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El Nobel de Literatura para un británico de origen japonés

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    Ishiguro quiso ser letrista y músico de rock pero fracasó. El reconocimiento vendría luego con la literatura y ahora con el Nobel.

La literatura inglesa tuvo durante los años 90 del siglo anterior su época dorada; nombres como los de Julian Barnes, William Boyd, Martin Amis, Ian McEwan, Graham Swift y Kasuo Ishiguro, para mentar algunos de los más traducidos, reflejaron sueños y pesadillas de un mundo en crisis personales, sociales, económicas, con el neoliberalismo ya danzando sobre las multitudes hambrientas y miserables que iba dejando a su paso. Estos escritores –a los que podría agregarse Salman Rushdie, Hanif Kureishi y Janet Winterston– conformaron el mainstream de la ficción británica, un grupo de narradores posmodernos que releyeron con ironía la tradición y practicaron el multiculturalismo, y que de algún modo devolvieron la gloria a la narrativa británica. Sus obras ganaron premios como el Booker Prize y otros importantes, y vendieron mucho justamente por sus narrativas de calidad.

El elegido

Ahora uno de ellos, Kasuo Ishiguro, un inglés de ascendencia japonesa, consiguió el mayor lauro para un escritor –o al menos para buena parte de ellos–, el premio Nobel de Literatura 2017 por méritos que el comité de elección de la Academia Sueca definió como los de un autor de “novelas de gran fuerza emocional”, y que constituyen un corpus literario donde se pone en relieve “el abismo más allá del ilusorio sentimiento de conexión con el mundo”. El fallo de alguna manera regresó al campo de lo puramente literario, luego de la polémica generada el año pasado por la premiación al músico Bob Dylan. También se dijo de Ishiguro, quien publicó siete novelas y un libro de relatos: “Está muy interesado en entender el pasado pero no es un escritor proustiano, no trata de redimir el pasado, explora lo que hay que olvidar para sobrevivir como individuo o como sociedad”, sería más bien un “cruce entre Jane Austen y Franz Kafka”.

El autor dijo sentirse “asombrosamente halagado” por haber recibido el reconocimiento. “Se trata de un magnífico honor, principalmente porque significa que sigo los pasos de los grandes autores que han existido, y eso es una mención espectacular”, comentó. Y agregó que se sentiría “profundamente conmovido” si pudiera “de alguna manera, contribuir a crear una atmósfera positiva en tiempos de gran incertidumbre”.

Músico de rock frustrado

Nacido en Nagasaki, en 1954, Ishiguro se trasladó con su familia  a Inglaterra cuando tenía apenas cinco años, luego de que a su padre, que era oceanógrafo, fuera contratado por el gobierno británico. Comenzó su carrera literaria a los 24 años, escribiendo relatos cortos y guiones de tevé. Hasta entonces su ambición había sido convertirse en letrista y músico de rock, pero quedó a mitad de camino. Debutó en la literatura en 1982 con la novela Pálida luz en las colinas, que al igual que Un artista del mundo flotante se enmarca en su ciudad natal pocos años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. La novela fue bien recibida, pero el reconocimiento masivo vendría con Los restos del día, de 1989, que fue llevada al cine con Anthony Hopkins y Emma Thompson como protagonistas. Con esta historia, Ishiguro cambió su habitual ambientación de personajes y situaciones orientales y se trasladó a Inglaterra, algo buscado por el escritor, que creía que empezaban a encasillarlo como “un corresponsal japonés que vivía en Londres”. La trama de Lo que resta del día se ambienta en la Inglaterra de 1956 y gira alrededor del viaje que emprende por primera vez en su vida el que ha sido mayordomo de un lord. Ahora la propiedad del noble está en manos de un norteamericano y éste le ofrece su coche al protagonista para que disfrute de unas vacaciones. Así se desplegará ante el lector una novela de luces y claroscuros, de máscaras que apenas se deslizan para desvelar una realidad más amarga que los amables paisajes que el mayordomo deja atrás. Luego vendría Los inconsolables, en1995, y cinco años más tarde, Cuando fuimos huérfanos donde dio forma a la deriva del detective Christopher Banks por la laberíntica Shanghái de entreguerras con una vaga intriga policial. En 2005 publicó Nunca me abandones. Esta novela de ciencia ficción distópica llegó al cine de la mano de Mark Romanek, con las actuaciones de Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield. En su último trabajo, El gigante enterrado (2015), narra el viaje de dos ancianos en busca de su hijo, y explora cómo la memoria se relaciona con el olvido, la historia con el presente y la fantasía con la realidad. Ya fueron adquiridos los derechos de la novela por Scott Rudin, productor norteamericano de Sin lugar para los débiles.

A tiempo completo

“Mi vocación es escribir novelas, es un trabajo a tiempo completo, mientras que en el caso de los guiones de cine soy una especie de amateur entusiasta”, dijo Ishiguro en una entrevista concedida tiempo atrás, a la vez que agregó “en el cine, la historia la cuentan principalmente las imágenes y la música”, pero “en la novela, las palabras es todo lo que tienes”, dijo el autor incluido en la lista de los 50 mejores escritores británicos desde 1945 elaborada por el periódico The Times.

Ishiguro indaga en su prosa por la naturaleza de las acciones y por la autenticidad de la naturaleza humana. En su novela Nunca me abandones, considerada por cierta crítica como la mejor de su obra, se afana en saber dónde está la humanidad del hombre. Tal vez por este aspecto, también Ishiguro firmó el guion de La música más triste del mundo, la película del canadiense Guy Maddin, que protagonizó Isabella Rossellini y que aborda esa temática. Nadie sabe muy bien en qué cambiará la vida de Ishiguro cuando el millón y pico de dólares del Nobel se haga efectivo en su cuenta. Lo cierto, es que más allá de los juicios de valor sobre su obra, su narrativa abre un universo muy amplio de ideas y posibilidades a partir de personajes de algún modo acosados por intereses ajenos a lo que buscan en sus vidas. Algo muy patente hoy en un mundo convulsionado y donde Inglaterra puso a relucir su Brexit como una llave para clausurar la inmigración. El mundo donde está inmerso Ishiguro.

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