Domingo 26 de Octubre de 2014

“El problema en Egipto no es Mubarak, es el hambre”

Sherbi Rommel, quien desde hace 30 años vive en Rosario, analiza la agitada situación de su país.
Publicado el 4 febrero 2011

“En estos momentos estoy en la manifestación”, dice el médico Sherbi Rommel mientras aprieta las cuentas de un rosario islámico y murmura epítetos que hacen referencia a atributos divinos. Sherbi es cirujano del hospital Centenario y llegó desde Egipto hace 30 años. Anteayer recibió a El Ciudadano para hacer un análisis de las multitudinarias manifestaciones en las calles de El Cairo exigiendo la renuncia de su presidente Hosni Mubarak, y que tiene como saldo un centenar de muertos en enfrentamientos. “La gente sale a las calles porque hay hambre”, asegura Rommel y destaca el rol fundamental de las nuevas tecnologías como internet o la telefonía celular porque “a los pueblos no se los puede manipular eternamente”. El médico asegura que en su país se aplicaron las mismas recetas económicas que “aquí en los 90, cuando se privatizó todo, y lo que hay son fábricas cerradas y desocupación”.

—¿Cuál es el origen del conflicto en su país?

—Egipto tiene 80 millones de personas que viven en un espacio muy reducido. Se considera que Egipto es el centro político, económico y religioso del mundo árabe, todo lo que hacen los egipcios lo terminan haciendo los otros países del mundo árabe. Egipto tiene una gran masa de mano de obra en el mundo árabe, de intelectuales, de  religiosos, militares y científicos. Incluso, El Baradei, ganador del premio Nobel de la Paz y ex jefe del organismo supervisor nuclear de Naciones Unidas, es uno de los que ha llegado a Egipto para sumarse a las manifestaciones y ofrecerse de mediador. Si en Egipto hay conflicto, éste se replica en todo el mundo árabe y después al mundo islámico. Hay cambios en la economía, cambios en la moneda, cambios en el petróleo. A nivel internacional sucede que si el Canal de Suez, que une el Mar Rojo con el Mediterráneo, por alguna razón se bloquea, los barcos tienen que ir por el Canal de Panamá. Eso significa seis meses de trabajo, significa que no se abastece a toda Europa y Asia; entonces la política internacional está preocupada por el Canal de Suez, no por Egipto y su pueblo.

—¿Cómo muestran el conflicto los medios occidentales?

—Se lo muestra como un conflicto entre las personas, el pueblo y su presidente. Es un conflicto internacional que viene manejado después de la muerte de Nasser. A éste lo sucedió Anwar el Sadat, y modificó toda la estructura social, económica y científica del país. Luego asumió su vice, Mubarak, quien tiene 30 años de presidente, más seis como vice. En ese tiempo, las políticas internacionales de Egipto giraron hacia los Estados Unidos y termina siendo su aliado, y de Israel también –incluso ahora Israel le ofrece ayuda militar y asilo a Mubarak–, eso hizo romper con la liga de los países árabes.

—¿Por qué los egipcios salieron ahora a la calle?

—Los egipcios tienen más de tres millones de jóvenes. Esos jóvenes han terminado los estudios universitarios o secundarios y no tienen para comer, no tienen trabajo, no pueden casarse, no pueden tener relaciones sexuales porque allá está prohibido, las chicas tienen que casarse vírgenes… Entonces hacen que vivan en sus casas, los padres los mantienen, pero ellos no tienen trabajo ni dinero. Cualquiera que saliera a manifestarse le afectaba directamente a su escaso ingreso, hasta que los jóvenes, que no tenían nada que perder, salieron y detrás de ellos el resto de la sociedad. Ayudó el uso de las nuevas tecnologías como internet, celulares… eso hizo que los jóvenes, con otra óptica, dieran el paso adelante.

—¿Hay semejanzas con lo que ocurrió en nuestro país en 2001 con el “que se vayan todos”?

—El conflicto real es el hambre. Nadie sale a hacer una revolución para cambiar el auto. En Egipto, por ejemplo, para comprar el pan, tenga plata o no tenga plata, hay que ir a una panadería que es del Estado, las colas son larguísimas y se vende lo que hay. El kilo de carne cuesta 100 libras, el sueldo medio es de 400, entonces la carne no se ve. Entonces, hay un conflicto que afectó a todos. En Egipto sólo el 2 por ciento tiene dinero, el resto no tiene nada. Es un conflicto por comida, por el hambre, es un conflicto por vivir y no se va a solucionar tan simple. Por televisión, la gente gritaba “queremos comer” y después mostraban la foto de Mubark y gritaban “queremos comerte”. Las recetas económicas son como las de aquí en los 90: se privatizó todo, fábricas cerradas, gente sin trabajo, desocupación, como ocurrió aquí. Y yo llegué a Rosario hace 30 años por la comida. No es agradable que la gente se levante por el hambre, es lo más triste de la condición humana.

—¿Cuál es la salida al conflicto?

—Nadie lo sabe, pero sí este conflicto va a modificar la zona. Puede terminar en una guerra civil, pero los cambios que se produzcan no van a ser por mucho tiempo. También hay problemas en la zona: Yemen, Jordania, Siria, donde hay movimientos subterráneos porque si Egipto estornuda Medio Oriente se refría. El resto del mundo tiene miedo de que este conflicto se traslade a toda la zona y quede fuera de control. Hay hambre y la gente quiere sacar a Mubarak porque es el causante del hambre. La discusión que se plantea allá también es si sirve o no la democracia. Porque es algo que allí no encaja… Si las potencias internacionales meten las manos en Egipto, va haber problemas más grandes. Las potencias creían que podían manejar la zona por un tiempo, pero no para siempre, porque en algún momento estalla. Los monarcas del mundo árabe también están en la cuerda floja porque les puede pasar a ellos y ahí está el petróleo, ahí está el dinero, está todo mezclado y todo tiene que ver con todo.

— ¿Tiene familiares allí?

—Sí, y cada tres días tengo contactos. Tengo 21 sobrinos que están en las calles. Todo el mundo árabe somos religiosos, cristianos, islámicos, entonces cuando preguntan si son de derecha, de izquierda o fundamentalistas, yo digo que todos los que damos fundamentos somos fundamentalistas, no terroristas. Es muy difícil saber qué va a pasar, pero no es bueno lo que viene. El tema no es Mubark, sino el hambre.

—En las manifestaciones se vieron pancartas con la figura del Che Guevara, un rosarino…

—E hincha de Central como mis tres hijos… El Che tuvo largas charlas en Egipto con el entonces presidente Nasser, e incluso éste le aconsejaba que se fuera de África porque allí son todos negros y él era blanco… (se ríe). 

—¿Qué significado tiene su rosario?

—Es un rosario islámico. El original tiene 99 cuentas y el mío tiene 33. Significa que Dios tiene noventa y nueve nombres, cien menos uno. Quien los cuente entrará en el Paraíso…

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