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La hora de la ciberpolítica

En su libro “La reinvención de la política”, el periodista mexicano Diego Beas plantea cómo las tecnologías de la información generaron cambios decisivos en la práctica política –en especial a partir de la campaña presidencial del actual mandatario norteamericano Barack Obama– y debilitaron la incidencia de la televisión en la construcción de la agenda social. “Las tecnologías de la información han generado la posibilidad de una interacción más directa entre ciudadanía y política que está cambiando la forma de comunicación y está creando un nuevo espacio público en donde el intercambio transcurre bajo nuevas reglas. Esto, a su vez, ha dado lugar a nuevas formas de organización política”, destacó el autor.

En “La reinvención de la política”, editado por el sello Planeta, el autor recorre los orígenes de esta transformación –que tuvo como hito culminante la campaña de Obama– poniendo el foco en lo que ocurrió desde fines de la década del 90 a partir de la irrupción de distintas iniciativas que alertaron a los políticos sobre las posibilidades de las nuevas tecnologías.

En ese marco, Beas plantea un escenario signado por el crecimiento de las redes sociales, a la par del desdibujamiento de la televisión como espacio vital para el entramado y diseño de campañas políticas. “Con la masificación de internet y la complejización de las herramientas disponibles –sostiene– ha surgido un nuevo paradigma que redefine las relaciones entre ciudadanía y gobierno”.

“Hasta ahora, la mayoría de los discursos políticos estaban basados en los formatos y los tiempos de la televisión, y en el tipo de comunicación –vertical y unidireccional– que impone ese medio. Lo que estamos viendo ahora es cómo emerge una nueva cultura política que está rompiendo ese modelo y que entre otras cosas ya no le impone al candidato pasar por las grandes cadenas televisivas para llegar a un público amplio”.

“En Estados Unidos, por ejemplo, un candidato debió renunciar a un cargo regional porque alguien subió al sitio Youtube un video donde se lo veía en una situación irregular. Esto antes sólo lo podía hacer la televisión, que era la única que disponía de capacidad técnica para difundir algo así”, explicó Beas.

“A partir de la expansión de las nuevas tecnologías, lo que se está rompiendo también es la forma en que un político arma su discurso, su campaña de comunicación, su forma de interactuar con los votantes”, agregó.

Experto en política norteamericana, Beas ha realizado estudios de maestría en Seguridad Internacional en el Departamento de Estudios de Guerra del Kings College de la Universidad de Londres y se ha dedicado a investigar el impacto de los nuevos medios y de las tecnologías de la información en el ejercicio del poder público.

El autor es también columnista del diario Reforma y colaborador habitual del matutino español El País. Además, trabaja con Personal Democracy Forum, una organización con sede en Nueva York dedicada a explorar el uso de las tecnologías de la información en los procesos de gobierno.

En su libro, Beas sostiene que el vínculo entre la política y las nuevas tecnologías transcurrió de manera precaria hasta la campaña presidencial de Obama en 2008. Allí, afirma el autor, hubo un desplazamiento del debate político desde los medios tradicionales (televisión y prensa escrita) hacia internet y otros soportes innovadores.

“Obama inauguró un nuevo modelo de comunicación entre la política y la sociedad que se vale de las redes sociales y complejas herramientas informáticas para asignar recursos, realizar el mejor marketing electoral, recaudar fondos de manera transparente y estar en comunicación cotidiana con los ciudadanos”, analizó el periodista.

“El gran acierto del equipo que armaba la estrategia de campaña del actual presidente norteamericano fue entender el potencial de las nuevas tecnologías. La campaña fue pensada como una plataforma abierta, que hizo partícipes a los seguidores de su propio esfuerzo. Nunca antes se había dado que un candidato creyera en eso, y menos aún que se pensara en la utilización de las nuevas herramientas tecnológicas”, agregó.

Entre los nuevos desafíos que afronta la política –un campo hasta ahora más renuente a aceptar las innovaciones que, por el contrario, han sabido incorporar con naturalidad el arte o la ciencia– se cuentan los obstáculos para incorporar los códigos que imponen los nuevos formatos y la dificultad de “cautivar” a los llamados “nativos digitales”, esa franja de edad inferior a los 25 años que suele mostrarse poco receptiva a la política.

“Por un lado, los políticos saben hoy que deben llegar a sus potenciales votantes a través de nuevos soportes, dado que la generación de chicos que hoy tiene menos de 25 años cada vez le presta menos atención a la televisión”, aseguró.

“Igualmente, es importante aclarar que la tecnología en sí misma no es la que aporta el cambio cultural. Son las propias tradiciones y la cultura democrática las que le dan vigor a la acción política. La tecnología en sí misma no va a hacer una cultura democrática más vigorosa”, concluyó Beas.

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