El Ciudadano Global

India en el siglo de Asia

  • image1
    Narendram Modi, el carismático primer ministro indio, y sus estrechas vínculos con Donald Trump.

Una multiplicidad de voces catalogaron al siglo XXI como el siglo de Asia. Esta connotación se debe fundamentalmente a que el sistema internacional actual está caracterizado por el desplazamiento del centro de gravedad global de la zona euroatlántica a Asia-Pacífico.

Un proceso que tiene como consecuencia el aumento del peso mundial de estados asiáticos importantes como China e India.

En 1947, y luego de convertirse en un país independiente, el mundo se preguntaba si India podría sobrevivir al choque de fuerzas en su contexto interno como regional. Setenta años después, la pregunta que subyace es si efectivamente se convertirá en una gran potencia.

Los cambios sistémicos y las repercusiones domésticas que produjo el fin de la Guerra Fría, supusieron para Nueva Delhi un cambio de rumbo económico en la década de los 90 que se mantuvo hasta la actualidad. Aquellas reformas resultaron en una gran acumulación de capital, un rápido crecimiento económico y con ello, un mayor sentido de confianza que alimentó el deseo de jugar un papel más activo en el escenario internacional.

Desde su independencia, India fue una fiel promotora de la solidaridad sur-sur. Este espíritu fue reeditado por la administración de Manmohan Singh en el poder durante el período 2004-2014, quien logró cosechar mayor prestigio internacional para su país gracias al intenso activismo político desempeñado a nivel bilateral como multilateral, con un particular énfasis en la defensa de los intereses del sur.

No obstante, las elecciones en 2014 otorgaron el triunfo al partido nacionalista hindú, el Partido Popular Indio, destronando casi sesenta años ininterrumpidos de gobierno del tradicional Partido del Congreso, cuyos padres fundadores fueron personalidades sin parangón, tales como Mahatma Gandhi.

El actual Primer Ministro indio Narendram Modi, dueño de un particular carisma y un atractivo estilo mediático, viene moldeando una política exterior pragmática pero que a diferencia de la administración anterior, intentó darle mayor ímpetu a los vínculos con algunos países del Norte.

Cabe aclarar que Modi, si bien continua el camino iniciado por su predecesor participando activamente de iniciativas multilaterales que parecen desafiar el estatus quo financiero global- como el Foro Brics o el Banco Asiático de Inversiones e Infraestructura (AIIB) de iniciativa china-; durante el año 2017 amplió su espectro de actuación, siendo particularmente llamativos los gestos políticos hacia Estados Unidos, Japón, Alemania e Israel.

En cuanto a las relaciones con Estados Unidos, mientras formó parte de la oposición, Modi se opuso fervientemente a la firma del acuerdo nuclear entre los dos países en 2008.

Al asumir el poder, no sólo que ratificó dicho acuerdo sino que participó de tres cumbres bilaterales sucesivas con su par estadounidense Barak Obama.

Ante la llegada al gobierno de Donald Trump, todo parecía vislumbrar algunos cortocircuitos.

No obstante, las dudas sobre la relación bilateral fueros despejadas con la visita de Modi a Washington en junio de 2017 y la ratificación de Trump de que “India tiene un verdadero amigo en la Casa Blanca” y el reconocimiento como un “socio mayor de defensa”, destacando la cooperación en dicha área entre ambos países.

Respecto al acercamiento con Japón, cabe resaltar que en la última visita del Primer Ministro japonés Shinzo Abe a Nueva Delhi durante el mes de septiembre, el premier japonés recalcó que “los lazos entre las dos naciones darán forma a la región Asia-Pacífico”.

Estas declaraciones parecen ratificar el lanzamiento del Corredor de Crecimiento Asia-África por ambos países en noviembre de 2016, una iniciativa para desplegar las inversiones japonesas e indias en la región Indo-Pacífica y, a su vez, una clara alternativa a la estrategia china “One Belt, One Road”.

A pesar que uno de los objetivos de Modi apenas asumió el poder fue convertir a India en un líder global y dejar de jugar el rol de estado balanceador en Asia, lo transitado hasta el momento parece indicar lo contrario.

Estas nuevas lealtades necesariamente implican cierto desafío al poderío chino en Asia. Habrá que observar si efectivamente dichos desafíos darán forma a una nueva dinámica asiática en el futuro próximo.

(*) Profesora de la Cátedra de Relaciones Internacionales. Becaria doctoral de Conicet. Coordinadora del Grupo sobre India y el Sudeste Asiático (Geirsa).

EDICIÓN IMPRESA

Subir

Diseño y desarrollo Departamento Sistemas Diario EL Ciudadano & La Gente