entrenadores, se fueron eligiendo a dedo bajo distintos argumentos (todos válidos, se aclara) a entrenadores, pero nunca más se mantuvo un trabajo a largo plazo. Nadie se hace mago en un mes.

Un gran primer paso sería reinstaurar el cuerpo técnico permanente para los seleccionados y sumar entrenadores asistentes para lograr participación de muchos técnicos de la ciudad. Y se puede costear con campus, que en otro momento le fueron redituables a la Rosarina.

Pero claro, hay otro inconveniente quizás mayor, que tiene que ver con el aspecto macro deportivo y es saber cómo se trabaja en todos los clubes, hacia dónde apunta la Rosarina en la formación y al plan de trabajo a desarrollar. En el último tiempo la dirigencia parece llamativamente más metida en lo político que en lo deportivo y no hay una línea a seguir. Entonces, algún equipo local trasciende las fronteras y se aplaude, algún jugador salta a la Liga y es motivo de alegría, pero nada más, poco más.

El club por club, el tiempo de cancha, los formatos de juego, la preparación de los entrenadores. Todo eso es vital y parece dejarse de lado, no importar.

Es más, el esperador título de mayores dejó de ser una enorme satisfacción para pasar a ser un problema, porque evitó mantener vigente la discusión importante sobre las carencias del básquet formativo local. Que están, aunque no se quieran ver.

Y así como no hay un culpable directo ni un solo responsable, son varios los estamentos que deben colaborar para que se subsanen los inconvenientes y que la cantidad redunde en calidad. No es responsabilidad de un par de jugadores mal elegidos, tampoco de un técnico que equivocó un cambio o de un de mal arbitraje. El tema es de fondo y quizás haya comenzado cuando las selecciones ganaban todavía los torneos, porque los procesos son al menos de seis años. Un resultado no cambia nada, pero varios son para analizar, y cinco años ya son para alarmarse.

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