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“El reformismo de Cristina Kirchner fue muy débil”

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    El analista británico Alan Woods es dirigente de la Corriente Marxista Internacional y asesoró a Chávez en su gestión de gobierno.

“Para mí la Revolución Rusa no es una cosa del pasado sino que es al revés, porque tiene importantes lecciones para el presente y para el futuro de la clase obrera en la Argentina y a nivel mundial. Es muy importante estudiar la historia de esa gran revolución porque evidentemente fue el primer caso en el que la clase obrera logró derrotar al viejo régimen opresor y por lo menos empezar a tratar de construir el socialismo”, explicó Alan Woods, el historiador y analista político marxista y dirigente galés de la Corriente Marxista Internacional, quien también fuera asesor de Hugo Chávez durante sus gestiones de gobierno.

En su paso por la ciudad de Rosario brindó dos conferencias, la primera en el espacio de La Toma y la segunda en el marco del Congreso internacional de historia, llamado A cien años de la Revolución Rusa, que se desarrolló en la Facultad de Humanidades y Arte de la Universidad Nacional de Rosario, la semana anterior. Allí Woods presentó su libro Bolchevismo, el camino a la revolución. Según el dirigente británico, “la Revolución de Octubre no es un fósil de museo”, sino que se la debe comprender como “un proceso molecular de una revolución” que permite conocer realidades complejas como las del presente. Entrevistado por El Ciudadano, Woods desafió a aquellos que sostienen que es imposible realizar una revolución y brindó sus apreciaciones de la situación política actual.

—¿Por qué el bolchevismo es el camino a la revolución?

—La historia del bolchevismo, del Partido Bolchevique, está llena de lecciones muy importantes, de teorías sobre la naturaleza de la revolución, de la táctica a seguir y hasta de los métodos organizativos. También por lo que contiene de la teoría marxista en general. En definitiva es una mina de oro para cualquier persona que quiere aprender cómo se hace una revolución.

—¿Es difícil una revolución en el presente, cuando la derecha domina varios planos de la política y cuando hay un reflujo de la clase trabajadora?

—En Argentina, el reformismo  de Cristina Kirchner fue muy débil, desanimó a los trabajadores que depositaron su confianza en ella. Y eso es un problema en general. Los reformistas preparan el giro a la derecha y también en Argentina. Pero eso no va a durar porque Mauricio Macri tampoco tiene ninguna solución para ofrecer a los trabajadores argentinos.

—¿Cree que se terminó esa alternativa a los discursos unívocos de la derecha y del socialismo en Europa y Estados Unidos?, ¿qué se está girando a la derecha, como por ejemplo con la asunción de Trump?

—Para empezar, el proceso de derechización no es universal. Por ejemplo en Inglaterra tenemos un giro a la izquierda. En Francia ahora es Melenchon quien dirige a la oposición frente al gobierno de Macron. En España tenemos el ascenso de Podemos. En Grecia estuvo la emergencia de Syriza. Ese es el tema. En la medida en que el reformismo decepciona las esperanzas de la gente, prepara temporalmente otro giro hacia la derecha y eso es casi una ley.

—¿La Revolución Rusa y la experiencia soviética no decepcionaron también?

—Estamos hablando de dos cosas diferentes. La Revolución Rusa en sí fue un faro para la clase obrera y los pueblos oprimidos del mundo entero. Esa gran experiencia sigue siendo una fuente de inspiración hoy. Lo que hubo es la degeneración que está a la vista en la Unión Soviética. Es el producto del aislamiento de la revolución por condiciones de terrible atraso. Eso es lo que explica, tras la muerte de Lenin, el ascenso de Stalin y todos los horrores del estalinismo, que nada tiene que ver con el régimen democrático de Lenin. Dicho eso, incluso bajo Stalin y a pesar de todos los horrores de su régimen, la nacionalización y la pacificación de las fuerzas productivas establecidas por la Revolución de Octubre, también dieron resultados impresionantes y por mucho tiempo.

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